Europa quiere 'independencia' de Rusia

Válvula sobre un ducto de gas
Image caption La Unión Europea espera reducir la dependencia de gas ruso.

Europa quiere alternativas al gas ruso. La energía se encuentra en el centro de la política europea en el siglo XXI y los países del continente quieren dejar de depender del suministro de Moscú.

Por ello los líderes de la Unión Europea (UE) y Turquía firmaron este lunes un acuerdo para construir el llamado gasoducto de Nabucco que pretende evitar el corte del suministro de gas ruso por atascos en algunas regiones de Ucrania.

La nueva tubería recogerá el gas en el Mar Caspio y el Medio Oriente para después cruzar Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría antes de culminar en Austria.

En la actualidad, Rusia suministra el 30% del gas que consume Europa, pero las recientes interrupciones en el suministro han aumentado las preocupaciones en la UE sobre cuánto dependen sus miembros del gas ruso.

Gas, nueva carta de poder

Muchos de los problemas del gas de Moscú se originan en tensiones políticas, debido a los problemas entre Rusia y Ucrania. Un gran número de las tuberías que transportan el combustible ruso pasan por Ucrania, pero estas tensiones han provocado que en más de una ocasión la empresa de gas ruso, Gazprom, corte el suministro.

Image caption Rusia también construirá una nueva tubería de gas hacia Europa.

Es por ello que construir una alternativa se ha vuelto esencial para Europa. Sin embargo, aún hay muchos interrogantes sobre el proyecto, como quién pagará por los gasoductos y exactamente de dónde extraerán el gas.

El esquema es muy costoso, pero cuenta con el respaldo de la Unión Europea y de Estados Unidos.

Sin embargo, un acuerdo firmado el mes pasado entre Rusia y Azerbaiyán levanta preguntas sobre cuánto gas quedará disponible para el proyecto Nabucco.

El objetivo de Rusia es asegurar que una gran proporción del gas atraviese su territorio para mantener su poder energético sobre los países vecinos.

Adicionalmente, Rusia construirá un nuevo ducto -en alianza con una compañía italiana- que le permitirá transportar gas desde el Mar Negro hasta los Balcanes.

Europa se prepara así para una competencia de tuberías que no hace más que demostrar que el control del gas es un as bajo la manga en el juego de poder del siglo XXI.

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