Juegos de guerra y de negociación con Irán

Planta nuclear iraní (Foto: Archivo)
Image caption EE.UU. deja la posición de prevenir un Irán nuclear y se inclina por contener a un Irán nuclear, indicó Gold.

Un ejercicio de simulación, en el ámbito de la Universidad de Harvard, sobre el posible desarrollo de las gestiones internacionales en relación con la capacidad nuclear iraní, llama mucho la atención en centros diplomáticos y académicos.

Durante el "juego", organizado por el Centro Belfer de Estudios Internacionales de la universidad estadounidense, los participantes debieron abordar una serie de interrogantes básicos, entre ellos:

-¿Será posible impedir que Irán alcance la capacidad para producir armas nucleares? (La conclusión de la simulación es "no").

-¿Se podrá contar con el apoyo de Rusia y China para un sistema internacional de sanciones? ("No").

-¿Podrá Estados Unidos obtener de Israel la promesa de abstenerse de un ataque aéreo unilateral a las instalaciones nucleares iraníes? ("No").

-¿Las presiones externas y la inquietud interna persuadirán al régimen de Teherán de moderar su política nuclear? ("No").

Los resultados son muy desalentadores para Estados Unidos, según informa David Ignatius, columnista del Washington Post. "En mi tarjeta el Equipo Irán fue el ganador y el Equipo Estados Unidos el perdedor", escribió Ignatius.

Académicos, ex funcionarios y otros expertos en asuntos internacionales y diplomacia participaron en el ejercicio concebido para cubrir las gestiones entre diciembre de este año y diciembre de 2010.

El equipo

Nicholas Burns, ex subsecretario de Estado de EE.UU., interpretó el papel de Presidente Barack Obama; Dore Gold, ex embajador israelí ante las Naciones Unidas, actuó como el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, mientras que Gary Sick, un reconocido experto en asuntos iraníes, fue jefe del Equipo Irán.

Varios participantes coinciden con las conclusiones generales del informe de Ignatius.

"Nosotros comenzamos el juego creyendo que teníamos una mano muy débil, pero hacia el fin casi todos estaban negociando con nosotros", dijo el "iraní" Sick en su blog: "Para mí, la principal lección no fue que Irán pudiera ganar tan fácilmente, sino que Estados Unidos y sus aliados no fueran capaces de imaginar ninguna alternativa".

Gold, que interpretó a Netanyahu y conoce a fondo los entresijos de la política y la diplomacia de Israel y Estados Unidos, dijo al Washington Post que "Washington está dejando la posición de prevenir un Irán nuclear y ahora se inclina por contener a un Irán nuclear, abrevando en la experiencia de la Guerra Fría. Esto quedó muy claro en la simulación. Israel, en cambio, todavía cree que se debe prevenir un Irán nuclear."

Este tipo de aporte es lo que hace particularmente importante esta simulación para políticos y diplomáticos, en relación con uno de los temas más espinosos del panorama internacional.

Nos dice que, según algunos de los expertos más respetados, Estados Unidos estaría dispuesto a tolerar un régimen iraní con capacidad para producir armas nucleares, y hasta con un arsenal de ellas, a pesar de que públicamente afirma lo contrario.

También ofrece alarmantes indicios sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israel, al hacerse evidente la divergencia entre los intereses nacionales de ambos países sobre la forma de tratar a Irán.

"Obama" y "Netanyahu" discutieron el tema en un ambiente muy tenso. Obama pidió al primer ministro que prometiera no atacar a Irán sin la autorización de Estados Unidos. Netanyahu replicó que no podía subordinar la seguridad de su país a la aprobación de otro gobierno. Obama, entonces, cerró la conversación diciendo que en tal caso Washington se reservaba la carta de denunciar públicamente el ataque.

Durante la conversación, "Obama" recordó a Netanyahu el antecedente de la Crisis de Suez, en 1956, cuando Estados Unidos forzó a Israel, Francia y Gran Bretaña a interrumpir sus operaciones contra Egipto, que había nacionalizado el Canal.

Estas y otras divergencias, en particular la insistencia del gobierno israelí de no suspender indefinidamente la construcción de asentamientos en territorio palestino, ha llevado a algunos analistas a pronosticar una ruptura entre Washington y Tel Aviv.

Andrew Sullivan, en la revista The Atlantic, dice que “"o cierto es que Israel y Estados Unidos tienen intereses muy diferentes sobre Irán, y si Israel lanza una guerra en contra de los deseos de Estados Unidos, entonces la alianza nunca volverá a ser la misma".

Otro elemento de juicio, que ha llamado la atención en círculos políticos y diplomáticos, es la repercusión que podrían tener las propuestas en el Congreso estadounidense de sancionar a las empresas que operan en el sector energético iraní.

Las empresas

El problema es que varias de esas empresas son rusas y chinas. Y es a Moscú y Pekín donde se acude para pedir solidaridad con las sanciones contra Irán que se preparan en el ámbito de las Naciones Unidas.

No es de extrañar que, en la simulación, tanto Rusia como China iniciaran, tras la sanción a sus propias empresas, negociaciones más o menos secretas con Teherán.

Gary Sick, en su blog, compara la actitud de sucesivos gobiernos de Estados Unidos, sobre las sanciones a Irán, con el dilema del perro que persigue al ómnibus: "¿qué hace el perro cuando alcanza al ómnibus?".

Image caption El juego ofrece "alarmantes indicios sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israe"l, señaló Fain Binda

La respuesta, claro, es que el perro alcanza al ómnibus y no puede hacer nada.

En su condición de jefe del Equipo Irán, Sick dice que él y sus colaboradores se sintieron solos en ocasiones, pero "nunca sentimos que nuestros objetivos básicos (libertad para avanzar con los planes nucleares y nuestro creciente apetito por la represión política interna) corrieran riesgo, y mucho menos que estuviera amenazada la supervivencia de nuestro régimen, que era lo que más nos importaba".

Sick también señala que el Equipo Estados Unidos se concentró en el asunto nuclear, sin presionar demasiado al Equipo Irán sobre otros asuntos de gran importancia, como la estabilidad en la región del Golfo, el apoyo a Hezbolá (que sí interesó a Israel) y la situación en Irak, entre otros.

Nicholas Burns, el "Obama" del juego, dijo al Washington Post que "a mi juicio debemos buscar una solución a largo plazo, evitar una tercera guerra en el Medio Oriente y desgastar a los iraníes con el tiempo".

El ex subsecretario de Estado no ve razones para el optimismo en las negociaciones reales previstas para el año que viene: "Es probable que Estados Unidos no reciba ayuda de Rusia y China, Irán (aunque dividido internamente) no cooperará, Europa será débil y Estados Unidos puede verse forzado a contener a Israel".

La simulación es un juego, sí, pero un juego que los verdaderos protagonistas estudian con mucha atención, porque les muestra qué puede funcionar y qué puede fallar en las negociaciones.

Es posible, también, que el estudio de estas gestiones ficticias inspire en alguien particularmente imaginativo una jugada diferente, un gambito ganador.

En este caso en particular, a ninguno de los participantes se le ocurrió nada realmente original.

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