España: pueblo en Burgos con sabor colombiano

Colombianos en Rioseco, Burgos, España.
Image caption Rioseco era un pueblo fantasma antes de la llegada de colombianos a esa zona de España.

En el interior de España, en una tierra de bosques, neblinas y silencios que recuerdan un paraje de "El Señor de los Anillos", hay un pueblo habitado sólo por colombianos: Rioseco, en Burgos.

No sólo han salvado a la localidad del fantasma de la soledad, sino que además acaban de producir el primer queso ecológico de cabra de toda España, Santa Gadea.

Llegaron hasta allí empujados por la migración, después de probar suerte en ciudades como Madrid o Barcelona.

Elkin Restrepo fue el primero en arribar hace cuatro años. Había sido soldado en Colombia y un día su madre le empacó las maletas ante la posibilidad de que terminase muerto en un combate con la guerrilla.

Allí lo esperaba el español Alfonso Pérez-Andújar, propietario de la empresa Fuente Humorera, y cientos de cabras.

"Vine huyendo de trabajos temporales, buscando estabilidad para mi familia. Cuando llegué el pueblo no me gustó, sólo vivía una familia que terminó marchándose. En la empresa apostaron que sólo duraría un mes", le comenta a BBC Mundo.

Las cabras lo intuían, quizás por eso le meaban durante el ordeño.

Luego llegaron las temperaturas bajo cero, forrado en hojas de periódico para aguantar, y la soledad. "Hasta que llegó mi mujer", sonríe aliviado.

Image caption Elkin Restrepo era soldado en Colombia antes de dedicarse a la producción de queso en España.

Después arribaron los hermanos de su esposa, sus padres y sus hijas. El censo del pueblo parece pequeño, 13 habitantes y cuatro viviendas, pero ha disparado los índices de población en el silencioso Valle del Manzanedo.

"Hay un pueblito a tres kilómetros que tenía un solo habitante, pero hace un año murió. Era pastor de ovejas. Todo por aquí es muy tranquilo", comenta.

"Demasiado tranquilo", sonríe a BBC Mundo la comunicadora Lina Gómez.

Ella llegó de Barcelona seducida por la idea de vivir en el campo y de participar en un proyecto ecológico. "Es difícil adaptarse cuando estás alejado de todo".

"No hay señal de radio ni de televisión, y el teléfono nos llega vía satélite. El pueblo más cercano con internet y cafeterías está a diez kilómetros. Lo más difícil es convivir con uno mismo, en la ciudad tienes muchas distracciones", dice.

"Ahora bien", agrega, "ya quisiera cualquier inmigrante ser recibido como nos han recibido aquí, con mucho calor y confianza".

La soledad la espanta con los DVD de series estadounidenses que le envían de Barcelona y con sus caminatas nocturnas bajo un cielo limpio y atiborrado de estrellas.

Vallenatos y arepas

El madrileño Alfonso Pérez-Andújar es el propietario de la empresa y del poblado. Después de trabajar en macroproyectos agroindustriales, decidió buscar una isla para construir su sueño; la encontró encallada en los árboles centenarios de Burgos. La romería de colombianos llegó después.

"En 50 años nos hemos cargado el 30% de las especies del planeta. ¡Es absurdo! Quiero concienciar un poco y mi grano de arena es un queso 100% ecológico y sin pesticidas", explica a BBC Mundo.

Image caption El español Alfonso Pérez es el dueño del pueblo y de la empresa donde viven y trabajan los colombianos.

Nunca ha estado en Colombia y las pocas referencias que tenía de ese país se relacionaban con el narcotráfico. Ahora come frijoles (plato colombiano) casi todos los días.

"Intenté con muchos españoles, pero se marchaban porque el trabajo les parecía sucio. Luego llegó Elkin. No me gustan los prejuicios. Quién llega al campo buscando un trabajo no está cargado de droga. A la 'Little (pequeña) Colombia' que se ha formado aquí le tengo respeto y cariño. Además, el queso ya no es sólo un producto; es un producto familiar, que tiene rostro", comenta.

En cinco años lo que eran laderas de barro se transformaron en naves donde se produce el queso y donde viven cerca de mil cabras.

"Ahora el ordeño está automatizado. Cada animal lleva un chip que te dice todos los datos de la cabra", explica Elkin mientras susurra que son complicadas.

"Se estresan por un ruido o un extraño y, claro, producen menos leche", agrega mientras admite que ya no le mean tanto. "Huelo como ellas", sonríe.

Los habitantes de Rioseco intentan viajar una vez al año a Colombia.

El resto del tiempo impregna la atmósfera del valle con efluvios de arepas, chocolate o tamales típicos de su país. "Y vallenatos y música de despecho, Darío Gómez y Pipe Bueno", afirma Elkin.

Durante la Navidad, atrapados entre paredes de nieve, reproducen las celebraciones colombianas con luces de colores, villancicos y cerdo incluido, a -17º C.

"No tenemos televisión. Vemos la chimenea, vemos cómo se quema la leña. Mi esposa y yo pasamos horas mirándola y nos reímos. Es nuestra tele", detalla a BBC Mundo y agrega pensativo: "¿Volver a Colombia?". Suspira como si hablase de otro mundo.

Hace poco se enteró de la liberación del soldado Pablo Moncayo, después de 12 años secuestrado por la guerrilla.

"Sí, algún día, cuando las niñas crezcan", admite. Sus hijas tienen siete y dos años.

En un valle de silencios, donde en lugar de gnomos se asoman fantasmas y jabalíes, la villa colombiana se abre paso como una semilla.

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