Swat: "Ahí ya no hay vida"

Valle de Swat
Image caption El gobierno incrementó su ofensiva contra los talibanes en el valle de Swat.

Decenas de miles de personas han huido de los combates entre el ejército de Pakistán y los talibanes en el distrito de Swat.

De acuerdo a Naciones Unidas, hay más de 300.000 desplazados y el gobierno paquistaní cree que podrían llegar a un millón.

Éstas son las historias de tres personas que se vieron obligadas a dejarlo todo y comenzar una nueva vida llena de incertidumbres.

FARHAN, 23 AÑOS, ESTUDIANTE, EN ISLAMABAD

Image caption Miles de personas se han refugiado en campamentos financiados con recursos de la ONU.

"Salimos de Mingora hace tres días. La situación se había vuelto muy peligrosa. Estábamos atrapados entre el ejército paquistaní y los talibanes.

No pudimos salir de nuestras casas por una semana debido a los constantes bombardeos. Un proyectil de mortero destruyó una casa a unos pocos metros de la nuestra.

No había agua, ni electricidad, todo estaba destruido.

Además, los talibanes amenazaron con matar a los jóvenes que no se unieran a la mal llamada "jihad". También nuestra familia fue amenazada directamente, ya que mi padre es muy crítico de los talibanes.

Tuvimos que irnos. Dejamos todo lo que teníamos y fuimos a Malakand a pie. No había medios de transporte. Caminamos junto a otras miles de personas.

Fue un viaje difícil. No había alimentos, ni agua. Pero lo más grave es que estábamos atravesando una zona de guerra en la que teníamos miedo de encontrarnos con milicias del Talibán.

Cuando llegamos a Malakand contratamos al chofer de un camión que nos trajo a Islamabad.

Aquí estamos relativamente a salvo, pero no sé por cuánto tiempo.

Lo dejamos todo y ahora estamos aquí con las manos vacías tratando de iniciar una nueva vida.

Estamos tratando de salir del país. Swat está vacío y no queremos regresar jamás".

MAJID, 24 AÑOS, ESTUDIANTE, EN PESHAWAR

Image caption Muchos niños tienen clases en los campamentos de Swabi.

"Huimos de Mingora el viernes pasado, junto a gran parte de la población de la ciudad. Nuestra vida se había vuelto muy difícil. No podíamos salir por los toques de queda, cortaron la electricidad y no había agua ni comida.

El viernes por la mañana hubo un ataque con helicópteros.

Un poco más tarde, ese mismo día el ejército nos dijo que teníamos que salir de Mingora.

Nos levantamos, nos vestimos y salimos apresuradamente. No tuvimos tiempo de empacar nada. Ni siquiera de preparar comida para el viaje. Cerramos la puerta y nos fuimos.

La gente corría, todo el mundo estaba muy asustado. No sabíamos lo que ocurriría después.

Decidimos ir a Peshawar. La primera parte del viaje fue a pie, hasta que llegamos a Malakand. La calle estaba repleta de gente, miles de personas. Mi abuelo es viejo, no puede caminar por tiempos prolongados y por eso necesitaba descansar a cada rato. Además hacía mucho calor.

Contratamos los servicios de un camión y así fuimos a Peshawar. Mucha gente se quedó atrás, ya que no todos podían pagar lo que cobraba el camionero.

Me estoy quedando en un albergue universitario con mis amigos. Mi familia está en la casa de unos parientes. Muchos se quedaron en los campamentos para refugiados, pero deben de estar muy llenos porque veo a mucha gente en la calle, gente para la que no hay ni alojamiento, ni ayuda.

El parque más cercano está lleno de gente de Swat. Hay personas de Swat en toda la ciudad, cada uno con su propia historia.

Todo el mundo está muy preocupado por esta situación. Lo dejamos todo y nuestra vida aquí es incierta.

Estoy pensando en dejar el país para estudiar en el extranjero. Mi papá dice que tratará de poner su propio negocio y abrir una tienda en Peshawar.

Estoy deprimido. Swat ha vuelto a la Edad de Piedra. Todos y cada uno de los habitantes se han ido. Ahí ya no hay vida.

No tengo esperanzas de que las cosas mejoren a corto plazo. Ni cien años serán suficientes para limpiar ese desastre".

GHALIB GUL, MAESTRO, EN UN CAMPAMENTO DE SWABI

Image caption Ghalib espera poder comenzar una escuela nuevamente algún día.

"Soy de la región de Damghar en Buner. No había escuela en nuestra zona y decidí comenzar una. Al principio sólo teníamos 28 niños pero con el tiempo el número aumentó a 90.

Eso fue hace cuatro años. Un día, los talibanes llegaron a mi pueblo. Amenazaron con matarme si no cerraba la escuela. Les dije a los demás en el pueblo que no podría seguir con el proyecto y así fue como terminó.

Me siento muy triste porque los niños eran muy buenos alumnos.

Un día después de que la escuela fue cerrada, el ejército comenzó la operación contra los talibanes. Por tres días no tuve ningún alimento para darle a mi hijo Muaz. Todo ese tiempo él no dejó de preguntar por qué esos aviones nos estaban bombardeando. Yo le decía que estaban matando a los talibanes.

Los talibanes son más culpables que el gobierno por esta situación que vivimos. Es cierto que el gobierno nos obligó a abandonar la zona, pero al mismo tiempo, nos está ayudando. Los talibanes nos hacían pasar penurias y nunca nos ayudaron.

Me gustaría ser capaz de regresar y volver a mi escuela pero no tengo ninguna esperanza de que el operativo del ejército acabe pronto".

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