Un año para que Sudáfrica festeje ¿o no?

Seguidores de la selección sudafricana de fútbol.
Image caption Sudáfrica puede poner en escena un ensayo general con la Copa Confederaciones.

Mientras el entusiasmo crece en Sudáfrica por la Copa del Mundo de Fútbol del año que viene, las dudas continúan circulando en el extranjero sobre si el evento deportivo será exitoso. Pero, ¿cómo van los preparativos?

Todavía falta un año para que el mundial se ponga en marcha en Sudáfrica. El 11 de junio de 2010, en el estadio Soccercity de Johannesburgo, los jugadores de ese país entrará en el terreno de juego ante más de 90.000 espectadores para disputar el partido inaugural del torneo.

"Estoy bastante nervioso", reconoce el encargado de la construcción del estadio, Mike Moody, al imaginar la escena.

"Estaré esperando los gritos de 90.000 aficionados; va a ser una tarde increíble, con una banda de música y los tambores de guerra zulúes, imagino. Muy espectacular".

A las obras del estadio todavía les quedan cinco meses, pero ya casi se puede imaginar completo. El trabajo estructural acabó hace tiempo y la mayoría de los asientos anaranjado brillante ya están instalados.

Image caption Cubierta de los colores del fuego y la tierra, el estadio tiene la forma de un puchero africano.

Moody explica que a causa del diseño de alta tecnología del estadio, ningún espectador estará a más de 100 metros de la acción y no habrá zonas de visión restringida.

Él cree que será una de las canchas más avanzadas del mundo. El exterior está diseñado para que se asemeje a un puchero de cocina africano.

El revestimiento es un mosaico con los colores del fuego y la tierra y, cuando esté completo, un anillo de luces alrededor de la base de la estructura simulando el fuego bajo el puchero completará la panorámica.

Ésta será la respuesta sudafricana al Bird Nest olímpico de Pekín.

Mala prensa

En otros lugares del país, los demás estadios están tomando forma y serán casi tan impresionantes como del de Johannesburgo.

El estadio Greenpoint de Ciudad del Cabo, con sus vistas sobre Table Mountain, seguro que cautivará a los miles de millones de telespectadores que atraerá el torneo.

Pero los organizadores de la competición sienten la prensa no ha sido bondadosa con ellos.

No todo fue tan fácil como la construcción de los estadios. Hubo polémica sobre algunos proyectos de transporte, y algunas personas aquí cuestionaron si un país en desarrollo debería gastar tanto dinero en un acontecimiento deportivo cuando mucha gente vive en la más absoluta pobreza.

Hasta ahora nadie parece estar en condiciones de justificar las sugerencias de que podría ser necesario trasladar a otro país el Mundial de 2010.

"Ya hablaremos de esas cuestiones el 11 de julio, después del silbato final, cuando ya no hablemos de pronósticos, de lo que podría o no podría pasar, sino de hechos", dice Danny Jordaan, jefe del comité organizador local.

Sudáfrica tiene una oportunidad para poner en escena un ensayo general con la Copa Confederaciones, que comienza este fin de semana.

En cuanto a las preocupaciones por la delincuencia, Jordaan apunta que la Premier League de cricket de la India se trasladó recientemente a Sudáfrica, precisamente, porque se creyó que iba a ser más segura.

¿La mejor?

Los organizadores, de hecho, se están poniendo metas altas. Prometen que será la mejor Copa del Mundo de la historia, pero varios factores juegan en su contra.

La recesión global les obligó a recortar en torno a 300.000 la previsión del número de visitantes, lo que significa mucho menos de lo esperado, y además, los pobres resultados del equipo nacional amenazan con aguar la fiesta en Sudáfrica.

Los mundiales de fútbol de más éxito suelen ver a un equipo anfitrión con una buena actuación, que enardece a la afición local.

El sueño en Sudáfrica es unir tras una causa común a un país a menudo dividido, pero hasta el momento, esa causa (la selección nacional, conocida como "Bafana Bafana") no está poniendo mucho de su parte y languidece en el puesto 72 del ranking mundial, por detrás de Panamá, Bahrain y Gambia.

Teniendo en cuenta que la mayoría de la población blanca no es tradicionalmente aficionada al fútbol, las previsiones de una celebración a lo largo y ancho del país se ensombrecen.

"Todo se reduce al éxito. Si te soy honesto, prefería ver el rugby donde que tenemos más posibilidades de ganar", comenta el ex Bafana Bafana Mark Fish.

"Hemos ido de arriba abajo, y ahora estamos rezagados por detrás de la mayor parte de África".

Hechiceros

Dadas las circunstancias, algunos aquí cuestionan si el desembolso, que se cree que puede rondar los US$3.300 millones, un dineral para un país en desarrollo.

Incluso a la sombra de alguno de los estadios aún por estrenar, la gente vive en la mayor miseria.

Pero la Copa Mundo dejará un legado para algunos.

En áreas de Soweto donde antes había chabolas y tierra contaminada se están plantando árboles y se está creando una zona de jardines para dar la bienvenida al esperado flujo de visitantes.

Y en la escuela de fútbol local, los niños juegan ahora en pistas de césped, en lugar de sobre el polvo.

La pasión y el color de los aficionados al fútbol en esta zona deberían asegurar la fiesta a los visitantes, aunque esto no ocurra con el conjunto de la población anfitriona.

Y algunos bien podrían recurrir a métodos poco ortodoxos para animar a los Bafana Bafana. Fish, ex jugador del mayor equipo de Soweto, los Orlando Pirates, habla sobre la fe de la hechicería en el fútbol.

Dice que ni siquiera quiere pensar en algunas de las pociones que le obligaron a tragar durante su carrera como futbolista.

Los hechiceros están sin duda afilando sus huesos de pollo. Podría ser la mejor oportunidad de éxito para Sudáfrica.

En la cancha, al menos.

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