La influencia de al-Qaeda en Yemen

Ali Abdallah Saleh
Image caption El gobierno del presidente, Ali Abdallah Saleh, es señalado, cada vez más, como una administración ineficiente que se ahoga en una creciente corrupción.

Para conocer la idiosincrasia de los hombres en Yemen que dirigen las células de al-Qaeda en la peninsula arábiga, sólo hace falta escuchar lo que dicen sobre el fallido atentado a un avión de Estados Unidos el día de Navidad.

En un arrogante y ambicioso comunicado, dijeron que ellos ordenaron al joven estudiante nigeriano que abordara el avión y que si el atentado fracasó fue debido a una falla técnica en la bomba.

Para ellos, haber estado tan cerca de lograrlo, queda apenas en segundo lugar en comparación con una misión exitosa.

Tan sólo hay examinar el terreno en Yemen para entender porqué al-Qaeda se siente confiada aquí, con suficiente margen como para que uno de sus líderes haya hecho venir, desde Arabia Saudita, a su esposa y al resto de su familia.

Las montañas de Yemen son escarpadas y de difícil acceso, y desde el punto de vista de la jihad (guerra santa), no están bajo el control del gobierno central.

Los grupos de al-Qaeda establecidos en la península arábiga, echaron raíces en Yemen tras haber sido forzados a salir de Arabia Saudita.

Les ayudó el hecho de que grandes zonas del territorio de Yemen están controladas por poderosas y bien armadas tribus, y no por un gobierno central que se está acercando cada vez más al gobierno de Estados Unidos y a sus asesores antiterroristas.

Ya se están registrando acusaciones como las que se escuchan en Afganistán, Pakistán e Irak.

Los días 17 y 24 de diciembre, asentamientos de al-Qaeda fueron atacados.

Informes basados en fuentes estadounidenses dijeron que 60 militantes de al-Qaeda habían muerto en los ataques.

¿Niños muertos?

En Estados Unidos se dijo que fuerzas militares estadounidenses realizaron los ataques, contra asentamientos de al-Qaeda. .

Pero periodistas locales que aseguran haber visitado los sitios atacados, cuentan una historia diferente.

Abdulelah Hider Shaea, quien tiene fuertes lazos con al-Qaeda, me dijo que los habitantes de las zonas atacadas le aseguraron que decenas de niños y mujeres murieron.

Uno de los habitantes de una de esas zonas le dijo a Shaea que estaba convencido de que el gobierno de Yemen y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se estarían felicitando mutuamente por matar a sus niños.

Y ahora, lograr acuerdos con tribus que han perdido muchos niños y mujeres por los ataques del gobierno, será muy difícil.

Shaea dice que los grupos de al-Qaeda en Yemen esperan que las acciones de Estados Unidos les brinden cientos de nuevos reclutas para sus filas, y comparó incluso la situación de Yemen con las áreas tribales de Pakistán.

"Estados Unidos quiere combatir a al-Qaeda aquí, pero no les va a funcionar. Ellos convertirán esta zona en una nueva Waziristan (región del noroeste de Pakistán continuamente bombardeada por los aviones robots de Estados Unidos), y de aquí se exportarán también miles de jihadistas hacia el mundo entero".

Observadores dentro y fuera de Yemen coinciden en advertir que reforzar la guerra antiterrorista es una mala estrategia, porque creará más problemas de los que pueda resolver.

En Washington, el presidente Obama está bajo presión para que tome acciones más severas. El atentado del día de Navidad en Detroit pudo haber fallado, pero trajo a la memoria de los estadounidenses los tristes sucesos del 11 de septiembre de 2001.

Graves problemas

Para Yemen, al-Qaeda no es el único problema. Arabia Saudita ha intervenido en la ya larga guerra tribal en la zona norte. Un movimiento separatista en el sur quiere que Yemen vuelva a dividirse en dos países.

Los pobres empobrecen más cada día, los niveles de analfabetismo sin altísimos, y la tasa de nacimientos es la más grande de Oriente Medio.

Su principal exportación, el petróleo, se agotará en los próximos diez años, y los nuevos yacimientos de gas no parecen ser tan lucrativos como para sustituir las exportaciones de crudo.

Los mantos acuíferos de Yemen también se están agotando debido principalmente a la cantidad de agua que se utiliza para irrigar los extensos campos sembrados con khat.

Masticar hojas de khat, que es un estimulante moderado, es el pasatiempos nacional.

Image caption Masticar hojas de khat, que es un estimulante moderado, es el pasatiempos nacional.

El presidente de Yemen, Ali Abdallah Saleh, se rodea con miembros de su propia tribu y evita que los demás clanes y fuerzas en Yemen tomen el poder.

La estrategia ha funcionado durante 30 años, pero su gobierno es señalado, cada vez más, como una administración ineficiente que se ahoga en una creciente corrupción.

Son tan graves los problemas, que Estados Unidos, Gran Bretaña y Arabia Saudita están cada día más nerviosos por el futuro de Yemen y su interminable lista de obstáculos e impedimentos para emerger como un país democrático.

Los tres países tendrán la oportunidad de discutir el tema en una reunión en Londres prevista para fin de mes, en la que esperan llegar a acuerdos y soluciones viables que ayuden a Yemen.

Cuando le pregunté al doctor Abdullah al-Faqih, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Sanaa, sobre la situación de Yemen, fue muy breve:

"El país se está yendo al infierno. Las crisis se sobreponen y se yuxtaponen".

El riesgo, dice, es que Yemen pudiera seguir el mismo camino que Somalia, país vecino, al otro lado del Golfo de Adén, que cayó en la violencia y un tremendo baño de sangre, desde hace una generación, y que no ha podido salir de ese caos.

Yemen no es Somalia ni Afganistán. Por lo menos no ahora. Ni es un Estado fallido, pero parece estarse encaminado hacia allá.

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