Una dinastía que llega a su fin

Robert, Edward y John Kennedy en 1962
Image caption La sonrisa ganadora de los Kennedy.

La muerte de Edward M. Kennedy a los 77 años de edad, cierra el capítulo de la generación que cargó con las máximas aspiraciones políticas de una de las familias más influyentes de Estados Unidos.

Edward, conocido universalmente como "Teddy", era el más joven de cuatro hermanos en una familia de nueve hijos, católica y de ascendencia irlandesa.

El patriarca, Joseph P. Kennedy, fue un exitoso empresario con algunos supuestos antecedentes oscuros y enormes ambiciones sociales y políticas que se casó con Rose Fitzgerald, a su vez hija de un congresista por el estado de Massachusetts y dos veces alcalde de la ciudad de Boston.

Kennedy acumuló una enorme fortuna a través de varias empresas que incluyeron la importación de bebidas alcohólicas y fue amigo personal del entonces presidente Franklin D. Roosevelt, que lo nombró embajador de EE.UU. ante la corona británica a comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Pero sus pretenciones de llegar a un cargo público más alto se vieron coartadas cuando no demostró firmeza para enfrentar la amenaza de Hitler en Europa y recomendó que Estados Unidos no apoyara al Reino Unido en ese conflicto, perdiendo credibilidad como político.

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El favorito

Fue cuando Joseph Kennedy decidió pasar la carga de alcanzar la Casa Blanca a sus hijos, especialmente al mayor y favorito Joe, a quien empezó a preparar para una carrera presidencial.

Image caption John F. Kennedy enfrentó la crisis de los misiles en 1962.

A partir de entonces la familia entró a figurar ampliamente en el panorama político de Estados Unidos, un período marcado tanto por éxitos como por tragedias.

Con la muerte de Joe en un accidente aéreo, el segundo hermano, John, tomó la posta para continuar con el cometido de su padre.

John F. Kennedy, que no era tan imponente físicamente ni tan bien parecido como Joe, pero tenía un carisma especial y la sonrisa típica de su familia, llegó a la presidencia en 1961.

Como presidente enfrentó un mundo polarizado, superó la crisis de los misiles en 1962 que llevó a la Unión Soviética y EE.UU. al borde de una guerra nuclear e inició una política de buen vecino con América Latina.

Su presidencia no fue tan popular dentro de su país como lo fue en el exterior y cuando cayó asesinado en 1963, el mundo entero lo lloró.

Aunque diezmada, la familia continuó activa en la política. Tanto Robert, el tercer hermano, como Edward eran miembros influyentes en el Senado.

En 1968 Robert, a quien llamaban "Bobby", decidió entrar en la contienda presidencial con una plataforma en contra de la Guerra en Vietnam y a favor de una justicia social y racial.

Había esperanzas de un segundo Kennedy en la Casa Blanca, pero Bobby también sucumbió a las balas asesinas.

A la sombra

Image caption Ted nunca pudo escapar la memoria de lo que sucedió con Mary Jo Kopechne.

Todo el peso, entonces, recayó sobre los hombros de Teddy: el sino del destino político, el liderazgo del Partido Demócrata y la cabecera del gran clan familiar.

El estar bajo las sombra de los logros de sus hermanos mayores, desaparecidos e idealizados por el público estadounidense, ejerció enorme presión sobre Ted Kennedy.

Se vio asediado por el escándalo y una desastrosa vida privada que incluyó mujeres, alcohol, divorcio, sin mencionar el cáncer que afectó a sus hijos.

El incidente conocido como Chappaquiddick selló su destino. Una madrugada en 1969, el auto que conducía Kennedy cayó de un puente al agua ahogando a Mary Jo Kopechne, la joven pasajera que lo acompañaba.

Aunque logró sobrevivir políticamente el escándalo y continuó en el Senado, Chappaquiddick resultó ser un obstáculo insalvable cuando se postuló a la candidatura de su partido para la presidencia en 1980.

Nunca volvió a lanzar una campaña por la Casa Blanca, pero dentro de la Cámara Alta del Congreso logró un estatus de gran estadista, considerado por adeptos y rivales como el más influyente legislador de los últimos años.

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El delfín

Durante años, el público y los medios se preguntaban quién de las nuevas generaciones de los Kennedy podría levantar el estandarte político de la familia y ser una seria opción para la presidencia del país.

Image caption John Kennedy Junior lo tenía todo, menos una vida larga.

Los ojos se posaron sobre John Kennedy Junior, el hijo del asesinado presidente.

Joven, apuesto, director de una revista política, John hijo parecía el heredero natural, el delfín, que llevaría nuevamente el nombre hasta la Oficina Oval.

Trágicamente, John hijo murió en 1999 cuando la avioneta que pilotaba cayó cerca de la costa este de Estados Unidos.

El propio Ted dijo en el funeral de su sobrino que John "como su padre, tenía todos los dones, menos larga vida".

No obstante, varios Kennedy siguen cumpliendo una vida pública de mayor o menor grado.

Las mujeres se destacan por su labor social. Eunice, hermana de Ted que murió hace unas semanas, fundó las Olimpíadas Especiales.

Patrick, hijo de Ted, es representante en el Congreso y Caroline, hija de John F. Kennedy, sonó por un tiempo como senadora por el estado de Nueva York en reemplazo de Hilary Clinton que dejó el escaño para ser secretaria de Estado.

Pero ninguno de esa numerosa familia parece tener el peso político, el carisma, casi ni la sonrisa ganadora de esa primera generación Kennedy-Fitzgerald que dominó por medio siglo la política de Estados Unidos.

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