“Yo fui una guerrillera Tamil”

Bandera de los Tigres Tamiles
Image caption Disoisa afirma haberse unido a los Tigres a pesar de que trataron de disuadirla.

Niromi Disoisa, tenía 17 años cuando la guerrilla tamil comenzó sus actividades. En aquel momento vivía en la ciudad de Jafna, en Sri Lanka. Ella y su mejor amiga dejaron su vida acomodada de clase media para seguir un entrenamiento intensivo en el campo antes de entrar en acción.

Al cabo de un año, enferma y cansada, Niromi abandonó la causa Tamil después de la muerte de su amiga en combate contra las fuerzas de paz indias.

La familia de Niromi, contenta por su vuelta, le ayudó a salir del país por su propia seguridad. Primero, se desplazó a la India, después a Australia, donde ha residido desde entonces.

Niromi había dejado detrás este extraordinario episodio de su vida hasta que la última ofensiva del ejército de Sri Lanka contra los Tigres Tamiles le impulsó a escribir un artículo sobre su experiencia para un diario británico.

Su historia comienza en la ciudad de Jafna, en 1987.

Estábamos en Guerra. Como cualquier chica de 17 años, solo piensas en salir con tus amigos, ir a la escuela, el tipo de cosas normales que haría una chica de 17 años. Pero para mí eso era imposible porque había fuertes bombardeos aéreos continuos. Había ataques frecuentes desde los campamentos militares que rodeaban la ciudad, helicópteros que nos disparaban en el camino a la escuela.

Las escuelas estaban cerradas y pasábamos mucho tiempo en bunkers caseros. Todos los días había noticias de gente que moría. Era una situación bastante dura.

¿Y qué fue lo que te impulsó a dejar de ser una chica de clase media, buena estudiante, para convertirte en alguien dispuesto a unirse a la acción armada?

Fue porque la guerra era tan real a mi alrededor, más que mi futuro, porque yo no estaba segura de que fuera a vivir mucho más. Porque en todo momento había bombardeos aéreos, y eran tan indiscriminados, que estaba absolutamente petrificada.

Y pensé que no podía continuar tan asustada y sentí que tenía la necesidad de hacer algo. Y no había escuela a la que ir.

El futuro parecía tan negro que pensé que mis amigos y mi familia iban a morir.

Independientemente de que fueras de una clase privilegiada o no, en ese momento, en Jafna todos los tamiles estábamos en el mismo barco. Así que pensé: tengo la opción de hacer algo y morir, o no hacer nada y morir. Así que decidí que, quizá, lo mejor era hacer algo y ver qué es lo que el destino tenía reservado para mí.

¿Y cómo fue el proceso para enrolarse?

Image caption Los rebeldes tamiles llegaron a lanzar operativos por tierra, mar y aire por y requerían de un duro entrenamiento.

En realidad, me dirigí a uno de los campos. Era una organización de estudiantes del Frente de Liberación de los Tigres Tamiles. Fui y llevé conmigo a mi amiga a la que le había dicho que iba a unirme a los Tigres, así que fuimos las dos, hablamos con el jefe de la organización estudiantil.

¿Y qué les dijeron? ¿Las intentaron disuadir?

Sí, bastante, tanto el líder de la organización estudiantil como un líder político intentaron disuadirnos, pero yo insistí en que quería hacer algo y que me tenían que dejar entrar. Ellos siguieron diciéndome que aquello no era para mí, que no aguantaría, que me fuera a casa, pensara sobre ello, escribiera una carta a mi familia y volviera entonces, si todavía seguía queriendo volver.

¿Qué dijo tu familia sobre todo esto?

Después de unirme a los Tigres, vinieron a visitarme y, como te puedes imaginar, mi madre estaba completamente desolada. Me rogó, me suplicó e hizo todo lo que estaba en su mano para tratar de convencerme de que volviera a casa. Yo también estaba muy enfadada, bastante contrariada por dos cosas.

Sentía que el hecho de hacer algo se lo debía a mi pueblo y a mi familia. Y pensaba, ‘ojalá mi madre pudiera comprender que esto también lo estoy haciendo por ella'. Por eso, a pesar de lo duro que era para mí no volver a casa, opción que seguramente hubiera sido el camino más fácil, decidí quedarme a luchar con los Tigres.

