Guerra de Irak: ¿qué preguntarle a Blair?

Cartel sobre la intervención de Blair
Image caption Tony Blair decidió la participación del Reino Unido en la guerra de Irak.

Este viernes, el ex primer ministro británico, Tony Blair, se sentará en el banquillo ante la comisión que investiga la participación británica en la guerra de Irak. Durante casi seis horas de comparecencia, Blair tendrá que responder a preguntas sobre cómo y por qué se decidió la invasión del país árabe.

Tony Blair no es el primer protagonista en el drama de esta guerra en comparecer frente a esta comisión. Muchos altos funcionarios de su gobierno ya han enfrentado ese panel.

Ni siquiera es el único responsable: aparte de los liberales demócratas, son pocos los miembros del parlamento británico en funciones en ese momento que puedan librarse de toda culpa pues, a la hora de votar, aprobaron el ataque.

Pero no hay duda de que es el “pez gordo” de esta historia: la fuerza de su personalidad y su estilo de liderazgo hicieron que la decisión tuviera nombre propio.

Podría haber dicho "No", como lo hizo Harold Wilson, el primer ministro británico entre 1964 y 1970, cuando en plena Guerra Fría se resistió a enviar tropas a la guerra en Vietnam de Estados Unidos.

Pero, a pesar del profundo desacuerdo de una porción importante de la población británica, dijo "Sí".

Por ello, seis años después, tantos esperan que aclare particularmente los siguientes interrogantes:

Para justificar la guerra, ¿engañó al Parlamento sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak ?

Desde 2002, el desarrollo de armas de destrucción masiva en manos por Saddam Hussein fue el argumento esgrimido por los partidarios de la guerra en Irak.

El 24 de septiembre de ese año, Blair afirmó en el parlamento que Irak podía lanzar un ataque con armas de destrucción masiva en "45 minutos".

El entonces ministro de Exteriores, Jack Straw, aseguró esas palabras de Blair los han perseguido "como una maldición desde entonces".

Finalmente, tras la invasión se demostró que esas armas no existían.

Sin embargo, las declaraciones de algunos testigos ante la comisión hacen pensar que Blair creía que –más allá de la existencia de armas de destrucción masiva- el derrocamiento de Saddam era argumento suficiente para la invasión.

Recientemente, el ex mandatario declaró a la BBC que así hubiera sabido que Saddam Hussein no contaba con armas de destrucción masiva, habría abogado por la guerra pues derrocar al gobierno iraquí era razón suficiente.

Algunos analistas se preguntan hasta qué punto compartió Blair con su gabinete toda la información de que disponía.

¿Existía un acuerdo previo entre George W. Bush y Tony Blair sobre el apoyo británico a la invasión de Irak?

Este punto siempre ha sido negado rotundamente por el ex primer ministro. Sin embargo, la comparecencia esta semana del ex embajador británico en Washington, Christopher Meyer, ante la comisión de investigación proyectó sombras sobre la versión oficial.

Según Meyer, en abril de 2002 –casi un año antes de la invasión y siete meses después de los ataques contra las Torres Gemelas- Blair y Bush mantuvieron una reunión secreta en el rancho del ex presidente estadounidense en Texas.

Poco después, Blair comenzó a hablar públicamente de que el gobierno de Saddam Hussein suponía un peligro para la seguridad internacional.

"Hasta ahora no tengo claro qué grado de convergencia fue sellado con sangre en el rancho", dijo Meyer ante la comisión.

¿Por qué el gobierno británico desoyó a muchos de sus asesores legales que advirtieron contra de la guerra?

Image caption Tony Blair aterriza en Basora, en Irak, en 2005.

La comisión ha ido recogiendo testimonios que confirman que el gobierno británico fue advertido de la posible ilegalidad de la guerra y prefirió no hacer caso.

Tanto la ex consejera jurídica del gobierno Elisabeth Wilmshurst -quien dimitió poco antes del inicio de la guerra por no estar de acuerdo con esa decisión-, como el jefe de los asesores legales, Michael Wood, le recomendaron al gobierno que esperara a una segunda resolución de la ONU antes de embarcarse en la guerra.

Wood advirtió que, si se atacaba sin la autorización clara de la ONU, se corría el riesgo de cometer "crimen de agresión".

El entonces ministro de Exteriores, Jack Straw, lo tildó de "dogmático" y rechazó el consejo.

¿Presionó Blair al fiscal general británico en aquel momento, Lord Goldsmith, para que cambiara de opinión y diera su apoyo a la invasión?

El ex fiscal general del Reino Unido, Lord Goldsmith -quien en principio había recomendado esperar a una segunda resolución de Naciones Unidas- cambió de opinión en apenas dos semanas y apoyó la intervención militar.

Aunque Goldmith ha negado toda presión política, algunos analistas sugieren que su cambio de postura pudo estar condicionado por la influencia del entorno del primer ministro.

¿Perjudicó el comportamiento del gobierno la preparación de las tropas británicas para la guerra y la posguerra?

Lord Boyce, que en 2002 era el principal consejero militar del gobierno británico, aseguró que recibió órdenes del secretario de Defensa, Geoff Hoon, para retrasar los pedidos de equipamiento militar.

Una de las razones que esgrimió es que esos movimientos podían haber levantado más oposición a la guerra.

"Nos quedó claro que Downing Street (el despacho del primer ministro británico) requería que minimizáramos la publicidad y evitáramos que las preparaciones fueran evidentes", declaró Hoon.

Una investigación militar demostró que el primer soldado británico muerto en Irak, el sargento Steven Roberts, podría haber sobrevivido si hubiera llevado una protección reforzada.

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