El agridulce premio de la libertad

La Puerta de Brandenburgo, Berlín
Image caption La Puerta de Brandenburgo se construyó en Berlín en 1791 para simbolizar la paz

La desconfianza mutua entre los alemanes del Este y del Oeste que siguió a la caída del Muro de Berlín está disminuyendo a medida que se está comenzando a dar mayor reconocimiento a los valores sociales del lado oriental.

Ha pasado mucho tiempo antes de que la predicción de Willy Brandt se convirtiera en realidad. Después de la caída del Muro, el otrora canciller de Alemania Occidental pronunció la famosa declaración: "Lo que tenía que estar unido empieza a unirse".

Si te paras hoy ante la Puerta de Brandenburgo, construida en 1791 como símbolo de la paz, y miras hacia el Este, en la dirección de la avenida Unter den Linden, verás que en Berlín esto se ha convertido en una realidad.

El vibrante corazón de la ciudad se ha desplazado del antiguo y acartonado Oeste hacia los comercios y cafés de lujo del renovado Este, y hacia los centros de entretenimiento de Alexanderplatz, donde antes estaba el lado oscuro y comunista de la ciudad.

Uno de los nuevos héroes culturales del Este es un novelista nacido en Dresde, Ingo Schulze, que acusa a Oeste de comportarse "como si la libertad fuera su regalo para nosotros".

Algunos de los argumentos de este escritor se consideran herejías, pero ya empiezan a ganar adeptos.

El autor explica que, para muchos, los puntos básicos de la vida bajo el hoy descalificado socialismo de Alemania del Este (como fueron la asistencia social y las garantías laborales) eran mejores de lo que vino a continuación, y que la libertad sin justicia social no es libertad en absoluto.

Schulze insisite en que la Alemania unificada inicie ese debate ahora, porque nunca sucedió hace 20 años. El Este le está respondiendo.

"Una marea de rostros"

La influencia del Este está modificando Alemania de formas que apenas lentamente se empiezan a notar.

Ángela Merkel, la recién reelecta canciller, es hija de un pastor protestante proveniente de una región subdesarrollada de la antigua Alemania del Este, la cual no se ha recuperado aún del impacto de la reunificación nacional; de hecho, la privatización forzada de las empresas estatales destruyó muchas comunidades de la zona.

A su vez, el mapa político de las pasadas elecciones muestra al Este de Berlín y a sus áreas adyacentes en morado, el color del partido de izquierda, que representa la voz de aquellos que quedaron descontentos tras lo que interpretan como la reunificación forzada de las dos Alemanias.

Uno de los hombres que representa la revolución de Alemania Oriental es Jens Reich, un líder del pacifista movimiento cívico que finalmente derrocó al Estado policial.

Me reuní con él en el lugar que fue escenario de unas de las más importantes manifestaciones anti comunistas, la iglesia de Sión en el Este de Berlín.

Image caption El 4 de noviembre de 1989, el Este se manifiesta en Alexanderplatz; la caída del Muro estaba cerca...

"Había medio millón de personas", recordó acerca de esos impactantes acontecimientos. "Una marea de rostros se extendía en el horizonte y el sonido de los altoparlantes me alcanzaba desde tres direcciones".

"No sabía cuán fuerte o rápido debía hablar; sólo tenía un trozo de papel con algunos apuntes".

Fue así cómo Jens Reich describió la concentración masiva en Alexanderplatz el 4 de noviembre 1989, en la que él mismo instó a la muchedumbre a reclamar la libertad que el Partido Comunista les había negado.

Movimiento irresistible

Para entonces, las oleadas de rebelión popular ya no se podían detener.

Reich recalca que las fuerzas externas por sí solas (incluso aquella decisión del entonces presidente soviético Mijáil Gorbachev de permitir a Europa del Este elegir su propio camino), no habrían causado la caída del Muro.

Los grupos opositores habían germinado durante años anteriores en lugares como la iglesia de Sión, donde existía una imprenta subterránea para alimentar lo que sería una revolución del poder popular.

En una brutal redada de la policía secreta del Stasi (el Ministerio de Seguridad estatal), los disidentes fueron golpeados y arrestados mientras salían de la iglesia. Esto sucedió dos años antes de la caída del Muro.

Sin embargo, tales enfrentamientos y movilizaciones de resistencia a lo largo de Alemania oriental, llevaron finalmente a millones de personas a arriesgar sus vidas a fin de derrocar el Estado unipartidista y su brutal maquinaria de represión.

Hoy, a la edad de 70 años, Jens Reich es todavía, como antes, un científico respetado. De alguna forma es aún un disidente, al igual que otros miembros de ese movimiento popular que buscaba una progresiva e igualitaria unificación con el Oeste. Esta opción hubiera sido más positiva, en lugar de lo que sucedió, al Alemania del Este ser absorbida por las leyes y la constitución de la República Federal.

Positivo y negativo

Image caption No todo fue tan positivo tras la caída del muro entre las dos Alemanias

Es fácil comprender por qué algunos recuerdos de la reunificación son agridulces; menos de dos años después de que el Muro cayese, al menos la mitad de los alemanes del Este en edad laboral (alrededor de unos cinco millones de personas) se encontraban sin un trabajo real.

Las policlínicas de salud y los clubes sociales, que tanto valor tenían en los tiempos de comunismo, se clausuraron.

Aún así, el Este consiguió su libertad y el Marco alemán.

Jens Reich está satisfecho con la caída del Muro y contento de que las nuevas generaciones, que incluyen a sus propios hijos, son hoy en día ciudadanos del mundo, con libertad para elegir dónde vivir; en Gran Bretaña, en España o en Estados Unidos.

Sin embargo, obtener el premio de la libertad no ha sido tan dulce como imaginaba.

"Lo que siguió debió haber sido más positivo. Ahora es un problema para una Alemania unida".