Última actualización: jueves, 28 de enero de 2010 - 12:26 GMT

Un Obama cansado y sobrio ante la frustración

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Fue un discurso sobrio en tiempos serios. El Barack Obama parado en el podio para dar su primer discurso anual del "Estado de la Unión" parecía más viejo, más cansado y más irritado que el que llegó a su despacho hace un año, en medio de una ola de esperanza y cambios.

Durante el último año, la ola retrocedió peligrosamente amenazando con arrastrar a Obama bajo mareas de frustración y enojo hacia Washington.

En verdad, es la misma frustración que giraba en torno a la administración Bush y al Congreso dirigido por los republicanos. Una sensación de que los políticos de Washington están muy lejos de los problemas de las personas a las que gobiernan.

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Con las encuestas cayendo en picada y críticas generalizadas por parecer muy indiferente ante el dolor de 15 millones de desempleados, esta era la oportunidad de Obama para demostrar que comprende el enojo y que trabaja para reducirlo.

Mantra de cambio

En referencia al grito de guerra de su campaña (change, yes we can), admitió que "para estos estadounidenses y para muchos otros, el cambio no ha llegado lo suficientemente rápido".

Barack Obama

Obama enfocó su discurso en temas económicos.

Dedicó gran parte de su discurso a las personas que han perdido su trabajo y su fuente de ingresos. Se mostró identificado con su frustración, tal como lo hizo durante su campaña, intentando recapturar ese espíritu de quienes no pertenecen a Washington y se encuentran listos para enfrentar al sistema.

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Por supuesto que él ahora está integrado al "sistema", pero a la hora de asignar culpas por el ánimo nacional de decepción, defendió su papel.

Indicó que había heredado los problemas económicos de la "administración anterior", así como las cuentas pendientes en materia de guerra, recortes de impuestos y despilfarro.

También apuntó al Congreso por no actuar eficazmente y a los banqueros por su negativa a invertir en pequeñas empresas.

Atracción bipartidista

Obama regañó a su propio partido por desaprovechar su mayoría: "La gente espera que resolvamos algunos problemas, no que huyamos de ellos". Y también regañó a los republicanos, por "decirle que no a todo".

Sin embargo también reconoció el nuevo panorama político. El hecho de que los demócratas ya no tengan la "supermayoría" necesaria para sortear las trabas republicanas significa que tendrá que promover un ambiente político más inclusivo si quiere aprobar sus leyes.

También tuvo cuidado de condimentar su discurso con guiños al partido opositor: nuevos recortes impositivos para pequeñas empresas, una promesa de revisar las perforaciones marinas y una nueva generación de plantas de energía nuclear.

Prometió también reunirse todos los meses con líderes del congreso de ambos partidos.

Tras un año de dura división entre republicanos y demócratas, abogó por una nueva cooperación y un espíritu de "sentido común". "Lo que frustra a los estadounidenses", dijo, "es un Washington en el que todos los días son días de elecciones".

Obstáculos a la vista

Pero al referirse a los atascos partidistas sobre la reforma de salud, el presidente no pudo ofrecer mayores novedades que un pedido a ambos partidos para que "echen otra mirada al plan que hemos propuesto".

Por el momento, el proyecto cuenta con la oposición unánime de los republicanos, por el simple motivo de que se oponen filosóficamente al tipo de cambios que éste incluye.

Los llamados a un nuevo espíritu bipartidista poco y nada incitan a los republicanos a ayudar a los demócratas con su agenda legislativa en un año electoral

Una segunda ojeada al plan no borrará las objeciones, y los llamados a un nuevo espíritu bipartidista poco y nada incitan a los republicanos a ayudar a los demócratas con su agenda legislativa en un año electoral. Especialmente cuando los republicanos parecen estar viviendo su buen momento político.

Eso significa que el presidente Obama enfrenta posibles escollos para llegar al punto principal de su agenda legislativa de este año: una ley para la creación de empleos que, dijo, quiere ver sobre su escritorio "sin demora".

Los republicanos han criticado la ley que promueven los demócratas diciendo que es cara e ineficaz.

"Padre desilusionado"

Y ambos partidos desaprueban los pasos de Obama hacia la reducción del déficit. Dieron el voto negativo a la comisión de deudas que la Casa Blanca quería crear. Obama dijo que establecería una suya propia, pero será incompleta.

Los dos partidos también han atacado al plan del presidente de congelar –con límites- el gasto interno: los demócratas porque va demasiado lejos y es demasiado selectivo, los republicanos porque no va lo suficientemente lejos.

En los últimos minutos antes de la inevitable ovación final de pie, el congreso escuchó al presidente en un silencio casi absoluto mientras éste asumía el papel de padre desilusionado al ver las malas calificaciones de un hijo.

"No es de extrañar que haya tanto cinismo. No es de extrañar que haya tanta desilusión", dijo ante los legisladores.

Y al pueblo estadounidense, le dijo: "Nunca dije que el cambio sería fácil ni que podría hacerlo yo solo".

De hecho, es un punto sobre el que insistió durante su campaña y durante su año de mandato. Ahora Estados Unidos entiende qué quería decir.

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