Creo que usted y su compañera formaron parte de las primeros grupos de mujeres entrenadas por los Tigres para la lucha en el frente en Sri Lanka. ¿Cómo fue el entrenamiento?

Fue muy duro. Nunca después he hecho algo tan duro. Pero fue lo duro que esperábamos que fuera a ser.

¿Qué tipo de cosas tenían que hacer?

Bueno, empezábamos a las seis de la mañana y hacíamos mucho ejercicio físico y después entrenamiento de comandos. Por las tardes, hacíamos prácticas de tiro. A todo el mundo se le daba un SMG o un AK (rifles). Y después de eso recibíamos lecciones de camuflaje, de táctica militar, explosivos...Y otras veces, historia política.

Cuando estuvieron entrenando, creo que fue el momento en que los Tigres introdujeron la práctica del terrorismo suicida. ¿Se planteó en alguna ocasión la posibilidad de convertirse en terrorista suicida?

No personalmente, pero mientras estábamos entrenándonos, el líder de los Tigres Tamiles nos visitaba muy a menudo y un día nos dijo que había tenido lugar el primer atentado suicida.

Nosotros nunca habíamos oído nada sobre eso porque nunca antes había pasado. Y él nos dijo que pretendía darnos la oportunidad de hacerlo, en tanto que mujeres, ya que él creía que las mujeres éramos más resueltas en esa responsabilidad. Así que sí se nos dio la posibilidad de hacerlo.

¿Qué pensaste sobre esa idea?

Bueno, estaba bastante sorprendida... En ese momento, el primer terrorista suicida condujo un camión dentro de un campamento militar, lo explotó y mató varios soldados con él. Así que se trataba de atacar a los militares.

En ese momento no se trataba de atacar lugares públicos o matar políticos o cosas así. En ese momento pensábamos que sólo se iban a utilizar esas acciones en situaciones de combate.

Incluso visto de ese modo, yo estaba completamente horrorizada porque no podía siquiera imaginar algo así. Pero otras chicas se peleaban por ofrecerse como voluntarias.

Les dieron cápsulas de cianuro. ¿Para qué eran?

Servían para suicidarnos en caso de que nos capturaran. Esa era una de las principales premisas de los Tigres, que no te agarraran vivo, y si lo hacían, era una gran desgracia. Así que el día que completamos el entrenamiento, nos repartieron las cápsulas de cianuro.

¿Pensaste en algún momento en utilizarla?

Casi la utilicé en tres ocasiones. Una vez fue el día que murió mi compañera...

Háblame de ese día...

Habíamos estado luchando contra las fuerzas de paz indias...Que habían venido para mantener la paz y acabar la guerra contra nosotros.

La guerra empezó en octubre y al principio fuimos capaces de combatir contra ellos, pero al cabo del tiempo, trajeron más refuerzos desde la India.

El 23 de diciembre, el día que murió mi compañera, estábamos completamente rodeadas.

Por la mañana éramos 22, pero por la tarde sólo quedábamos 10, escondidos entre unos arbustos. Vimos cómo los soldados nos rodeaban y nos pusimos la cápsula en la boca, a la vez que manteníamos el dedo sobre el gatillo. Un par de veces, la cápsula de cianuro estuvo entre mis dientes, pero no nos vieron. Pensé que iba a morir ese día.

¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento que tenías la cápsula entre los dientes?

En ese momento me sentía totalmente en calma. Es extraño cuando lo pienso ahora, pero me encontraba en paz. Creía que estaba haciendo algo por mi pueblo y que iba a morir de todos modos si no me hubiera unido a los tigres. Así que me sentía orgullosa de un modo extraño. Estaba haciendo algo e iba a morir cumpliendo con mi deber.

¿Y cuáles fueron las circunstancias de la muerte de tu amiga?

Image caption Según los rebeldes tamiles, nunca llevaron ataques indiscriminados contra civiles.

Bueno, como decía, estábamos rodeados. Estábamos intentando escapar. Pero comenzaron a dispararnos, atacarnos con artillería, granadas de mano, había un helicóptero sobrevolándonos...Era una carnicería.

Lanzaron bengalas con luces rojas y yo tuve suerte de que un compañero me empujara fuera de la escena y me costó darme cuenta de que todo el mundo estaba muerto.

¿Te llevó mucho tiempo sobreponerte a la muerte de ella, hacerte a la idea de que tu amiga ya no estaba contigo?

