Así es la ofensiva militar contra el talibán paquistaní

Ejército pakistaní en Waziristán.
Image caption Si la ofensiva actual tiene éxito, el ejército deberá actuar en otras regiones del país.

La ofensiva del ejército pakistaní contra los talibanes y los militantes de al-Qaeda en el bastión de la tribu de los mehsud en Waziristán del Sur tiene un objetivo fundamental: destruir la fuente de ataques militantes en el país.

Los analistas interpretan la ofensiva terrestre que lanzó el ejército paquistaní el sábado como el intento más serio de liquidar la red militante en la región.

Esta conclusión se basa en la comparación con las tácticas que el ejército había empleado hasta ahora.

A diferencia de las operaciones previas, que siempre fueron débiles, caóticas e inconclusas, parece que llegó momento de planear una operación metódica y contundente.

Bastión talibán

Image caption El líder de los talibanes de la región, Hakimullah Mehsud, sucedió a Baitullah Mehsud tras su muerte en agosto.

El ataque por tierra llega después de cuatro meses de sitio al territorio de los mehsud, un tiempo durante el que se animó a la población civil a abandonar la zona y la movilidad de los militantes fue restringida.

Durante este periodo, el ejército intentó persuadir a las redes de militantes en las regiones tribales limítrofes para que permanecieran ajenas al conflicto.

La operación militar comenzó a avanzar en dos frentes, desde el sureste y el suroeste, con la intención de hacer retroceder a los militantes hasta su bastión de Makin-Ladha, donde podría librarse la última batalla.

Al mismo tiempo, el ejército está intentando aislar a los militantes más radicales del resto de la insurgencia para minimizar así su liderazgo lo máximo posible.

Objetivos múltiples

Según fuentes militares, el primer objetivo del ataque serían los militantes de etnia uzbeca originarios de Asia Central, seguidos por los guerrilleros extranjeros procedentes de Oriente Medio y el Norte de África.

La última prioridad del ejército sería la eliminación de combatientes locales que rechacen entregar las armas.

En un noticiero, el vocero del ejército aseguró este lunes que hay entre 8.000 y 10.000 combatientes en la región, de los cuales cerca de 1.000 son extranjeros.

Sin embargo, según el portavoz militar, no todos los militantes radicales están igual de motivados, ya que muchos de ellos se habrían incorporado a la insurgencia bajo amenazas.

Con este mensaje, el ejército pretende fomentar la deserción de esos combatientes "poco convencidos".

Preparados para resistir

En cambio, para los militantes radicales quedan dos opciones: luchar hasta el final, o huir de la zona e intentar combatir en otro momento.

De momento, su respuesta ha sido atrincherarse y resistir en las dos líneas del ataque del ejército.

Los analistas creen que la resistencia será feroz, pero pocos confían en que los militantes islámicos aguantarán durante mucho tiempo contra una fuerza terrestre superior y frente a la precisión de los bombardeos aéreos.

La opinión generalizada es que al final abandonarán sus posiciones y adoptarán la estrategia de ataques de guerrilla, como ya hicieron los militantes del valle del Swat.

Sin embargo, a diferencia de lo que pasó en Swat y otras partes de Malakand, los militantes de Waziristán del Sur tendrán que combatir en un territorio más hostil, desprovisto de agua y de bosques.

Células durmientes

Por esta razón, se cree que la mayoría de ellos, incluidos los extranjeros, huirán de la zona.

Y la ruta más sencilla para ellos sería dirigirse al sur a través del paso de Gomal y desaparecer en los vastos páramos de Baluchistán.

Otros podrían huir a las regiones limítrofes de Lakki y Bannu para llegar hasta Mir Ali, donde los combatientes árabes hace tiempo que mantienen una base, o dirigirse hacia el norte por la región de Orakzai, donde los mismos mehsud disponen de cierta infraestructura.

Algunos observadores occidentales temen incluso que expertos fabricantes de explosivos vinculados a al-Qaeda en la región puedan acabar en alguna de las "células durmientes" de militantes que existen a lo largo del mundo y aumenten su capacidad para llevar a cabo ataques en Occidente.

Para el ejército paquistaní, un éxito en Waziristán del Sur supondría casi inmediatamente la necesidad de continuar la operación en la región de Orakzai-Darra Adamkhel con el fin de prevenir un incremento de ataques sobre Peshawar, la capital de la provincia de la Frontera del Noroeste.

Por otro lado, todavía no están claros los planes del gobierno para controlar a los militantes que intenten refugiarse en Baluchistán.

Tampoco está claro qué pretenden hacer con la red Haggani –operativa en Waziristán del Norte- y otros grupos afines en la región.

Red Haggani

Image caption Miles de civiles han tenido que abandonar la zona a consecuencia de los combates.

Según los analistas de defensa en Pakistán, la red Haggani, vinculada a al-Qaeda, está formada por varios grupos militantes de Waziristán.

Entre estas organizaciones destacan el grupo de Hafiz Gul Bahadur en Waziristán del Norte y los del Mullah Nazir y de Baitullah –ahora Hakimullah- en las zonas wazir y mehsud de Waziristán del Sur.

La operación actual está limitada a la zona mehsud, que abarca menos de un cuarto de la región de Waziristán y se encuentra alejada de la frontera con Afganistán.

El papel de los combatientes mehsud en aquel país ha sido marginal y ha limitado a ataques e incursiones en territorio paquistaní.

A diferencia de los mehsud, los otros grupos de la red Haggani firmaron acuerdos de paz más o menos duraderos con el ejército paquistaní y están fuertemente involucrados con operaciones dentro de Afganistán.

En Pakistán se da por sentado que estos grupos acordaron no interferir en la campaña del ejército contra los talibanes mehsud.

Pero, ¿qué se les dará a cambio y qué papel tienen los estadounidenses en todo esto?

Aparentemente, la cuestión del futuro de la red Haggani es más importante para los Estados Unidos y las fuerzas de la OTAN en Afganistán que el destino de los militantes mehsud.

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