El factor religioso en Irán

Una mujer iraní delante de una imagen del imán Hussein, nieto del profeta Mahoma
Image caption Los presuntos descendientes del profeta Mahoma poseen privilegios en la sociedad musulmana.

El aprovechamiento del factor religioso, por ambos bandos, forma la trama más íntima y acaso decisiva del actual proceso político iraní.

En esto, la oposición ha actuado con más habilidad y oportunismo que las autoridades, a pesar (o tal vez debido) al monopolio que el régimen pretende ejercer de la religión como instrumento de poder.

La táctica del régimen consiste en presentar a la oposición como enemiga de la revolución islámica, en el plano religioso, y como servidora de Occidente y en particular de Estados Unidos en la dimensión política.

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Los dirigentes opositores, muchos de ellos clérigos muy devotos y revolucionarios de la primera hora, se han esforzado en destacar que su movimiento respeta en forma escrupulosa la ortodoxia chiíta y los objetivos originales de la revolución que en 1979 derrocó al Sha.

(Esto pone en perspectiva las esperanzas de muchos políticos y observadores occidentales, que esperan acaso ingenuamente una notable "flexibilidad" de un futuro régimen nacido de la actual oposición.)

La ofensiva opositora de los últimos días ha sido devastadora, tanto en lo religioso como en lo político.

La descendencia

Los últimos episodios de violencia, en particular el asesinato de un sobrino del líder opositor Mir Hussain Mousavi, tienen un significado especial para los iraníes, ya que coincidieron con el Ashura, el día de duelo por el martirio del imán Hussein, el nieto del profeta Mahoma, en el año 680 de nuestra era.

La transición de la pugna entre lo político y lo religioso se manifiesta en el hecho de que los manifestantes, que tras las elecciones presidenciales de junio gritaban consignas contra el presidente Mahmoud Ahmadinejad, ahora atacan nada menos que al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

"En el mes de la sangre, que muera Yazid", era una de las consignas. El Ashura es el décimo día del Muharram, el primer mes del calendario, durante el cual la violencia está prohibida.

Ubayd Allah ibn Yazid fue el califa que ordenó la matanza del nieto de Mahoma y un centenar de sus familiares y partidarios.

Y para completar el cuadro, cabe señalar que la familia Mousavi sostiene que desciende del Mahoma. Para un gobierno iraní, guardián de la tradición chiíta, asesinar a un descendiente del profeta el mismo día en que se llora el martirio del imán Hussein es una torpeza casi increíble.

El cadáver de Ali Mousavi, de 36 años, ha desaparecido de la morgue, según denuncia su familia, aunque las autoridades sostienen que es objeto de "análisis forenses".

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La familia asegura que Ali fue asesinado por un comando paramilitar. Las autoridades han ensayado diversas versiones, entre ellas que fue alcanzado por una bala perdida, disparada por manifestantes.

Los descendientes de Mahoma, reales o supuestos, conocidos con el tratamiento de sayyid, o sharif, tienen sus privilegios en la sociedad.

Debilidad política

Image caption La brutalidad Sha Reza Palevi fue uno de los principales motivos invocados para su derrocamiento en 1979.

Es obvio que el régimen, además de culpar de la violencia a la oposición, quiere evitar que el duelo encienda nuevas manifestaciones, pero el episodio refleja, a ojos de muchos observadores, además de un grosero error en el plano religioso, el debilitamiento de su control político.

La pérdida de credibilidad religiosa del régimen no está determinada únicamente por la sospechosa muerte de Ali Mousavi, ya que cualquier acción violenta de un gobierno en el día de Ashura es un acto contra la fe.

"Ashura es un día muy simbólico en nuestra cultura, porque reaviva la noción de que los inocentes fueron asesinados por un malvado. Matar gente en Ashura demuestra hasta qué punto Jamenei está dispuesto a reprimir las protestas", dijo Fetemeh Haghighatjoo, una ex parlamentaria iraní, profesora en la Universidad de Massachusetts, Estados Unidos.

El tabú religioso a los actos de violencia, inmediatamente antes, después y durante Ashura, ha sido respetado tradicionalmente en la sociedad chiíta.

El ex candidato presidencial Mehdi Karroubi dijo el lunes que hasta el Sha Reza Palevi, cuya brutalidad fue uno de los principales motivos invocados por la revolución que lo derrocó en 1979, se abstuvo de ordenar a sus tropas que dispararan contra la oposición en Ashura.

Los acontecimientos de los últimos días demuestran, una vez más, que la religión, como instrumento político, es más eficaz para desestabilizar que para consolidar un régimen.

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