Obama ante el pasado esclavista

Entrada al castillo esclavista de Costa del Cabo
Image caption Desde este fuerte, miles de esclavos negros iniciaron un viaje sin regreso a América.

Pocos días antes la visita del presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, al castillo esclavista de Costa del Cabo, Komla Dumor, periodista de la BBC de origen ghanés, visitó ese lugar, símbolo de la infamia humana. A continuación, les presentamos sus reflexiones.

El castillo del siglo XVII en la Costa del Cabo, a orillas del Océano Atlántico, es un testimonio de la crueldad del hombre con el hombre.

A pocos metros de donde estoy sentada, miles de negros africanos cautivos fueron mantenidos en condiciones que me hacen estremecer sólo de imaginarlas.

Encadenados, desnudos y hambrientos, entre el calor y la mugre, esperaban los barcos de esclavos que llevaron a millones de africanos a una vida de degradación y humillación.

A medida que iba adentrándome en la oscuridad de las celdas, aquellos que las ocuparon fueron susurrándome sus historias en el silencio: mujeres que abrazaban niños llorosos, gemidos de dolor y lágrimas, sí, muchas lágrimas.

Vi las caras de los que, arrastrados y fustigados hacia el vientre de un barco de esclavos, golpeaban y gritaban contra la puerta del no retorno.

Éste es un lugar desolado, oscuro, miserable. Estuve en el castillo de Costa del Cabo en otras ocasiones y siempre resultó traumático.

Pero en este lugar de la vergüenza humana hay una luz.

Es un diminuto cuadrado en el rincón del muro que los arquitectos de este lugar habilitaron para ventilar a los miles de personas que se hacinaban en esta mazmorra. A través de él, penetra un único rayo de luz poderosa.

Un visitante fuera de lo común

Dos siglos después del primer intento importante de acabar con el comercio de esclavos, otro visitante, de padre africano y madre blanca estadounidense, se situará cerca de donde me encuentro y quizá tenga que luchar contra las mismas emociones.

Pero no es un visitante cualquiera. Barack Obama es el 44 presidente de los Estados Unidos.

Es el hombre que encarna para muchos la esperanza de una generación de negros, blancos, hispanos y asiáticos en todo el mundo.

La gente de Ghana se siente extremadamente entusiasmada con la llegada del presidente Obama.

Sus fotos están por todos lados. Se escribieron canciones en su honor. Y la elección de Ghana es significativa en muchos niveles.

Ghana fue el primer país africano en conseguir la independencia de los británicos en 1957, un hecho que sirvió de inspiración para otros a lo largo del continente.

Al mismo tiempo, muchos afroestadounidenses, cargados con la segregación y la discriminación, vieron en Ghana y en su fundador, Kwame Nkrumah, un faro de esperanza.

Todavía se cuenta la anécdota de que el vicepresidente Richard Nixon, huésped de honor en nuestras celebraciones de la independencia, saludó a un hombre negro bien vestido con la pregunta "¿Cómo se siente siendo libre?".

El hombre le respondió: "No lo sé…soy de Alabama".

Frustración

Image caption Muchos afroamericanos visitan el lugar en una suerte de viaje espiritual.

Los periódicos locales publicaron fotos de un joven Muhammad Ali y de Martin Luther King celebrando la independencia de Ghana.

Venir a Ghana es, para muchos afroamericanos, el equivalente a un viaje espiritual común a todos los credos.

Generaciones de médicos afroestadounidenses, abogados y maestros todavía llaman a Ghana su hogar.

En la independencia, Kwame Nkrumah declaró que ésa era "nuestra oportunidad de mostrar al mundo que…los hombres negros pueden ocuparse de sus propios asuntos".

Décadas después, todavía estamos intentando demostrarlo.

La frustración es profunda a lo largo de África, desde Ghana hasta Nigeria, pasando por Kenya y Zimbabwe.

Los políticos actuales no dan importancia a algo tan vago como la palabra "esperanza".

La presidencia de Obama será juzgada por cómo trate la crisis global, la amenaza del terrorismo y la espiral de la degradación medioambiental.

Sería ingenuo para los africanos asumir que la elección de Barack Obama significa un empujón económico para el continente, o que el presidente no tiene intereses estratégicos y de seguridad sobre el petróleo de la región.

Esa "cosa"

Bill Clinton y George Bush vinieron a Ghana durante sus presidencias.

Sin embargo, la emoción que rodea a la llegada de Obama es inconmensurable.

Lo que representa Barak Obama es "esa cosa", la que Maya Angelou dice que "hace cantar al pájaro enjaulado".

Lo veo en las caras de las chicas jóvenes del norte de Ghana que cargan pesos enormes en los mercados a cambio de unos céntimos con el sueño de, algún día, tener su propio negocio.

Lo veo en la cara del taxista que trabaja horas extras para que sus hijos puedan ir a una escuela mejor de la que él estudió.

Vi la misma mirada en la cara de un médico joven en el hospital de Korle Bu que, sobresaturado de trabajo y mal pagado, aún es capaz de ofrecer una de las mejores atenciones médicas de África.

Ellos no piden un favor, sólo quieren una oportunidad justa para desarrollar su potencial.

Esa mirada se llama "enyidaso" en la lengua akan del oeste de África.

Es la luz que brilló cientos de años atrás en las caras manchadas por las lágrimas de los seres humanos que pasaron por los calabozos de Costa del Cabo.

Barak Obama la llama "esperanza".

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