De Guantánamo al paraíso

Disfrutando de la libertad en las Bermudas.
Image caption Salahidin Abdulahat y Khalil Mamut se veían como peces pequeños cogidos en la redada estadounidense.

Las Bermudas, con sus casas color pastel recortándose sobre las aguas turquesa del Atlántico, es ahora el nuevo hogar de cuatro chinos uigures liberados de Guantánamo tras siete años de reclusión.

Se encuentran bastante lejos de casa, pero dicen que ya habían oído hablar de las Bermudas, un territorio británico de ultramar cercano a las costas estadounidenses, antes de llegar aquí.

"De hecho sí sabía algo sobre las Bermudas, sobre el triángulo de las Bermudas. Cuando nos dijeron por primera vez que vendríamos aquí, me dije 'ah, ese lugar misterioso'", afirma Khalil Mamut.

Cuando conocí a Mamut, de 31 años, Abdullah Abdulaquir, de 30, Salahidin Abdulahat, de 32 y Ablikim Turahan, de 38, en su nuevo hogar, estaban sonrientes, risueños, bromeando unos con otros.

Cuando ordenaron un ponche de frutas locales y un plato de pescado, ya era evidente que están disfrutando su nueva libertad.

"Vi a alguien pescando, me acerqué y le dije: 'Quiero hacer eso, ¿puedo probar?'. Dijo que sí, y en un minuto ya tenía un par de peces pequeños".

"Los peces me recordaron a Guantánamo, y me inspiraron compasión y los dejé ir", dice Khalil Mamut.

Es que así es como se veían a sí mismos estos hombres, como pequeños peces cogidos en una gran red de militares estadounidenses que llevaban a cabo redadas de sospechosos de terrorismo en las montañas de Pakistán y Afganistán tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Sin dulces en Tora Bora

Image caption Los cuatro hombres escapaban la represión en China.

Mamut dice que ellos cuatro abandonaron sus hogares en China porque querían escapar de la opresión y vivir en libertad.

Los últimos episodios de violencia en la provincia de Xinjiang han devuelto la atención a la minoría musulmana y sus esfuerzos para establecer una nación uigur, que llaman Turkestán.

Rutas distintas los llevaron desde China a encontrarse en un campo de refugiados en las montañas de Tora Bora, en Afganistán, a principios de 2001.

"Cuando estaba en Turkestán, vendía caramelos, pero los chinos nos oprimían, así que lo abandoné todo por la libertad", dice Khalil Mamut.

"Si me hubiera quedado sería esclavo de los chinos, y no me gustaría ser un esclavo", agrega.

Cuando comenzaron los bombardeos de Afganistán, los cuatro partieron hacia Pakistán.

"La aldea nos dio una calurosa bienvenida y nos dijo que descansáramos, que se ocuparían de nosotros", explica Salahidin Abdulahat.

"En la mitad de la noche nos despertaron y nos dijeron que nos llevarían a un lugar seguro. Pero terminamos en la cárcel. Nos vendieron", dice.

Ellos sostienen que fueron vendidos como "terroristas" a las fuerzas estadounidenses por cazafortunas. Fueron a dar luego a Khandahar.

Desde allí los trasladaron a la cárcel de la base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo, donde quedaron recluídos durante siete años. Fue allí que conocieron a su intérprete Rushan Abbas.

Hijos por error

Una mujer menuda, de mirada expresiva, Rushan los llama ahora sus "hijos", pero su relación con ellos empezó de una forma muy distinta.

Image caption Al principio, ningún país quiso hacerse cargo de los uigures de Guantánamo.

Abbas, una uigur residente en EE.UU., fue contratada como traductora por los interrogadores de Guantánamo.

"Durante el primer interrogatorio quedé totalmente sorprendida: estos hombres estaban tan contentos de estar bajo custodia estadounidense. Decían que EE.UU. era el único país que defendía los derechos de los uigures", explica.

"Cuando los conocí me di cuenta que era un error que estuvieran en Guantánamo".

Estaban acusados por EE.UU. de pertenecer al Movimiento Islámico de Turkestán Oriental, un grupo que la ONU, China y EE.UU. clasifican como "terrorista" y vinculado con los talibanes y al-Qaeda.

Los cuatro han desmentido siempre los cargos, y cuatro años atrás se admitió que no eran "combatientes enemigos". Sin embargo, su liberación era muy complicada, dada su nacionalidad.

"Cuando las fuerzas estadounidenses nos pusieron bajo custodia no nos conocían, así que tuvieron que investigar", dice Salahidin Abdulahat.

"pronto se dieron cuenta de que somos inocentes, pero como no tenemos un país propio, la liberación era más difícil", dice.

El pasado octubre, un juez de alto rango en Washington DC ordenó su liberación en territorio estadounidense. Su dictamen fue derogado en febrero, y los cuatro permanecieron en Guantánamo, ya que no se consideraba seguro que regresaran a China y ningún otro país quería aceptarlos.

Estados Unidos tiene entre 50 y 60 detenidos en Guatánamo que no ha podido repatriar desde que el presidente Barack Obama anunció el cierre del centro de detención en Cuba.

Image caption Las aguas tropicales de las bermudas contrastan fuertemente con las vistas de Guantánamo.

Pekín ha reclamado el regreso a China de todos los uigures detenidos por las fuerzas estadounidenses.

Sin embargo, en la noche del 10 de junio, un guardia se les acercó y les dijo que tenían 45 minutos para preparar todo para salir.

Al día siguiente, su veloz liberación en las Bermudas provocó un revuelo político.

Gran Bretaña desaprobó la medida e hizo saber a las Bermudas, un territorio británico, que debería haber consultado al gobierno británico antes de aceptar a los hombres.

El premier de Bermudas, Ewart Brown, explica cómo se tomó la decisión: "Una persona de la Casa Blanca planteó el tema, que tenían problemas para encontrar lugares que aceptaran a estos detenidos, y yo dije: 'Me pregunto si las Bermudas podrían ayudar'".

Mucho se ha especulado sobre qué ganaron a cambio las islas, y si las ayudaría con su postura ante la Ley para el Fin de los Paraísos Fiscales, que se debate en el Senado estadounidense.

"No quisiera predecir algo así, pero creo que cualquier arreglo que haya con Estados Unidos será tomado en cuenta en el contexto de que los ayudamos cuando ellos necesitaron ayuda", dice Brown.

Paso a paso

Image caption Salahidin Abdulahat ya ha empezado con sus clases de natación.

EE.UU. está desembolsando US$100.000 por la reubicación de los hombres.

En los próximos meses tienen planeado aprender inglés, a nadar y a pescar. Cerca de una docena de negocios locales les han ofrecido trabajo.

Estos hombres han recorrido un largo camino, pero no están enojados ni resentidos por el período que pasaron en Guantánamo.

Dicen estar agradecidos y contentos de que las Bermudas los hayan recibido.

Mamut dice mirar hacia adelante. "Quiero formar una familia, quiero tener 10 hijos, o quizá más", dice.

"Tengo que ubicarme y todo saldrá bien, paso a paso. Tendré que conseguir dinero y comprar una casa y muebles. Tengo que estar preparado para todo: una familia, una esposa, una nueva vida".

A pesar de la latitud tropical, para estos hombres el paraíso no está en el color del agua o las palmeras, sino en la libertad que gozan juntos.

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