La salud en EE.UU: un hueso duro de roer

Barack Obama
Image caption Obama ha dicho que quienes se oponen a la reforma del sector salud no vencerán en esta ocasión.

Por casi cien años, el tema de la reforma del sistema de salud en Estados Unidos ha estado en la agenda política de una forma u otra.

Teodoro Roosevelt, quien gobernó hasta 1909, propuso una reforma que garantizara cobertura universal, y fracasó.

Harry Truman siguió sus pasos en la década de los 40 y su plan sucumbió víctima de las críticas que lo calificaban como un ejemplo del comunismo al estilo soviético.

Y a inicios de los 90, una virulenta campaña de sectores de negocios dio la estocada final a los planes de reforma del gobierno de Bill Clinton.

Ahora nuevamente, la principal promesa de campaña del presidente Barack Obama comienza a sufrir los efectos de una intensa campaña de oposición por parte de sectores republicanos y grupos de intereses.

Pese a que sus esfuerzos por lograr apoyo para esta reforma empezaron con buen pie, muchos temen que el mandatario no logrará su objetivo de aprobar el plan en el curso de este año.

"Con un posible voto contrario de los republicanos y unas filas democráticas cada vez más divididas, lograr un voto favorable no será fácil", señala la corresponsal de la BBC Laura Trevelyan.

Sistema complejo

Obama ha prometido una reforma que incluya extender la cobertura de salud a los 47 millones de estadounidenses que no cuentan con seguro médico y reducir significamente los costos del sector.

Estados Unidos gasta un 18% de su Producto Interno Bruto en salud, casi un 50% más que países como Francia, Alemania y Holanda.

Sin embargo, sus indicadores de salud son mucho peores que en cualquier país industrializado, juzgando por parámetros tales como la expectativa de vida al nacer y la mortalidad infantil.

Pero ¿por qué ha sido tan difícil hasta ahora reformar el sistema de salud? ¿hasta qué punto podría Obama salir exitoso donde otros han fracasado?

Grace-Marie Turner, presidente del Instituto Galen, un centro de investigación basado en Washington, dijo a BBC Mundo que la razón principal es que en Estados Unidos no hay un sistema de salud como tal.

"Tenemos muchos programas en el sector salud, todos ellos con diferentes regulaciones y presupuestos. Es un sector amplio y complejo, muy fragmentado. No es un sistema único y es realmente imposible encontrar una legislación única que abarque todo el sector", señala.

Y agrega que hay muchos intereses en conflicto y muchos puntos de vistas sobre cómo hacer esta reforma.

Varias investigaciones han apuntado a que esta fragmentación es en sí misma resultado de los sucesivos intentos de reformar el sector.

El premio Nóbel de Economía Paul Krugman señaló en un artículo publicado en "The New York Review of Books" que "fracasados intentos de cambiar el sector salud nos han dejado con un sistema en el que el gobierno paga directa o indirectamente por más de la mitad de los gastos de salud, pero el servicio en sí es ofrecido a través de una compleja y loca telaraña en el que convergen las compañías aseguradoras, los hospitales privados y otros sectores que añaden costo sin agregar valor".

Las lecciones de la historia reciente

Image caption Estados Unidos gasta dos veces más en el sector salud que países como Francia y Holanda, pero sus resultados son peores.

Pero el problema va mucho más allá de la complejidad del sistema.

La reforma que en 1993 propuso el ex presidente Bill Clinton constituye un buen ejemplo de los retos que tiene el nuevo mandatario estadounidense por delante.

El plan buscaba garantizar cobertura universal y para ello obligaba a todos los empleadores a pagar parte del costo del seguro médico para sus empleados.

Por otra parte, el gobierno planteaba regular estrictamente el sector seguro, para garantizar una tasa única a todos los asegurados y evitar que las compañías escogieran a quien asegurar o no, y buscaba además limitar el crecimiento de las primas de seguros.

El plan alienó a sectores claves: los empleadores se opusieron a la cláusula de contribución compulsiva al seguro, la asociación de aseguradores rechazó el aumento de las regulaciones y los republicanos denunciaron el plan por representar demasiada intervención del Estado.

Incluso sectores importantes de la población, principalmente de clase media, sintieron que esta reforma podía hacer precarios sus propios planes de salud. El plan sucumbió finalmente en medio de una campaña publicitaria que explotaba los temores de muchos estadounidenses.

Aaron Caroll, profesor de la Universidad del estado de Indiana, señaló a la BBC que estos intereses que se opusieron a los planes de Clinton constituyen el principal obstáculo para los planes de Obama.

"En Estados Unidos gastamos miles de millones de dólares al año en el sector salud. Eso implica mucha gente, haciendo mucho dinero y por lo tanto hay muchos intereses tratando de mantener las cosas como están", destacó Caroll.

El corresponsal de asuntos económicos de la BBC, Steve Schifferes, agrega que "la magnitud del sector implica que hay muchos intereses, de los hospitales privados, de las compañías farmacéuticas, de las aseguradoras, de los propios médicos, que sienten que saldrían perdiendo con esta reforma y tienen influencia en el congreso".

En ese contexto "no es difícil ver por qué tantos presidentes han fracasado en sus intentos de lograr una reforma de salud".

Batalla masiva

Image caption Obama ha puesto en marcha una serie de consultas públicas sobre el tema de la reforma del sistema de salud.

Como sucedió durante el gobierno de Clinton, grupos de oposición a ambos lados del debate gastan millones de dólares en una intensa campaña publicitaria promoviendo sus propias visiones de cómo realizar esta reforma.

Enfrentado con esta oposición, el mandatario ha abandonado algunas de sus propuestas específicas, dejando en manos del congreso los detalles de este plan, siempre que se cumplan dos requisitos claves: que extienda la cobertura para quienes no están asegurados y que se reduzcan los costos.

Pero la cobertura para los 47 millones de estadounidenses que no cuentan con seguro podría costar entre US$100 mil millones y US$200 mil millones.

No es sorprendente entonces que la reforma es atacada también entre sectores que propugnan por medidas estrictas para reducir el déficit fiscal.

"La pregunta es si este es el momento adecuado para adoptar una reforma tan costosa", señala Maya McGuineas del Comité Estadounidense para un Presupuesto Responsable.

Sin embargo, las preguntas claves siguen siendo girando en torno a los mismos temas que provocaron el fracaso del plan de Clinton, de Harry Truman y de otros presidentes: ¿quién paga por estas reformas? -¿los empleadores? ¿el público estadounidense a través de más impuestos?- y ¿qué tanta intervención del Estado debe haber en el sistema?

Y como sucedió con otros presidentes, el intento de conciliar todos estos intereses podría llevar al fracaso del plan o en el mejor de los casos limitar el alcance de la reforma.

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