¿Realmente son los británicos tan fríos y reservados como se dice?

La imagen estereotípica de los ingleses Derechos de autor de la imagen Thinkstock
Image caption ¿Reservados? ¿Reprimidos? ¿O astutos en el manejo de sus emociones?

Si hay una característica nacional que define los británicos, es probablemente la inexpresividad.

Llorar en público es mal visto en todo menos en las circunstancias más excepcionales. El británico valiente prefiere mantener la calma y seguir adelante.

Al menos esa es la teoría. Pero, ¿son exactos esos estereotipos emocionales?

Y dejando la nacionalidad a un lado, si prefieres controlar tus emociones, ¿eso te hace valiente ... o emocionalmente atrofiado?

A pesar del estereotipo nacional, la actitud de inexpresividad en realidad estuvo limitada a un breve período de la historia británica -desde 1870 a 1945-, dice Thomas Dixon, director del Centro para la Historia de las Emociones en la Universidad Queen Mary de Londres, y autor del libro Weeping Britannia ("Bretaña llorosa").

"Era una actitud apropiada para un público educado en la escuela y un poder imperial que iba por todo el mundo conquistando otros países", dice.

Antes los británicos estaban mucho más en contacto con sus sentimientos.

Incluso los rígidos e inexpresivos victorianos fueron, en realidad, emotivos y sentimentales.

Intentar suprimir una emoción (...) puede tener el efecto contrario (...) Es probable que vuelva con más fuerza en el futuro"

Susanne Schweizer, investigadora

La propia reina Victoria, al oír los gritos y aplausos de la multitud por su ascenso al trono en 1837, estalló públicamente en lágrimas.

El valor cultural de las emociones

Aunque los científicos no han estudiado específicamente a los británicos, parecen existir diferencias culturales en las emociones entre Oriente y Occidente.

Por ejemplo, los japoneses sienten más culpa, vergüenza y sentimiento de estar en deuda -así como más cercanía a otras personas- en comparación con los estadounidenses y europeos, que reportan experimentar más ira, irritación y orgullo.

Algo de esto podría depender del valor que diferentes culturas otorgan a ciertas emociones.

"La forma en que las personas de su entorno respondan -incluso la forma en que usted piensa que reaccionarán- va a determinar el curso que toma su emoción, tanto en términos de sus sentimientos y la forma en que los expresa", apunta Batja Mesquita, un investigador de las emociones de la Universidad de Lovaina, en Bélgica.

También puede haber diferencias culturales en cómo las personas están dispuestas a mostrar sus emociones.

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Image caption 72% de los británicos cree que controlar las emociones es malo para la salud.

Una encuesta de más de 2.500 británicos, realizada en 2007 por el Centro de Investigación de Asuntos Sociales en Oxford, mostró que menos del 20% afirmó haber "expresado todo" en las últimas 24 horas, a pesar de que el 72% de ellos cree que controlar las emociones es malo para la salud. Y el 19% reveló que no podía recordar la última vez que dio rienda suelta a sus emociones.

Estrategias emocionales

Controlar la expresión de tus emociones es algo que los psicólogos llaman "represión", y es una de las cinco estrategias clásicas que usa la gente para regularlas.

Una estrategia consiste en evitar situaciones que podrían dar lugar a determinada emoción.

Una alternativa es modificar una situación con el fin de aumentar las probabilidades de experimentar emociones positivas en lugar de negativas.

Centrar su atención en otra parte, en lugar de dejarse llevar por sus emociones, es otra táctica. Luego, una vez que la situación ha pasado, se puede tratar de ver las cosas desde una perspectiva diferente. O puede tratar de suprimir la emoción.

En general, ser capaz de regular tus emociones de este modo es positivo, está asociado con un mejor rendimiento académico y salud mental y una vida útil más larga.

La peor opción

Pero a pesar de que la supresión emocional en ocasiones puede ser útil –morderte el labio si tu jefe hace un comentario irritante durante tu evaluación, por ejemplo- la mayoría de los psicólogos lo considera como la peor de las estrategias.

"Intentar suprimir una emoción, al igual que al intentar suprimir un pensamiento, puede tener el efecto contrario", considera Susanne Schweizer, investigadora de las emociones de la Universidad de Cambridge. "Es probable que vuelva con más fuerza en el futuro".

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Image caption Hay una diferencia marcada en el manejo de las emociones en culturas de Oriente y de Occidente.

Hay creciente evidencia de que la supresión de las emociones tiene un costo.

En un estudio, James Gross, profesor de sicología de la universidad de Stanford, pidió los voluntarios ver una película espantosa y, o bien ocultar sus respuestas emocionales a la misma o actuar de forma natural. A un grupo diferente de voluntarios se les mostró películas divertidas y se les pidió que hicieran lo mismo.

"Lo que encontramos fue que la supresión de sus emociones no hizo que la gente se sintiera mejor; y cuando se reprimieron las emociones positivas los hizo sentir menos positivos", señala Gross.

También requiere esfuerzo físico; la presión arterial de los voluntarios subió cuando estaban tratando de ocultar sus sentimientos.

Estudios posteriores han revelado que la supresión emocional afecta la memoria, mientras que a la gente que está interactuando contigo le resulta pesado.

Costos variables

Pero hay cierta evidencia de Asia Oriental -donde la supresión emocional es bastante normal, e incluso vista como un rasgo positivo -de que los costos emocionales de la represión son más bajos que en un país como Estados Unidos, donde Gross ha realizado la mayor parte de su investigación.

"Los costos negativos pueden ser menores en un contexto social en el que realmente la norma es suprimir" las emociones, dice.

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Image caption Reprimir emociones es una estrategia clásica. Pero debes tener otras herramientas.

Y la supresión emocional de vez en cuando puede ser positiva. Tomemos el llamado "Espíritu Blitz": muestra el estoicismo y la determinación para seguir adelante en las situaciones difíciles, como las secuelas de los ataques del 7/7 en Londres.

Las emociones pueden ser contagiosas; expresar pánico y angustia en un contexto de este tipo podría ser desastroso. Si vemos que otros sólo aprietan los dientes y siguen adelante, nos puede alentar. El apoyo social es un conocido amortiguador frente a la enfermedad mental.

"Un sentido de comunidad y de apoyo en términos de empujar juntos como nación podría tener un efecto protector a una escala mayor", dice Schweizer.

Utilizada de manera adecuada, la inexpresividad puede ser una herramienta poderosa.

Pero debes tener otras también.

Lee la historia original en inglés en BBC Future

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