Francia: la "política de altura" en debate

Foto de archivo de Sarkozy y Obama, con sus respectivas esposas
Image caption Tacones, taburetes, y saludos en punta de pie son algunos de los recursos de Sarkozy para parecer más alto.

Muchos franceses se preguntan ahora cuánto hay de real o de mise-en-scène en las imágenes de sus políticos, después que el presidente Nicolas Sarkozy fuera acusado de aparentar en público más altura de la que tiene.

La controversia surgió cuando una trabajadora que estuvo en el mismo podio que Sarkozy durante una visita a una fábrica la semana pasada declaró que fue elegida por su baja estatura, para no sobrepasar al presidente.

La información divulgada por la televisión belga corrió como reguero de pólvora por internet y obligó a la presidencia francesa a rechazarla públicamente, mientras el opositor Partido Socialista le daba crédito.

La polémica tuvo lugar días después de que se descubriera que en una visita a un supermercado, el ministro francés de Educación estuvo rodeado de personas que posaron como clientes, lo que generó otro revuelo.

“La política ahora es un espectáculo”, dijo el politólogo francés Guy Hermet, experto en democracias europeas, en diálogo con BBC Mundo.

“Ya no se trata de programas que sirven para un año o más, sino producir cada semana algo nuevo que atraiga al público: la ciudadanía no es más que un público, como en el cine”, agregó.

“Exacto”

Sarkozy, de aproximadamente 1,65 metros de altura, visitó el 3 de septiembre la fábrica de Faurecia, en la región de Normandía, con el objetivo de defender su política económica en medio de la crisis.

Image caption Una empleada de la fábrica dijo haber sido elegida para estar en el palco por ser más baja que Sarkozy.

Su discurso tuvo lugar frente a un grupo de trabajadores sentados, mientras que a su espalda había un reducido grupo de obreros con túnicas blancas, cuyas estaturas eran similares o menores a la de Sarkozy.

Este fin de semana, el canal belga de televisión RTBF difundió una entrevista a una obrera que integraba el grupo del podio, a la cual un periodista le preguntó si era cierto que la eligieron en función de su altura.

“Sí”, respondió la mujer.

“¿El tema es no ser más alto que el presidente?”, repreguntó el periodista.

“Exacto”, volvió a responder la mujer.

Un delegado sindical de la fábrica, José De Sa Moreira, dijo en el sitio internet francés Rue89 que la escena fue armada a pedido de la Presidencia francesa, pero la dirección de Faurecia negó haber recibido “exigencias particulares del Elíseo (el palacio presidencial)”.

Tacones

Sarkozy es a menudo blanco de bromas de humoristas y dibujantes por usar tacos o ponerse en punta de pie para las fotografías junto a otros jefes de Estado o a su esposa Carla Bruni, considerablemente más alta.

Pero esta vez el servicio de comunicación presidencial reaccionó ante la información divulgada por el canal belga, que calificó como “completamente absurda y grotesca”.

En cambio, el portavoz socialista Benoit Hamon ironizó sobre la visita de Sarkozy a Faurecia. “La imagen es buena y la comunicación aceitada, pero el precio es una escenificación completa”, dijo.

Hamon denunció además que “una presencia policial masiva” prohibió el acceso de otros obreros a la fábrica para evitar protestas o manifestaciones.

“No se cree nada”

La Presidencia francesa ya había sido acusada de manipulación en julio, cuando una auditoría descubrió gastos por más de medio millón de dólares en encuestas que fueron divulgadas por algunos medios de comunicación.

Ahora, el episodio de Faurecia recordó otra polémica del mes pasado, cuando el ministro francés de Educación, Luc Chatel, visitó un supermercado para presentar frente a las cámaras los artículos necesarios para el año lectivo.

La prensa reveló que las personas que aparecían como clientes del supermercado en realidad eran sus empleados y Chatel tomó distancia de los hechos, que condenó y atribuyó a una iniciativa de la empresa.

Según el politólogo Hermet, la ciudadanía tiene actualmente “una gran incredulidad” sobre lo que hacen los políticos, pero dijo desconocer si eso supone “un retroceso o un progreso”.

“Cuando la gente se tragaba todo lo que inventaban los políticos, tal vez era muy tonta o cínica”, comentó. “Pero ahora estamos en el extremo contrario: ya no se cree nada”.

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