Reforma migratoria "se pagaría a sí misma"

Trabajadores indocumentados en Los Ángeles
Image caption Se estima que 12 millones de personas residen ilegalmente en EE.UU.

Francisco es un "esquinero", uno de esos inmigrantes indocumentados que se ganan la vida ofreciéndose por el día para tareas de construcción o reparaciones hogareñas frente a las tiendas de materiales de Estados Unidos.

En el cruce de Sunset Boulevard y St. Andrews, en Los Ángeles, junto al estacionamiento de uno de estos gigantescos almacenes donde lo encontramos, llegan a juntarse más de 200 trabajadores como él para disputarse "las 20 ó 30 chambas que salen en un buen día".

"Yo hago de todo", dijo a la hora de describir su especialidad este nativo de Caborca, en el estado mexicano de Sonora, ignorante de que en el otro extremo del país un grupo de académicos sostiene que él y sus compañeros de suerte podrían ser parte de la solución para salir de la crisis económica.

Un informe presentado en Washington por el Centro de Políticas Migratorias (IPC, por sus siglas en inglés) asegura que regularizar la situación de las estimadas 12 millones de personas que residen ilegalmente en el país tiene "ahora más sentido que nunca" en el actual contexto recesivo.

"La legalización de los inmigrantes indocumentados mejoraría los salarios y las condiciones laborales para todos los trabajadores e incrementaría sustancialmente la recaudación de impuestos para las anémicas arcas del gobierno federal, los estados y las ciudades".

"Sin una reforma integral del sistema migratorio nuestra nación no podrá experimentar una completa recuperación económica", asegura el análisis, elaborado a partir de la compilación de estudios académicos y datos gubernamentales.

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Se paga con creces

El trabajo del IPC, un centro de estudio sin filiación partidaria basado en la capital estadounidense, afirma que la información disponible sugiere que, además, una eventual reforma "se pagaría a sí misma" a través del incremento en la base tributaria que generaría.

La Oficina de Presupuesto del Congreso y el Comité Conjunto Impositivo estimaron que el proyecto presentado en 2007 -rechazado por la Cámara de Representantes- hubiese generado US$48.000 millones adicionales en impuestos en los siguientes diez años.

Estos ingresos adicionales superarían con creces los US$23.000 millones que podrían requerir los nuevos inmigrantes en beneficios del Estado y volverían innecesarios buena parte de los US$43.000 millones en "gastos discrecionales" destinados a la aplicación de las leyes migratorias en la próxima década.

Pero para Dan Sicillano, director ejecutivo del programa de Leyes, Economía y Negocios de la Universidad de Stanford, la legalización de los indocumentados eliminaría para millones de personas otro elemento crucial en cualquier ecuación económica: la incertidumbre.

"Si uno no sabe si conservará su trabajo no invertirá en mejorar sus habilidades para ese trabajo, ni en arreglar su casa o lanzarse a un nuevo negocio". "Este problema es exageradamente peor cuando uno es un indocumentado, enfrentando la posibilidad de ser deportado en cualquier momento", explicó Sicillano.

La lógica de su conclusión es que un trabajador en regla también gastará más, un elemento central para una economía como la estadounidense, motorizada por el consumo interno.

Igual para todos

Un pequeño empresario del sector de la construcción en Phoenix, Arizona, se quejaba en una reciente entrevista por la competencia desleal de quienes emplean a trabajadores indocumentados.

"Continuamente estoy en la disyuntiva entre arriesgarme a quedar fuera del negocio o tener que violar la ley", le dijo a BBC Mundo.

Según Angela Kelley, directora del IPC, una reforma migratoria integral equipararía nuevamente las reglas de juego cerrando esta "puerta trasera" a los empleadores inescrupulosos.

Sacar a todos estos inmigrantes de las sombras también podría servir a los intereses de los trabajadores estadounidenses.

Muchos indocumentados soportan abusos en las condiciones laborales y salarios por debajo de los mínimos establecidos por temor a que cualquier reclamo perjudique sus posibilidades de permanecer en el país.

"La legalización elimina los incentivos para bajar los sueldos artificialmente y por primera vez permitirá a los trabajadores locales competir en condiciones de igualdad", dijo Esther López, dirigente de la Unión Internacional de Trabajadores del Comercio y la Alimentación, en la presentación del estudio.

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Realismo

Pero en medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión y con cientos de miles de trabajadores estadounidenses perdiendo sus empleos cada mes, la incorporación de millones de extranjeros al mercado laboral es una idea muy difícil de vender.

Image caption Cientos de miles de trabajadores estadounidenses están perdiendo sus empleos cada mes.

Cualquier propuesta de legalización es rápidamente tildada de "amnistía" y descalificada por las organizaciones que impulsan una política migratoria más restrictiva.

"Lo último que necesitamos ahora es que otros varios millones de estadounidenses se unan a las filas de desempleados porque los nuevos legalizados se quedaron con sus trabajos por 30 centavos de dólar", se quejó Al Garza, director nacional ejecutivo de los grupos de defensa civiles Minuteman.

El propio vicepresidente, Joe Biden, reconocía la complejidad de avanzar con la reforma en este contexto económico en su discurso ante varios mandatarios centroamericanos durante una gira por la región.

"Es difícil decirle a los habitantes de un distrito que mientras el desempleo está subiendo y ellos están perdiendo sus trabajos y sus casas, que nosotros de hecho legalizaremos (a los inmigrantes indocumentados) y detendremos las deportaciones", aseguró en Costa Rica.

Para David Dyssegaard Kallic, miembro del Instituto de Políticas Fiscales de Estados Unidos, el problema es que mucha gente cree que hay "soluciones mágicas" para los inmigrantes indocumentados que ya están en el país.

"La gente simplemente no se desvanece en el aire... y pensar en la deportación en masa de 12 millones de personas no es realista".

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Según Kellic, lo que sí es posible y necesario es hacer que no haya gente moviéndose en una economía subterránea.

"Los estadounidenses que busquen soluciones reales deben entender que no hay mejor lugar para empezar que protegiendo a nuestros trabajadores, elevando los salarios y poniendo otra vez la economía en movimiento con una reforma migratoria", concluyó.

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