Creo que incluso hoy me resulta muy difícil creer que todo aquello sucedió... Porque estaban todos ante mí y en sólo un minuto se habían ido todos y ni siquiera tuve la oportunidad de decirles adiós.

Parece tan irreal que eso pasara...Y creo que ni siquiera ahora me parece real. Puedo hablar de ellos en tercera persona, pero cuando intento meterme yo misma en la situación, me resulta muy difícil de creer.

Y sobre tus propias acciones, ¿eres consciente de que disparando contra los soldados pudiste matar a alguien en el bando opuesto?

A decir verdad no. La verdad es que nunca vi a nadie alcanzado por una bala. Cuando te disparan, tú disparas, y todos disparan en la misma dirección. La verdad es que la realidad se me impuso hasta que me golpeó directamente. En ese momento me di cuenta de las cosas horribles que trae la guerra.

Así que en ese momento tomaste la decisión de dejar los Tigres. En principio no es una cosa fácil de hacer...

Me sentí destrozada por esa decisión, pero me di cuenta de que la guerra sólo iba a traer más destrucción. Me di cuenta de que no íbamos a conseguir nada porque estábamos muy diezmados, padecíamos enfermedades como la malaria y estábamos físicamente muy débiles...Y no podía seguir con una causa con la que no me sentía cómoda.

Pero los Tigres tenían la reputación de no permitir a sus miembros abandonar sus filas. ¿Fuiste a tu comandante y simplemente le dijiste "me voy"?

Sí. En realidad no puedo hablar de lo que pasó después, porque parece que lo que se cuenta habitualmente es que los Tigres no permitían a sus miembros abandonar, pero mi experiencia, especialmente en 1987 y 88 fue bastante diferente.

En realidad les obligué a admitirme y cuando les dije que quería abandonar, me advirtieron que si lo hacía iba a enfrentarme a un gran peligro, y ellos no iban a poder protegerme. A pesar de eso, les dije que me iba, y me dijeron, no te preocupes, iremos a buscar a tu familia y les ayudaremos a que vengan a recogerte.

¿Y fue eso lo que pasó?

Sí, no sé hasta donde llegaron para buscar a mi madre, pero, un día, ella vino a por mí.

Ese debió ser un momento muy emotivo, cuando te reencontraste con tu madre, o mejor dicho, cuando ella se reencontró contigo...

Sí, ella había llorado durante mucho tiempo y al verme me dijo que estaba muy contenta de encontrarme. En realidad, mi familia pensaba que había muerto, porque las noticias contaban historias distorsionadas y a mi madre le dijeron que yo había muerto. Así que el hecho de encontrarme viva en otra parte del país, la hizo muy feliz.

Obviamente, los recuerdos te habrán venido a la cabeza al hilo de las últimas noticias. ¿Qué impacto han tenido en ti todas esas noticias?

Hasta hace poco estaba triste de que nadie estuviera haciendo nada y que la historia se estuviera repitiendo. Tantas muertes. Intentaba aislarme lo máximo posible, pero no se puede.

Ahora que el gobierno ha anunciado su victoria sobre los Tigres, siento como si hubiéramos perdido. Durante mucho tiempo, los Tigres tamiles se han convertido en la identidad de los tamiles de Sri Lanka, aunque no todo el mundo crea que una campaña militar es la mejor manera de enfrentarse al problema.

El pueblo sólo quiere paz, pero los Tigres tamiles era el único grupo que se había levantado por los tamiles. Y de golpe sientes que ya no tienes identidad en tanto que Tamil de Sri Lanka. No hay una voz Tamil, al menos, que yo pueda oír.

Veo cómo lo celebra el gobierno y no está mostrando magnanimidad en absoluto, declarando un día de fiesta nacional. Mientras miles de tamiles continúan desplazados y padecen traumas civiles o han perdido a los suyos. Creo que es una forma equivocada de enfocarlo si quieren ganarse los corazones y las mentes del pueblo.

¿Te arrepientes ahora de tu decisión de unirte a la lucha armada?

Es una pregunta difícil de contestar. En ese momento la guerra era muy real y, como te decía antes, no pensaba que iba a vivir más de dos días. Así que era cuestión de hacer algo y morir, o no hacer nada y morir.

Creo que volvería a hacerlo otra vez si volviera a vivirlo. Pero la única cosa que deseo es que nadie muera. Y soy bastante pesimista, no creo que este gobierno vaya a aportar la solución a los tamiles.

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