La diplomacia de Obama a prueba

Televisión surcoreana muestra misil norcoreano.
Image caption Muchos en Washington se preguntan si EE.UU. debe insistir en la búsqueda del diálogo con Corea del Norte.

Cuando en enero asumió el poder en Estados Unidos, el presidente Barack Obama ofreció cambiar el carácter de confrontación que había tenido la política exterior de su predecesor, George W. Bush, y buscar el diálogo y el compromiso.

"Extenderemos una mano si están dispuestos a deshacer su puño", dijo refiriéndose a los gobiernos con los que Washington no tiene las mejores relaciones, sobre todo Irán, Corea del Norte y Cuba.

Atrás quedaban los tiempos en lo que la Casa Blanca consideraba a Corea del Norte parte del "eje del mal", junto al Irak de Saddam Hussein e Irán, y por lo tanto, un potencial objetivo militar.

Pero tras el reciente ensayo norcoreano con misiles, realizado apenas un día después de una muy cuestionada prueba nuclear subterránea, muchos en Washington empiezan a preguntarse si la búsqueda del compromiso es la mejor aproximación al problema y si la Casa Blanca insistirá en ese camino.

"Puerta abierta"

A juzgar por las declaraciones dadas el martes por el portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly, el gobierno estadounidense sigue viendo las "puertas abiertas" para que Pyonyang regrese a las negociaciones en el llamado Grupo de los Seis (EE.UU., China, Rusia, Corea del Sur y Japón).

Kelly afirmó que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, busca coordinar una respuesta unificada frente al gobierno de Kim Jong-iI, pero no se está hablando de sanciones sino de lograr que Naciones Unidas produzca un documento con una redacción "fuerte".

"Ella (Clinton) está comprometida en asegurarse que la comunidad internacional lleve el fuerte mensaje a Corea del Norte de que pagará un precio por la senda que han tomado si no cambian ese curso", indicó Kelly.

Hasta ahora, el lenguaje más duro lo ha usado la embajadora estadounidense ante la ONU, Susan Rice, quien advirtió que Corea del Norte "pagará un precio" si continúa con sus pruebas nucleares y utilizando misiles.

Eso se debe, quizás, a que Washington no quiere entrar en el eterno pugilato diplomático con China y Rusia sobre la necesidad de castigar a Pyonyang, a pesar de que ambos países condenaron rápida y fuertemente las últimas "provocaciones" norcoreanas.

En el pasado, los gobiernos de esos países han dejado claro que consideran que sería contraproducente aislar más al gobierno de Pyonyang e incluso han culpado al estilo agresivo del gobierno de Bush por los retrocesos sufridos en el acercamiento con Corea del Norte.

Sin embargo, al final de la era Bush ya se había empezado un acercamiento diplomático al problema norcoreano, cuando cambió su estilo agresivo y se sacó al país de la lista de estados que promueven el terrorismo internacional a cambio del desmantelamiento de su poder nuclear.

Los usos de la diplomacia

Pero si bien la amenaza del uso de la fuerza puede no ser productiva para algunas cancillerías, otros empiezan a preguntarse qué utilidad puede tener seguir acercándose a un gobierno que no parece prestar demasiada atención a los reclamos de la comunidad internacional.

Image caption Rice advirtió a Corea del Norte que "pagará un precio" por sus pruebas nucleares.

Ese debate se está dando dentro del mismo gobierno estadounidense, a juzgar por recientes declaraciones de altos funcionarios que, aunque fueron hechas antes de las recientes pruebas, consideraban ya como parte del análisis la posibilidad de una demostración de fuerza por parte de los norcoreanos.

"La presión no es la forma más productiva de aproximarse (a Corea del Norte)", afirmó la semana pasada a un grupo de periodistas Stephen Bosworth, el enviado especial a la región.

Bosworth aseguró en esa oportunidad estar confiado en que las negociaciones empezarían de nuevo tras un período de enfriamiento.

También la semana pasada, Gary Samore, director de No Proliferación Nuclear de la Casa Blanca, estimó en una conferencia en el Brooking Institute- un centro de estudios políticos de Washington- que "es claro que los norcoreanos quieren entablar un pelea".

Samore aseguró que esperaba que los norcoeranos hicieran un ensayo nuclear "pronto", pero que se verían forzados a regresar a la mesa de negociaciones en un lapso de nueve meses y que la estrategia debería ser "esperar y ver".

En el club atómico

Muchos consideran que, independientemente de las acciones que tome la comunidad internacional, Corea del Norte continuará con sus pruebas con misiles y posiblemente más ensayos nucleares en lo que queda del año, hasta que logre un reconocimiento como miembro del "club atómico", integrado por los países con arsenales nucleares.

Ya el gobierno de Pyongyang ha dicho que en 2012 será una potencia atómica, coincidiedo con el aniversario del líder fundamental del país, Kim II-sung, padre de Kim Jong-iI.

"En estos momentos no es plausible, sino imposible, que los norcoreanos regresen a la mesa de negociaciones para desmantelar sus capacidades nucleares de nuevo", reconoció la semana pasada ante un comité del Congreso Hillary Clinton.

Por eso, Burth Klinger, especialista en temas del Este Asiático de la Fundación Heritage -instituto de estudios políticos de tendencia convervadora ubicado en Washington- piensa que la "encomiable retórica" diplomática del presidente Obama con Corea del Norte no es suficiente.

Klinger sugiere "presionar a Corea del Norte para influir en su comportamiento negociador, mientras deja claro que una Corea del Norte nuclear es inaceptable".

"Estados Unidos debe proceder con el desarrollo de la única confiable opción real para defenderse contra una Corea del Norte nuclear: sistema de defensa de misiles balísticos", afirmó Klinger.

¿Poder real?

Pese a que la posibilidad de una Corea del Norte nuclear resulta amenazante para muchos de sus vecinos y un abierto desafío a los tratados de no proliferación nuclear suscritos internacionalmente, algunos expertos minimizan el real poder nuclear que podría llegar a acumular Pyongyang.

Image caption El gobierno de Corea del Norte no parece prestar mucha atención a los reclamos internacionales.

Aseguran que el país carece de la capacidad industrial para equipar un arsenal nuclear y no tiene la experticia para fabricar armas de alto poder.

Como ejemplo ponen el que el reciente ensayo nuclear tuviera una capacidad explosiva similar a la de las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagazaki en la Segunda Guerra Mundial, un poder que por destructivo que pueda seguir pareciendo es mínimo comparado con el de las bombas actuales.

Con poco o mucho poder explosivo, un estatus de potencia nuclear daría a Corea del Norte mayor capacidad de negociación en una eventual reanudación de las conversaciones multipartitas.

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