El polémico Mister Brown

10 Downing Street, residencia primer minstro británico
Image caption Los misterios de 10 Downing Street

En momentos en que las encuestas empiezan a mostrar un cambio de tendencia y la economía da señales de recuperación, el "Bullygate" está sacando a relucir el talón de aquiles del primer ministro británico Gordon Brown: su personalidad.

Los conservadores piden una investigación, la directora de "Línea de Ayuda contra la Intimidación" es acusada de oscuras maniobras políticas, un importante directivo de la organización renuncia y muchos se preguntan qué está pasando en medio de un clima sobrecargado de fiebre preelectoral.

El drama comienza con los extractos del libro "The End of the Party" que el periodista Andrew Rawnsley publica en el dominical "The Observer" y que pintan a un primer ministro que no duda en agarrar de las solapas e insultar a sus más íntimos colaboradores.

Ante las desmentidas del gobierno, la directora de la "Línea de Ayuda contra la Intimidación", Christine Pratt, declara a la BBC que recibió "tres o cuatro" llamadas de la oficina del primer ministro con quejas por el trato laboral que recibían y desata una incontrolable tormenta política.

El laborismo denuncia una oscura operación política y Gary Cooper, prestigioso especialista en Psicología Laboral y codirector de la Línea Nacional de Ayuda, renuncia a su cargo acusando a Pratt de violar el compromiso de confidencialidad de las quejas, entronizado en la carta organica de la organización.

En declaraciones a la BBC, el analista politico del "The Guardian", Michael White, puso esta mañana las cosas en perspectiva.

"No creo que estas alegaciones sorprendan. En realidad, la pregunta más interesante es si este tipo de personalidad es compatible con un liderazgo fuerte y efectivo. Y la verdad es que es perfectamente compatible. Y no sólo en política. El técnico Sir Alex Ferguson con el Manchester United es un matón muy antipático, pero extremadamente exitoso", dijo White a la BBC.

To be or not to be

El problema de Brown es que el escándalo tocó una fibra delicada de su figura pública en una sociedad atormentada por el tema del "bullyng" (matonaje, intimidación, patoterismo para los argentinos).

Según las encuestas la percepción del británico medio es que Brown es arrogante, frío, inhumano y manipulador.

Peor aún para un político de estas islas que adoran la imagen de Winston Churchill, personificación del lider fuerte, Brown aparece como dubitativo e irresoluto.

Un ejemplo de este rasgo , ilustrado por Andrew Rawnsley en su libro, fue su decisión de no convocar a elecciones anticipadas en 2007 luego de haber coqueteado durante semanas con esa posibilidad.

A partir de ese momento su imagen pública, por las nubes luego de sustituir a Tony Blair en junio de ese año, comenzó a bajar aceleradamente al subsuelo de la mano de una seguidilla de errores, entre ellos la pérdida de discos duros ministeriales con los datos confidenciales de un cuarto de la población británica.

En la fiebre mediática del mundo moderno, comenzaron a circular todo tipo de historias sobre el temperamento del primer ministro que apuntaban a una personalidad calificada de "estalinista", capaz de arrojar objetos en sus ataques de furia. Elecciones a la vista

Más allá de las características personales de Brown, lo cierto es que todas estas alegaciones se dan en el contexto de unas inminentes elecciones.

A más tardar el 3 de junio, pero con toda probabilidad el 6 de mayo, los británicos deberán decidir entre darle una cuarta victoria consecutiva a los laboristas o inclinarse por los conservadores de David Cameron.

Hasta mediados de noviembre, todo parecía decidido: la ventaja promedio de los conservadores en las encuestas era de 14 puntos.

A partir de entonces y al son de mejores noticias económicas y gaffes políticas del principal partido de la oposición, la diferencia se ha achicado a seis puntos y nadie puede prever lo que va a pasar.

Image caption Sir Alex Ferguson: ¿por qué tiene éxito en el Manchester United?

A diferencia de las últimas elecciones en que ambos partidos eran casi idénticos, ahora las propuestas económicas de ambos han dividido hasta a los más prestigiosos académicos del país en dos bandos.

En sendas cartas a la prensa un bando de la Academia se inclinó recientemente por dar prioridad a la recuperación económica sobre la deuda pública (propuesta laborista) mientras que el otro opinó que la tarea primordial del nuevo gobierno era achicar el déficiti fiscal (propuesta conservadora).

Con un electorado indeciso, en medio de la peor crisis económica mundial desde la debacle del 29, las diferencias de personalidad de los líderes pueden resultar decisiva.

En este terreno el conservador David Cameron aventaja claramente a Brown.

De ahí los paños fríos que pone Michael White del Guardian a todo el debate sobre la intimidación en el lugar de trabajo.

"Esta elección es la más reñida desde 1992, francamente impredecible, aunque por ahora apostaría a una victoria conservadora. En cuanto a la intimidación laboral, eso ocurre en cualquier trabajo. Si no echen una mirada en su propia oficina. ¿Acaso no pasa en la BBC?", indicó White.

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