Francotirador no muestra remordimiento

John Muhammad
Image caption El francotirador John Muhammad será ejecutado este martes.

Era 3 de octubre de 2002 cuando en la ciudad de Washington -y suburbios de Virginia y Maryland- se dieron cuenta que algo terrible estaba ocurriendo.

Esa mañana, en una espacio de apenas dos horas, cuatro personas fueron asesinadas. Todas con un disparo a distancia, el estilo característico de un francotirador.

La naturaleza aleatoria de los disparos dejaron atónita a la ciudad.

Un hombre murió mientras cortaba el césped en una transitada calle. Un taxista de medio tiempo murió mientras ponía gasolina a su auto en una estación.

Una mujer perdió la vida cuando limpiaba su van. La cuarta cuando estaba sentada en un banco.

Y en una horrible hora del día, a las 21:15 hora local (02:15 GMT) se produjo otro asesinato. Esta vez en un estacionamiento en Virginia.

Pánico

Al día siguiente los disparos continuaron sin ritmo ni razón aparente.

Se activó una operación policial masiva, y el asesino pasó a ser conocido como "el francotirador de Washington".

Tres días más tarde, el niño de 13 años, Iran Brown, recibió un disparo fuera de su escuela.

El menor sobrevivió, pero su caso convirtió la búsqueda del francotirador en una cacería para la policía; personificada en la cara llena de lágrimas del jefe Charle Moose.

"Disparar a un niño", dijo ante las cámaras, "significa que se torne muy, pero muy, personal".

Image caption La policía inició una cacería humana para encontrar al francotirador (foto archivo de 2002).

Y los asesinatos continuaron.

Los residentes de Washington y los suburbios de Maryland y Virginia estaban cerca del pánico. La gente se ponía de cuclillas cuando estaban en la parte delantera de las gasolineras. Los niños corrían en zig zag hacia el autobús.

La policía buscaba en helicóptero una van blanca, cuyos testigos sugirieron que podría estar relacionada con los disparos.

Entonces, el 9 de octubre, Dean Meyers fue asesinado en Virginia cuando ponía gasolina a su auto.

En su ciudad natal, Perkiomenville, Pennsylvania, el hermano de Dean, Bob, le contó a la BBC que la víctima era un hombre silencioso y gentil que nunca llegó a casarse con su pareja.

Era un ingeniero civil y un veterano de la guerra de Vietnam.

"Mi sobrino y su mujer vinieron a mi casa como a las cinco de la madrugada", recuerda Bob. "Fue como una tonelada de ladrillos".

Bob le había sugerido a su hermano que dejara Washington por su seguridad. Pero "estaba tan seguro de que no le pasaría a él. Lo estábamos esperando para el fin de semana... pero nunca llegó".

Bob reflejó la ironía de Dean sobreviviendo a un combate en Vietnam, pero no a un francotirador de Washington.

Al final no se trataba de una van blanca. Era un Chevrolet azul tipo Caprice que fue descubierto en una parada de camiones en Maryland el 24 de octubre.

Dentro se encontraba un agitado ex soldado John allan Muhammad, de 41 años, y un adolescente de 17, Lee Malvo.

Ellos tenían un rifle Bushmaster calibre .223 con mira telescópica.

"Sin remordimiento"

Muhammad había modificado el auto de manera tal que él o Malvo pudieran arrastrarse del asiento de atrás al maletero.

Un pequeño agujero permitía que saliera la punta del rifle, lo que los hacía invisibles cuando apretaban el gatillo.

En conjunto dispararon a 13 personas. Diez de ellas murieron.

Un año más tarde, Muhammad fue a juicio por la muerte de Meyers. Durante la comparecencia se vio a un hombre inteligente y con don de palabra; pero vengativo y furioso por sus propios fracasos y el distanciamiento de sus hijos.

El fiscal, Paul Ebert, le dijo a la BBC que desde entonces ha estado poco comunicativo.

Incluso se rehusó a tomar la decisión macabra de cómo quería ser ejecutado, si con la silla eléctrica o con una inyección letal.

Si la ejecución se produce, morirá con una inyección.

"No mostró ningún tipo de remordimiento del que yo me haya podido percatar", continúa Ebert. "Tampoco tengo informes de remordimientos durante el tiempo que ha pasado en prisión".

"Estoy seguro de que si tuviera la oportunidad, volvería a matar", agregó.

La ex esposa del asesino, Mildred, le dijo a la BBC que su personalidad cambió radicalmente cuando, como soldado, tuvo que ir a Arabia Saudita a propósito de la Guerra del Golfo.

"A su regreso... estaba confuso, perdido, inseguro de sí mismo o de sus habilidades para hacer algo. Estaba absolutamente silencioso".

Mildred agregó que creía que su ex esposo había intentado matarla como castigo de haberlo dejado y apartado de sus hijos.

La mujer también cuenta que en una oportunidad escuchó a Muhammad hablar de la habilidad que tiene un individuo para aterrorizar una ciudad.

"Estábamos viendo una película y él dijo, 'yo podría aterrorizar a una pequeña ciudad, podrían pensar que se trata de un grupo, pero sólo sería yo'".

"Yo le pregunté que por qué haría eso, y cambió de tema", agregó.

Muhammad fue sentenciado a muerte en Virginia por la muerte de Dean Meyer. La Corte Suprema ha rechazado su apelación y ahora sólo el gobernador de ese estado podría darle clemencia en el último minuto.

Por su parte, el joven Malvo fue sentenciado a cadena perpetua. Todavía se sabe poco de las razones que unían a los dos asesinos.

Malvo ha mostrado remordimiento. Pero el estado de ánimo de Muhammad sigue siendo un misterio.

Image caption Los asesinos modificaron un Chevrolet azul tipo Caprice para realizar los disparos y esconderse.

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