A las puertas de una nueva era

Gordon Brown, primer ministro británico
Image caption Algunos analistas señalan que el recambio de gabinete podría ser la última oportunidad de Brown.

Muchos británicos tienen la sensación de estar a las puertas de una transición histórica, inaugurando una nueva fase de predominio del Partido Conservador, en el ciclo periódico de la política local.

Una sucesión de reveses, en un marco de crisis económica y desilusión popular con los políticos en general, ha debilitado al gobierno laborista del primer ministro Gordon Brown.

Más allá de la reacción política y de la opinión pública ante la reestructuración del gabinete, que Brown debía completar este viernes, la incertidumbre socava la estabilidad del gobierno y se extiende hasta la naturaleza del equilibrio de fuerzas que surja en las elecciones generales, antes de mayo de 2010.

La responsabilidad del Partido Conservador en el escándalo por el abuso de los gastos parlamentarios abre un arco de duda sobre los alcances de su supuesta hegemonía tras las próximas elecciones.

Lea: un escándalo muy británico

El Partido Laborista, por su parte, sufrió fuertes pérdidas en los comicios locales del jueves y todo indica que sus reveses serán más marcados aún cuando se anuncien los resultados de las elecciones para el Parlamento Europeo, que se realizaron en forma simultánea.

Un poco de historia

Image caption Muchos creen que estamos en vísperas de una nueva transición, en el ocaso del gobierno laborista.

Las transiciones anteriores tuvieron lugar en 1983, cuando el "efecto Falklands" (el desenlace de la guerra con Argentina por las islas Falkland/Malvinas) consolidó al gobierno conservador de Margaret Thatcher -que había llegado al poder en 1979, pero entonces era impopular-, y en 1997, cuando el laborismo volvió al gobierno, guiado por Tony Blair y su aliado de entonces, Gordon Brown.

En ambos casos, el partido vencido quedó desmoralizado y tuvo grandes dificultades para reorganizarse y ofrecer una alternativa válida de poder.

Los adversarios laboristas del primer ministro Brown piden ahora su renuncia para que el partido "tenga una oportunidad de ganar las elecciones".

En el fondo creen que Brown no renunciará -ya que esto equivaldría a darle la razón a sus enemigos-, y por lo tanto quieren forzar una elección interna en el partido, para reemplazar al jefe y por consiguiente al primer ministro.

En Gran Bretaña, la reina encarga al jefe del partido mayoritario la formación del gobierno: si el partido cambia de jefe, cambia el gobernante. Si Brown fuera forzado a renunciar, permanecería al frente del gobierno en forma transitoria, mientras el partido elige nuevo jefe.

Pero el proceso de renovación del líder es muy complicado y llevaría tiempo, con una sangría política de alcances impredecibles.

¿Llamado a elecciones?

Image caption Brown podría llamar a elecciones en cualquier momento, y si no habría que esperar hasta mayo de 2010.

La oposición conservadora pide elecciones anticipadas. En Gran Bretaña el gobierno puede llamarlas en cualquier momento, con un plazo máximo de cinco años a partir de la primera sesión del Parlamento tras las elecciones anteriores, pero Brown -y con él todos los laboristas- no quiere darles el gusto de acelerar la inevitable transición de poder.

Los observadores destacan que esta transición se distingue de las anteriores en un aspecto crucial: esta vez el electorado repudia el comportamiento de la clase política en general, además de culpar al gobierno por las deficiencias que percibe en la situación global.

De los partidos capaces de formar gobierno, tanto el laborista como el conservador y el liberal demócrata están contaminados por el escándalo, debido al abuso del sistema de gastos parlamentarios.

Los analistas dicen que en estas circunstancias el partido de gobierno es el que carga con el fardo más pesado ante la opinión pública, pero esto no es un consuelo para los otros partidos, que deberán purgar su culpa.

Esto puede significar que el próximo gobierno tras las elecciones, que casi todos suponen estará encabezado por el conservador David Cameron, enfrentaría una renovada presión para modificar el sistema electoral, que ahora favorece a los partidos grandes, en detrimento de los pequeños.

El asunto femenino

Otro factor que distingue a este proceso de transición es la desilusión de muchas mujeres ante el proceso de selección de candidatos y de promoción política de los partidos mayoritarios.

Las mujeres en general están más indignadas que los hombres ante el escándalo de los gastos parlamentarios: si a esto sumamos la desilusión por la falta de oportunidades en el Parlamento y las oficinas de gobierno, su reacción puede llegar a tener consecuencias muy importantes, hasta ahora imprevisibles.

Una de las principales causas de la debilidad del actual gobierno laborista ha sido la desilusión y renuncia de varias mujeres que, tras llegar al gobierno con Tony Blair, se han sentido abandonadas por Brown.

Este proceso de alienación de las mujeres puede acelerar el trasvase de apoyo a los partidos marginales, que han registrado avances significativos en las elecciones locales y para el Parlamento Europeo.

Esto va a contrapelo de la tradición británica, que favorece a los grandes partidos.

El electorado está en un proceso de reflexión, analizando un panorama político que en varios aspectos es novedoso, en comparación con experiencias anteriores.

Pero esa incertidumbre se desvanece ante las urnas: el dictamen de los votos siempre crea la realidad, y la realidad siempre es transparente.

Image caption La época dorada de Brown quedó atrás; su popularidad ha caído a los niveles más bajos.

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