El factor iraní en Irak

Mahmoud Ahmadinejad y Nouri al-Maliki
Image caption Presidente iraní y primer ministro de Irak: una larga amistad

La retirada de tropas estadounidenses de ciudades y pueblos iraquíes se da en el marco de una creciente tensión entre Irán y países occidentales por la crisis desatada con las elecciones del 12 de junio.

La tensión cobró una nueva expresión con los comicios, pero tiene un trasfondo permanente con dos pilares: el programa nuclear iraní y la influencia regional del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad.

La esfera de influencia iraní va de su alianza con Hezbollah en Líbano y Hamas en la Franja de Gaza hasta el complejo mosaico político-religioso-militar de Afganistán.

En Irak la mayoría de la población es chiita y el gobierno de coalición en el poder desde las elecciones de diciembre de 2005 refleja esta comoposición religiosa.

Una buena parte de la clase política chiita iraquí vivió su exilio bajo el gobierno del sunita Sadam Hussein en Iran.

"Los contactos son múltiples y variados sobre todo en los sectores más religiosos. En particular, en el sur del país. Los dos grupos más importantes políticamente, el Dawa y el Consejo Supremo Islámico tienen fuertes vínculos con Irán, al igual que grupos opositores como Al Sadr. Estos vínculos se extienden a los kurdos en el norte del país que durante la época de Sadam Hussein recibían mucho apoyo de Irán", dijo a BBC Mundo Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de estudios árabes e islámicos de la Universidad de Madrid y autor de "Irak, ocupación y caos".

Ese apoyo ha dejado sólidos lazos en la primera fila del gobierno iraquí.

Entre los que vivieron su exilio en Irán se encuentra el primer ministro Nouri Al-Maliki, del Partido Dawa.

En su momento, el primer ministro desafió al gobierno de Estados Unidos promoviendo un acercamiento con Irán y poniendo fin a la enemistad entre ambos países tras los ochos años de guerra Irak-Irán en los 80.

Sin embargo, el historiador David Solar, especialista en Medio Oriente, cree que esta relación está muy lejos de la subordinación temida por algunos analistas occidentales.

"Hay que tener en cuenta que los chiitas no son una unidad homogénea. Los chiitas en Irak tienen diferencias internas y también las tienen con los chiitas en Iran que a su vez no son una unidad. A estas diferencias hay que agregarle la que hay entre la sociedad persa y las árabes. No creo que los chiitas en Irak se dejen dictar qué hacer. De modo que el panorama es mucho más complejo de lo que uno pueda suponer", dijo a BBC Mundo el historiador.

Ser o no ser

En todo caso, la pregunta es qué actitud adoptará Irán ante esta retirada de tropas estadounidenses en medio de su propia crisis interna.

Estados Unidos y el Reino Unido han acusado a Irán de buscar un enemigo externo para desviar la atención de sus propios asuntos internos.

¿Puede Irak ser una pieza de este complicado ajedrez regional?

La diplomacia internacional - como otros órdenes de la vida - está llena de paradojas.

En 2003 Irán estaba gobernado por un reformista, Ali Rafsanjani, que quería mejorar el diálogo con Estados Unidos y había condenado los atentados del 11 de septiembre.

Estados Unidos no apostó al diálogo: George W Bush identificó a Irán como uno de los países que formaban el "eje del mal" debilitando la posición de los reformistas iraníes.

Hoy Estados Unidos está buscando el diálogo y son los iraníes, bajo el ala dura de Mahmoud Ahmadinejad, los que no están interesados en el diálogo.

La pregunta es hasta dónde buscarán usar a Irak como un arma en el conflicto con Estados Unidos.

"Hay una imagen creada en Occidente que identifica a Irán con la inestabilidad y cree que la busca en sí misma, sea en Irak o en Líbano. Y lo cierto es que a Irán no le conviene la inestabilidad en Irak porque no quiere tener bases estadounidenses en su frontera y sabe que la inestabilidad en Irak podría favorecer este desenlace", aseguró Gutiérrez de Terán.

El presidente Barack Obama indicó que no desea establecer bases militares en Irak y que en 2012 no quedarán soldados en Irak.

Pero el cumplimiento de este cronograma depende en gran medida de la estabilidad que haya en esos momentos.

La violencia de las últimas semanas es un indicador de que la paz no está garantizada en Irak.

Lejos de favorecer a Irán, una inestabilidad violenta, jugaría a favor de los que presionan para la instalación de bases permanentes estadounidenses en Irak.

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