Afganistán: ¿una trampa histórica?

Imágen histórica de una campaña militar británica en Afganistán. Cortesía de la Mary Evans Picture Library.
Image caption Dibujo del único superviviente británico que llegó a Jalalabad en 1842.

En el último mes 15 soldados británicos murieron en el conflicto armado contra el Talibán.

La de las intervenciones británicas en Afganistán no es una historia fácil. Basta con repasar sus sonados fracasos en esta tierra de montañas, desiertos y valles fértiles para predecir una nueva derrota de los soldados del Viejo Continente.

Pero, ¿está realmente escrito el destino de los británicos en esta parte del mundo?

El historiador militar Huw Davies advierte en este artículo que no todo está perdido para ellos, aunque tendrán que aprender unas cuantas lecciones si no quieren quedar atrapados en su pasado:

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Comparar las primeras tres guerras del Imperio Británico en Afganistán con el conflicto actual puede ser engañoso. Sin embargo, si se tienen en cuenta las experiencias militares del pasado, queda en evidencia que aún hay mucho que aprender de la historia de este país europeo en suelo afgano. Mucha gente sabe que los británicos han intentado subyugar a los afganos en tres ocasiones entre 1839 y 1919. También, que en todas ellas fallaron. Pero cuando se trata de analizar las estrategias militares y trazar paralelismos, hay que diferenciar entre lo general y lo específico. Las razones que llevaron a Londres a aquellas primeras guerras son en cierto modo diferentes e incomparables con los motivos que se esgrimen ahora.

Si se hacen comparaciones entre estos conflictos sin centrarse en los detalles no sería difícil concluir que los británicos tienen pocas posibilidades de triunfar en Afganistán.

Tres experiencias

Image caption El general Frederick Sleigh Roberts y sus tropas, en Afganistán, en torno a 1880.

La primera guerra anglo-afgana estalló cuando Reino Unido invadió Afganistán con la intención de acabar con la expansión de Rusia por Asia Central. Los británicos enviaron a 16.000 de sus hombres más fuertes a ocupar Kabul en el invierno de 1841. Sólo uno sobrevivió.

En 1878, Reino Unido volvió a invadir el país, prácticamente con el mismo objetivo que la vez anterior. A pesar de una terrible derrota en Maiwand, los atacantes tuvieron un éxito sorprendente en otros lugares.

Al contrario de lo que ocurre hoy, los defensores no pudieron adaptar sus tácticas a los británicos. Sin embargo, estos fueron incapaces de dominar el país por vías militares o políticas, por lo que decidieron aislarlo de la diplomacia de la época.

El tercer conflicto nació de la declaración de independencia de Afganistán, que en 1919 se quiso librar del poder que el Imperio ejercía aún en sus ciudades. Sin embargo, Londres perdió el interés en este territorio.

Tras el triunfo de la Revolución Bolchevique, Rusia ya no suponía una amenaza, pensaban, y los ingleses aún se recuperaban de los efectos de la Primera Guerra Mundial.

Por todo lo anterior se puede deducir que los británicos nunca tuvieron la capacidad militar ni la voluntad política de forjar una victoria en Afganistán. Pero eso es, claro está, una generalización.

Las cosas han cambiado mucho desde 1919. El ejército británico ha librado innumerables batallas en muchos otros lugares, de las que se han extraído valiosas lecciones, y los avances tecnológicos han dado a luz a análisis de inteligencia más fiables.

Dimensión cultural

Lo que realmente puede resultar útil es la comprensión de la cultura y tradición de los afganos de las experiencias militares.

En campañas anteriores, los británicos se dieron cuenta de la importancia de conocer la cultura local. Así descubrían soluciones políticas, económicas y sociales a problemas que tenían una raíz violenta.

En 1839, su ejército tuvo que convencer a la población afgana para que aceptara al gobernador designado por Londres, el Shah Shuja. Las tensiones entre la tribu de este mandatario y la de los grupos rivales acabó en un desequilibrio de poder que desembocó en una violenta rebelión popular.

¿Cuál fue la reacción británica? Emplear violencia contra la violencia. Como sucede ahora, las autoridades se dieron cuenta rápidamente de que ésta no era necesariamente la solución: aislaron a los que desafiaban su poder y compraron el apoyo de los que podrían resultar leales.

En aquella ocasión, el Imperio Británico aprendió el valor de la cultura en la guerra.

Sin embargo, en 1841 esta solución parecía no estar en los planes de los altos mandos militares. A pesar de los esfuerzos de una minoría de oficiales y soldados, el método preferido siguió siendo la violencia.

El "frío y duro acero de la bayoneta" era la receta del Imperio para imponer su ley. ¿Y ahora? Al fin en la agenda militar británica hay espacio para entender la cultura de Afganistán y buscar soluciones que no impliquen necesariamente el uso de la fuerza.

Se están haciendo esfuerzos para incorporar el entendimiento cultural en todas las tareas militares, desde la lucha en el campo de batalla hasta la reconstrucción.

Pero tras el fortalecimiento en los últimos meses del Talibán, quien parece comprometido con una visión extremista del Islam, será necesario -y también inevitable- el uso de la violencia. Ser conscientes de la dimensión cultural de esta guerra no garantizará necesariamente una victoria, pero ignorarla conducirá a los británicos a una derrota irremediable. La Historia lo ha demostrado.

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Huw Davies es doctor de Estudios de Defensa en el King's College de Londres e imparte clase en la Academia de Defensa del Reino Unido.

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