La cara más joven de la inmigración ilegal

Famille Bou Bess. Foto: Alejo Trujillo
Image caption Los músicos de Famille Bou Bess llegaron tras días de viaje en el mar. Foto: Alejo Trujillo

Basta de ricos, explotadores, ¡basta! / Basta de inmigración clandestina, ya no queremos ver más muertos en el mar, ¡basta!

Estas letras forman parte de una canción de Famille Bou Bess, un grupo de rap afincado en las españolas Islas Canarias. Pero son también parte de la vida de sus autores, Issa, Ibra y Beyatl, tres senegaleses que salieron clandestinamente de las costas de su país cuando apenas tenían 16 años.

Como ellos, se calcula que en España viven 5.000 niños y jóvenes extranjeros que arriesgaron su vida en el mar o se escondieron en camiones de transporte para tocar un suelo que consideraban el paraíso.

Y la cifra de los que vinieron solos y "sin papeles", sin ningún familiar o adulto que se hiciera cargo de ellos, va en aumento.

Como muestra, cinco niños de entre 10 y 11 años y un adolescente de 16 aparecieron hace unas semanas frente a las costas de Andalucía, navegando solos y a la deriva en una lancha de juguete.

"Cada vez son más los cayucos (barcos de pesca que se utilizan para transportar a inmigrantes clandestinos) que llegan a las costas españolas con menores a los que se acoge en centros especiales hasta que cumplen los 18 años", reconoció este verano el ministro del Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, durante una visita a Senegal, recoge la agencia EFE.

Vidas hipotecadas

A diferencia de lo que ocurre con los adultos, la legislación española de inmigración impide repatriar del país a los niños y jóvenes no acompañados si no hay garantías de que puedan volver con sus familias, o si se considera que ese regreso puede empeorar sus condiciones de vida.

"Hay familias en los países de origen que hipotecan todo lo que tienen para sacar adelante al que más posibilidades tiene de quedarse en Europa: el menor", explica Isabel Lázaro, especialista en Derecho del Menor de la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid, España).

Sin embargo, cuando llegan a España –la mayoría ateridos de frío, mojados y deshidratados- no les espera el añorado puesto de trabajo.

Los que escapan a la muerte en su travesía son internados en centros de menores hasta que son adultos. Entonces son abandonados a su suerte, cuenta Lázaro.

"O bien son expulsados del país o entran en el mundo de la economía sumergida. Las administraciones públicas no quieren regularizarles, porque tienen miedo de que después de ellos vengan sus familias".

Patrones menores

Mientras, en los países de origen, hay quien incluso se vale del especial tratamiento que da la legislación española a los menores para ponerles al frente de los cayucos, dice Gerardo Mesa, presidente de Cruz Roja en la isla de Fuerteventura.

"Cuando se aumentó la vigilancia de la fronteras y comenzaron a capturar a los patrones de los barcos (que transportan inmigrantes ilegales), se empezó a entrenar a menores de edad para dirigir las embarcaciones. Simplemente porque ellos no podían ser judicializados", explica.

Además, algunos adultos clandestinos dicen ser menores de edad para burlar la expulsión de la "tierra prometida". Por ello, es frecuente que las fuerzas de seguridad españolas sometan a los recién llegados a pruebas médicas que puedan determinar su edad aproximada.

Pero, ¿vale la pena?

En 2006, Issa Ndiaye, como sus compañeros del grupo Famille Bou Bess (que significa 'Nueva Familia' en francés y la lengua wolof), le ocultó a su madre que emprendería un arriesgado viaje de seis días en cayuco con destino al Puerto de los Cristianos, en la isla de Tenerife.

Fue a España porque algunos de sus compatriotas que ya habían llegado ilegalmente les contaban que su vida era perfecta allí: buenos autos, casas, un trabajo… y dinero.

"Es mentira", dice. "Pensábamos que en cuanto llegáramos empezaríamos a trabajar, pero nos engañaron".

Tampoco Ibra Sarr se encontró con lo que esperaba. "Al final, sin trabajo ni papeles, la vida aquí es más difícil que en Senegal", asegura este rapero, quien trabajaba en el sector de la construcción hasta que la crisis le dejó sin empleo. "No merece la pena venir".

"La gente siempre critica que haya inmigrantes, pero no piensan en por qué están aquí: porque ellos fueron a nuestros países a quitarnos los recursos", alerta Beyatl Diaw, el tercer componente del grupo.

"No tiene sentido decir que quieren nuestro oro o nuestro pescado, pero no a nuestra gente", lamenta.

Llamado de la ONU

Ante una problemática que parece haberse agravado en los últimos meses, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la infancia (Unicef) advierte en un informe de la "invisibilidad" de alguno de estos menores.

"Una parte de los niños, niñas y adolescentes que llegan a nuestro país pasan desapercibidos para el sistema de protección a la infancia", denuncia el estudio, especialmente los que acaban cayendo en "limbos jurídicos", en redes de prostitución de menores o en la drogadicción.

Ahora que se empieza a preparar una nueva ley de Extranjería, la organización ha solicitado al gobierno español que garantice la aplicación de la Convención de los Derechos del Niño por encima de los intereses del estado a la hora de regular el flujo de inmigrantes.

En definitiva, aseguran, buscan recordar una premisa a veces olvidada: que estos clandestinos son niños antes que extranjeros.

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