El atolladero de los interrogatorios

Barack Obama
Image caption La posición del presidente fue blanco de críticas tanto de la derecha como de la izquierda.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, está tratando de desenredar el nudo legal, político y moral creado por el gobierno anterior para justificar técnicas de interrogatorio que él -y muchos otros- consideran que son tortura.

Ha resultado complicado hacer camino al andar.

Al publicar los documentos que contenían la asesoría legal que recibió su predecesor para conseguir la aprobación de las mentadas técnicas, aclarando sin embargo que no planeaba poner en el banquillo ni a quienes tomaron las decisiones ni a quienes las pusieron en práctica, se convirtió en blanco de críticas tanto para la derecha como para la izquierda.

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Algunas de las críticas más duras provienen de sus propios simpatizantes, que creen que el presidente no puede simplemente hacer borrón y cuenta nueva y que su llamado a la reflexión y no a la venganza equivale a encubrimiento.

Son muchos los que piden una investigación a fondo y que se les imputen cargos a quienes sean hallados culpables de haber cometido actos de tortura en nombre de EE.UU.

La senadora Dianne Feinstein, líder de la Comisión de Inteligencia del Senado, le envió una carta a la Casa Blanca el lunes en la que urge al presidente a aplazar el fallo sobre la posibilidad de abrir procesos judiciales hasta que el Senado lleve a cabo su propia investigación.

Uno de sus colegas, el senador Patrick Leahy de Vermont, ha hecho un llamado para que se cree una comisión de la Verdad y la Reconciliación.

Ambos han recibido el apoyo del New York Times.

En uno de sus editoriales, el periódico ha pedido que se someta a Jay Bybee a un juicio político, el juez federal que -como fiscal general asistente bajo el gobierno del presidente George W. Bush- escribió algunos de los memorandos que muchos calificaron de "repulsivos".

Amenaza a la seguridad

Por otra parte, el fin de semana salieron a la luz pública detalles sobre hasta dónde se utilizaron estas técnicas de interrogatorio extremas con algunos de los llamados sospechosos de terrorismo de "gran importancia".

Khalid Sheik Mohammed, el presunto "cerebro" de los atentados del 11 de septiembre de 2001 fue aparentemente sometido a la técnica de ahogamiento simulado 183 veces.

Se dice que otro prisionero, Abu Zubaydah, fue sometido al mismo tormento en 83 ocasiones.

Estas cifras contradicen los testimonios anteriores de ex agentes de la CIA y hacen pensar en la posibilidad de que los interrogadores hayan ido un poco más lejos de lo que indicaban las recomendaciones legales.

Desde la derecha, gran parte de las críticas provienen de ex funcionarios del gobierno de Bush, que temen -a pesar de lo que aseguró Obama en varias oportunidades- verse implicados en algún tipo de proceso legal.

El ex Fiscal General Michael Mukasey y el ex jefe de la CIA Michael Hayden han argumentado que la publicación de estos memorandos representa una amenaza para la seguridad nacional, porque brinda información a posibles insurgentes sobre los límites precisos del proceso de interrogatorio.

La respuesta de Obama: esas técnicas son ilegales, por lo tanto, es un punto discutible.

Pero otros también están haciendo pública su opinión. Incluso mientras el presidente trataba de resolver sus diferencias con la CIA, el ex vicepresidente Dick Cheney se ocupó de mantener viva la controversia.

Cheney instó a la CIA a publicar documentos que muestran el éxito de estas discutidas técnicas de interrogatorio.

El tratamiento de los sospechosos de terrorismo ha sido un capítulo particularmente controvertido en la historia reciente de EE.UU., quizás por eso no sorprende que los intentos de Barack Obama de pasar la página atraigan también su propio grado de controversia.

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