Entre el temor y el carnaval

Ceremonia en Wagah
Image caption La Fuerza india de Seguridad de Fronteras y los Rangers paquistaníes casi se rozan las narices en demostración de fuerza coreografiada.

El ambiente es festivo. Como de competencia deportiva o carnaval. Pero la promesa de un espectáculo coreografiado apenas logra disimular la realidad: me encuentro en la frontera entre India y Pakistán, una de las más complejas y volátiles del planeta.

El ruido de los altavoces anuncia que el ritual está a punto de comenzar.

Entre el público, crece la expectativa. Los turistas extranjeros a un lado, los nacionales a otro. El orden permanece por poco tiempo, hasta que las gradas se llenan a reventar.

Un grupo de mochileros se hacen fotos con soldados que parecen pavo reales. Unos jóvenes indios saltan al frente y comienzan a bailar.

Tan pronto como empieza a caer la tarde, se inicia la parada militar en el paso fronterizo de Wagah, la única conexión por carretera entre India y Pakistán durante más de 60 años.

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La Fuerza india de Seguridad de Fronteras y los Rangers paquistaníes compiten durante más de media hora en pompa y vistosidad y casi se rozan las narices en una demostración de fuerza que tiene mucho de danza marcial para al final arriar las banderas de los dos países y cerrar las puertas del muro divisorio.

Pero lo que, desde el lado indio donde estoy, aparenta una producción de Bollywood, con su parafernalia colorida de uniformes y turbantes, botas alzadas y pechos inflados, esconde a duras penas la tensión entre dos potencias nucleares a menudo dispuestas a la pulseada en la arena política.

Comunidades divididas

Bautizado por la prensa como "el Muro de Berlín" de Asia, este paso fronterizo es puente de unión entre las ciudades de Amritsar, en India, y Lahore, en Pakistán, pero divide en dos mitades, desde 1947, al pueblo de Wagah. De ahí las comparaciones con la capital alemana.

En el mismo corazón del Punjab, el muro divisorio, que se extiende por cientos de kilómetros, es un legado de la tragedia que significó la Partición, cuando tras la independencia del Reino Unido, comunidades y familias quedaron divididas y millones de personas escaparon hacia un lado y otro de la frontera de los dos países que surgían en medio de una violencia descontrolada.

Image caption Se dice que es la única frontera con un auditorio.

Raghbir Singh recuerda los días de la Partición. Él tenía 19 años y no olvida los trenes cargados de cadáveres y heridos, los llantos, la tragedia humana de esos "malos tiempos". Antes de que se trazaran fronteras y levantaran muros, dice a la BBC, "vivíamos como hermanos; a todos nos iba bien".

Pero lo que para él es pasado, para Hardev Singh es presente. Este campesino cultiva un lote familiar en "tierra de nadie" y necesita un permiso especial para acceder a sus arrozales en el otro lado de la alambrada.

Sólo se le permite cruzar sin acompañantes y en ciertos momentos, a lo que se suman las restricciones en el tamaño de los cultivos y los registros corporales. "Cuando estoy en la tierra de mi propiedad ni siquiera tengo la impresión de que India es un país independiente", asegura a la BBC.

Y estas limitaciones de movimiento, por las que los pobladores de un lado no pueden conocer los pueblos a muy corta distancia en el otro lado, contribuyen a que crezcan el desconocimiento y la desconfianza entre las comunidades, como señalan los analistas políticos.

Toda la frontera

Fue a finales de la década de los años '80, con el argumento de "combatir el terrorismo", que India comenzó a levantar barreras fronterizas en los estados de Punjab y Rajastán en un intento de impedir el tráfico de armas. El presunto éxito de ese empeño estimuló que se fueran alargando los muros.

Pero lo que observo en este estado del noroccidente indio no es sino una pequeña pieza del rompecabezas fronterizo entre dos países que comparten más de 2.900 kilómetros de frontera.

Image caption Al caer la tarde se arrían las banderas.

Esa cifra incluye la frontera de facto en la disputada región de Cachemira, conocida como Línea de Control (conocida como LOC, por sus siglas en inglés), una barrera de alambres, combinados con minas y alta tecnología, erigida a casi todo lo largo de los 740 kilómetros de frontera no reconocida.

Originalmente bautizada como Línea de Cese el Fuego, la barrera comenzó a levantarse en la década de los años '90 por parte de India pese a las objeciones de Pakistán, cuyas autoridades alegan que se están violando acuerdos bilaterales e internacionales debido a que línea fronteriza en esa zona no está demarcada.

La valla, cerca de la cual también Pakistán ha erigido puestos militares, ha sido una constante fuente de fricción, que a veces se ha saldado con intercambio de fuego.

De acuerdo con funcionarios indios de fronteras, la idea es que toda la línea divisoria entre India y Pakistán esté cubierta por barreras, con la única excepción de aquellos terrenos -montañas o pantanos- donde las condiciones hagan imposible levantar un muro.

En la actualidad, casi la mitad de la frontera ya está cubierta por muros, alambradas o fortificaciones.

Y mientras siguen los enfrentamientos de las autoridades de uno y otro lado en las esferas diplomática y política, la realidad en el terreno sigue siendo la de dos vecinos que un día fueron parte un mismo país, pero que hoy viven de espaldas.

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