EE.UU.: ¿contragolpe de la ultraderecha?

Un anciano fanático abate a tiros a un guardia negro que vigila la entrada a un museo en Washington DC, donde EE.UU. recuerda a los judíos asesinados por los nazis en Europa.

Image caption Puede que Von Brunn estuviera más obsesionado con Ana Frank que con Barack Obama.

Una semana antes, a miles de kilómetros de allí, en Wichita, Kansas, otro hombre armado entraba a una iglesia abarrotada de gente y mataba a tiros al doctor George Tiller, director de una clínica abortista.

Horas después del ataque más reciente, en numerosos blogs y páginas de redes sociales se comentaba que ambos incidentes confirman el resurgimiento del extremismo de derecha en EE.UU.

En ambientes de izquierda existe el convencimiento de que los casos corroboran un informe del Departamento de Seguridad Interna (DSI) publicado a principios de año, que advertía que las circunstancias políticas y económicas son un perfecto caldo de cultivo para el florecimiento de gupos extremistas de derecha.

Estas circunstancias políticas incluyen, claro está, la elección del primer presidente de raza negra en la historia estadounidense, Barack Obama, un hito recibido con rabia y espanto en algunos sectores de ultraderecha.

Marea alta

Cuando salió a la luz, el informe del DSI fue recibido con críticas mordaces por parte de algunos políticos conservadores.

La secretaria del DSI, Janet Napolitano, se encontró de pronto hablando a la defensiva sobre la afirmación de que los veteranos de guerra eran más propensos a resultar atraídos por grupos de extrema derecha, debido a su experiencia con explosivos y armas de fuego.

¿Podría ese informe haber sido una advertencia de lo que iba a ocurrir esta semana y la anterior?

El Centro Legal de Pobreza del Sur, una organización defensora de los derechos civiles con sede en Montgomery, Alabama, que supervisa grupos que considera de extrema derecha, no tiene dudas al respecto.

Un vocero del Centro dijo a la BBC: "Hay una ola creciente de terrorismo de derecha de tipo doméstico, motivado por sentimientos extremos en contra del gobierno. Aunque (los casos) no estén vinculados, comparten ese odio al gobierno y sus políticas".

Pero siempre se corre el riesgo de tomar los hechos -o los hechos aparentes- e hilvanarlos en una narrativa en este país tan vasto, complejo y diverso.

Es cierto que ambas víctimas -el guardia del museo del Holocausto y el médico abortista- eran objetivos clásicos de ciertos elementos de la extrema derecha.

Pero no podemos olvidar que entre las víctimas de la violencia de los últimos días también se encuentra Andy Long, quien cayó abatido en las afueras de un centro de reclutamiento del ejército en Little Rock, Arkansas.

Su presunto asesino es un joven de nombre Abdulhakim Muhammad, un estadounidense convertido al Islam nacido con el nombre de Carlos Bledsoe en Memphis, Tennessee. Y el motivo del asesinato, la creencia de que un acto de violencia yihadista venga el sufrimiento de los musulmanes a manos de EE.UU.

Image caption Estados Unidos tiene una larga historia de racismo.

Este asesinato también tiene que ver con el odio, pero en una forma distinta a la de la tendencia de derecha.

Hay que considerar también otros factores, entre ellos que en este país 30.000 jóvenes mueren cada año por heridas de bala en las circunstancias más diversas.

James Von brunn, el presunto asesino del guardia del museo de Washington, era un antiguo partidario de causas antisemitas y de la "supremacía blanca".

Lea: La "amenaza blanca"

Aunque suene extraño, es posible que estuviera más obsesionado con Ana Frank que con Barack Obama.

Como muchas personas que niegan el Holocausto, Von Brunn aparentemente disputaba la veracidad de la historia de Ana Frank, la adolescente judía que se escondió con su familia durante meses en una Holanda ocupada por los nazis y murió en un campo de concentración poco después de que fueran capturados por los alemanes.

En el Museo del Holocausto se iba a presentar próximamente una obra de teatro sobre la historia. ¿Pudo ser éste el desencadenante del ataque?

Von Brunn también llevó a cabo un ataque descabellado a principios de los '80, en el que intentó secuestrar a miembros del banco central estadounidense, directivos de la Reserva Federal, en protesta por las altas tasas de interés.

Cuando fue sentenciado a la cárcel dijo que la culpa era del "jurado negro y judío, y el juez judío". Aparentemente, sus obsesiones habían florecido bastante antes de que el mundo oyera hablar de un tal Barack Obama.

Un cóctel poderoso

La elección de Obama tampoco explica del todo el asesinato de George Tiller.

El médico abortista perfectamente podría haber muerto en 1993 -15 años atrás- cuando fue atacado por otro activista anti aborto, quien lo dejó gravemente herido.

Scott Roeder, el supuesto asesino de Tiller, compartía en efecto muchos puntos de vista con la extrema derecha estadounidense.

Pero también fue descrito como un esquizofrénico que se negaba a tomar la medicación que requería su condición.

Los problemas mentales desempeñan todo un papel en estos casos.

¿En qué quedamos, entonces? Bueno, estos asesinatos claramente tuvieron lugar en el EE.UU. de Obama, donde existe una extrema derecha a la que le cae mal que haya un hombre de raza negra en la Casa Blanca.

Esto tampoco explica la muerte de Andy Long.

Si hay un elemento común a estas tristes muertes es que este es un país en el que las ideas extremas y la disponibilidad de armas genera un cóctel poderoso.

En estas circunstancias siempre habrá individuos peligrosos -a veces obsesivos, a veces fanáticos, o simplemente calculadores de sangre fría-, dispuestos a matar.

La elección de Barack Obama puede haber intensificado estas circunstancias, pero no las ha creado.

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