Retratos iraníes en la Venezuela bolivariana

Mezquita en Caracas
Image caption Según fuentes oficiales, en Venezuela residen cerca de un millar de iraníes.

Cinco iraníes disfrutan un té de sobremesa a resguardo de la lluvia tropical que azota estos días la ciudad de Caracas.

Más allá y cubierta con un pálido chador una mujer estudia la carta del menú del Persépolis, el único restaurante iraní de la ciudad.

"Abrí este local hace cinco años porque ahora hay muchos hombres de negocios iraníes en Caracas y necesitan comida halal (hecha con carne de animal sacrificado según los ritos que dicta el Islam), ya que muchos lo único que pueden comer en los restaurantes venezolanos es pescado", explica Essy Nohreh.

Nohreh es iraní y conoció Venezuela durante el gobierno militar de Pérez Jiménez en los años 50, se casó con una venezolana, emigró a Estados Unidos y hace unos años decidió regresar al Caribe con su familia.

"Gente trabajadora y pacífica"

Durante el almuerzo, Nohreh supervisa este local de atmósfera íntima atendiendo personalmente a sus compatriotas, entre ellos -señala con la mirada- al embajador iraní.

Habla de la buena relación que mantiene con los venezolanos, con los que encuentra similitudes en muchos aspectos, sobre todo en su "orientación familiar". Pero difiere con ellos en "su afición por las discotecas y las bebidas alcohólicas" y en que "nosotros estamos controlados por la religión".

"Somos gente trabajando junta. Quizás a los ricos en Venezuela no les gusta Chávez y no les gusta Irán porque no quieren que negociemos, pero los iraníes son pacíficos y grandes trabajadores".

Pequeña, dispersa y fluctuante

Fuentes oficiales afirman que en Venezuela residen cerca de un millar de iraníes, aunque esta cifra se dobla cuando se pregunta a miembros de la comunidad.

En lo que todos coinciden es en que se trata de un colectivo pequeño, fluctuante y disperso, mayormente compuesto por gente que trabaja en proyectos conjuntos, tales como fábricas de automóviles en Apure, tractores en Bolívar, constructoras de viviendas en Guárico y plantas de procesado de alimentos en Barquisimeto.

Tampoco se trata de una comunidad homogénea, sino dividida entre los recién llegados –generalmente afines a las líneas del gobierno bolivariano que les da empleo- y aquellos que desde hace décadas regentan negocios y sufren los embates de la falta de divisas para la importación.

Pero es difícil retratar fielmente a esta comunidad, ya que la embajada de Irán no aporta datos y muchos iraníes prefieren no hablar.

Venezuela, un mundo "mejor"

"Tienen miedo a perder sus trabajos y sus comercios", explica Jahan, de 26 años. "En Irán la situación es muy delicada, hay un paro enorme, los sueldos son muy bajos y esto es como una puerta para los iraníes".

Jahán, hijo de un iraní y una venezolana, ha vivido en Irán casi toda su vida, pero hace un año decidió venir a Caracas en busca de trabajo. "Aún dependo de ayuda de mis abuelos pero voy haciendo".

"Muchos de los que venimos pensamos en trabajar un tiempo aquí e ir a Estados Unidos. Aquí tenemos más ingresos y nos sentimos más libres y felices que en Irán, a pesar de que es mucho más inseguro".

En cuanto a la religión, dice que "las nuevas generaciones no quieren saber nada de la religión y los que la practican lo hacen por complacer a la sociedad y no perder el trabajo".

Presencia satanizada

Para Sandra Colmenares, periodista venezolana vinculada a la comunidad iraní, no se ha sabido acoger correctamente a esta comunidad.

Image caption Hay quienes consideran que en Caracas no se ha sabido acoger a la comunidad iraní.

"Se ha satanizado la presencia de los iraníes porque ahora están llegando en grandes números, pero ellos vienen porque son gente trabajadora y se les está ofreciendo una posibilidad de negocio".

"No se valora que están llevando a cabo un gran esfuerzo de adaptación. Muchos pierden peso al llegar por lo difícil que es encontrar carne halal y otros, que en toda su vida no han visto ni un codo en público y de repente tienen que ver los pechos operados de todo el mundo, es chocante, no es fácil", apuntó.

Relación polémica

Pese a evidentes diferencias culturales y religiosas, la comunión de intereses de grandes naciones petroleras da lugar a cierta comprensión mutua entre venezolanos e iraníes.

Los que defienden esta relación afirman que Venezuela ofrece excelentes oportunidades de negocio y una entrada comercial a Centroamérica, mientras Irán pone de su parte aportando expertos y tecnología.

Los que la critican seguirán emitiendo acusaciones mientras los polémicos presidentes de las dos naciones, Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad, sigan impulsando una relación envuelta en un aura de misterio.

Pero al margen de este teatro político, los iraníes de a pie en Venezuela parecen reclamar entre susurros su derecho a ser vistos como un colectivo inmigrante más, en busca de un mejor destino.

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