Efecto BP en la política de EE.UU.

Quema controlada de petróleo del derrame en el Golfo de México.
Image caption Obama ha vinculado el derrame con la necesidad de desarrollar fuentes de energías limpias.

Una de las propuestas del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que más resistencia ha encontrado en el Congreso es la relativa al cambio climático y la energía. Los acuerdos ya eran difíciles pero el derrame petrolero en el Golfo de México ha empantanado más las discusiones.

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Tan empantanado que este jueves los senadores demócratas no lograron ponerse de acuerdo sobre cómo mover las propuestas de ley sobre el tema que ellos mismos presentaron al Senado y de la que debería salir un texto que eventualmente se funda con el aprobado por la Cámara de Representantes el año pasado.

El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, salió del encuentro asegurando a la prensa que sus colegas estaban inmersos "en un trabajo en desarrollo", lo que algunos interpretan como la imposibilidad de lograr un consenso.

Este martes, el presidente Obama usó su primer discurso a la nación desde la Oficina Oval para vincular la situación del Golfo de México con la necesidad de aprobar la ley para cambiar patrones de producción y consumo de energía.

Usando el derrame

Aunque el discurso presidencial fue criticado por la oposición republicana como un intento de usar la crisis para promover una agenda política, parece que los estrategas de la Casa Blanca quieren aprovechar el efecto del derrame de BP en el ánimo de los ciudadanos.

Los sucesos en el Golfo de México reforzaron la posición de quienes respaldan las llamadas "energías limpias" (solar, eléctrica y nuclear) y el uso más eficiente de los tradicionales hidrocarburos, con el objetivo de reducir la dependencia estadounidense del petróleo, sobre todo del importado.

Aunque una encuesta del Centro Pew presentada esta semana refleja que un 68% opina que se debe seguir explorando hidrocarburos en el mar, al mismo tiempo el 56% de la población favorece el establecimiento de controles a la emisión de gases contaminantes.

"La necesidad de acción nunca ha sido más fuerte", afirmó Eileen Claussen, presidenta del Centro Pew sobre Cambio Climático Global, quien advierte que el retraso en adoptar una ley sobre energía hará que las medidas que se tomen en el futuro serán "más severas" y "costosas".

"Con una fuerte política sobre energía y clima, EE.UU. estará en la capacidad de capitalizar su ventaja competitiva y dirigir la economía limpia del siglo XXI", explica Clauseen, haciéndose eco de uno de los argumentos favoritos de Obama, quien asegura que países como China y algunos europeos están liderando el desarrollo de energías limpias.

El problema chino

La competencia con China es también un argumento de quienes se oponen a la propuesta presidencial, ya que consideran que esconde aumentos de impuestos que hará menos competitivo al país frente a rivales extranjeros.

Para el representante de Texas, Joe Barton, la ley no sólo pondrá costos excesivos en las empresas estadounidenses, sino que las debilitará frente a la competencia de China y otros países en desarrollo.

"Adoptar esta legislación incuestionablemente causará la pérdida de trabajos en el sector manufacturero, industrial y otros sectores de uso intensivo de energía de EE.UU.", aseguró Barton, el republicano de mayor rango en el Comité de Energía de la Cámara de Representantes.

Además, Barton asegura disponer de estudios que demostrarían que los puestos de trabajo que el gobierno dice que se crearán con la promoción de energías limpias serán menos que los que se perderán en las industrias tradicionales o en la agricultura.

"Mientras que se impone un nuevo y masivo impuesto de energía en los consumidores y los negocios estadounidenses, en la práctica la ley no será efectiva para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero".

En campaña

Image caption Algunos políticos opinan que EE.UU. debe actuar en conjunto con los países más contaminantes.

Los adversarios de la reforma no parecen dispuestos a ceder en su posición, aún a riesgo de parecer benevolentes con grandes corporaciones energéticas que, como BP a raíz del accidente en el Golfo de México, son percibidas como "avaras" e "insensibles".

Barton presentó el jueves una polémica disculpa al jefe de BP, Tony Hayward, por lo que llamó la "extorsión" a la que la Casa Blanca sometió a la petrolera para crear un fondo de compensación.

Ante la presión de sus propios colegas republicanos, Barton se retractó poco despuéss de sus palabras, pero sus declaraciones están siendo usadas por los demócratas como "demostración" de que la oposición da la espalda a los intereses ciudadanos.

En EE.UU., el debate sobre el cambio climático parecen haberlo perdido los que cuestionaban la validez científica de la teoría del calentamiento global, sin embargo han conseguido nuevos argumentos para oponerse a reformas legales para atacar el problema.

Además del efecto pernicioso en la industria y el empleo, los detractores aseguran que es poco lo que EE.UU. puede hacer si otros grandes contaminantes, como China o India, no están dispuestos a actuar en conjunto.

En cuanto al debate político, no es claro que el Senado logre aprobar su versión de la ley antes de las elecciones de noviembre. Pasada esa fecha, es posible que los demócratas no cuenten con la mayoría suficiente para aprobar los cambios.

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