Bombas contra la estabilidad

Nouri al-Maliki
Image caption Será muy difícil para los partidos venderse como estabilizadores del país.

Desde que las tropas estadounidenses se retiraron en junio de los núcleos urbanos iraquíes, la sensación de violencia en Irak no ha hecho más que aumentar.

Sin embargo, aún no es tan alta como hace tres años, cuando el país vivía sacudido por las luchas sectarias entre la mayoría chiita y la insurgencia sunita.

Aunque ahora, la frecuencia de los últimos ataques y el hecho de que las más recientes bombas estallaron en el corazón de la zona administrativa de Bagdad, junto a las sedes del gobierno, obliga a plantearse hasta qué punto son capaces las fuerzas de seguridad iraquíes de frenar esta escalada.

Tengan o no estos ataques un origen sectario, parece que su objetivo ha sido casi siempre desestabilizar el país y demostrar que el gobierno está perdiendo su control.

Esta percepción se hace incluso más nítida ahora que los políticos iraquíes han comenzado a prepararse para las próximas elecciones legislativas, que se deben celebrar a comienzos de 2010.

Pero si los ataques arrecian será muy difícil para los partidos venderse como estabilizadores del país, como aquellos que han devuelto la seguridad a Irak.

Al-Maliki, el más perjudicado

Algunos analistas concluyen que detrás de los últimos atentados no se esconden únicamente los sospechosos habituales -Al-Qaeda y los seguidores del partido Baas, del ex presidente Sadam Hussein-, sino también algunos actores políticos que quieren disipar cualquier posibilidad de victoria para el actual primer ministro, Nouri al-Maliki.

La violencia podría pasar factura al primer ministro y su coalición chiita, que hasta ahora han sido los grandes beneficiados del nuevo orden político del país. A ello se suma el evidente costo de las pérdidas humanas.

Image caption Bagdad y Washington acordaron la salida de todas las tropas antes de 2012.

Si los ataques no desaparecen, podría aumentar también el riesgo de una mayor desestabilización regional, con los países vecinos apoyando a diferentes grupos para asegurarse que los resultados de las elecciones acaben beneficiando sus propios intereses.

La encrucijada de EE.UU.

Bagdad y Washington han acordado la salida de todas las tropas estadounidenses antes de 2012.

Si el actual nivel de violencia persiste o, lo que es peor, aumenta, y los estadounidenses vuelven a suelo iraquí, pocos podrían sostener que Irak ha recorrido efectivamente el camino correcto hacia una verdadera independencia.

Además, Irak se convertiría en un serio dolor de cabeza para el presidente de EE.UU., Barack Obama, que ha colocado la salida militar del país en su lista de prioridades en política exterior.

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