Candidatos, caricaturas y caracteres

Caricaturas de candidatos en grifos de cerveza en un pub inglés
Image caption Gordon Brown, Nick Clegg y David Cameron vistos por un artista de un pub inglés.

Cuando el electorado, fatigado, ya no absorbe más interpretaciones, análisis y propuestas, vuelve su mirada a los candidatos como personas.

¿Y cómo son personalmente Gordon Brown, David Cameron y Nick Clegg, los jefes de los tres partidos principales, capaces de gobernar?

Los caricaturistas, adiestrados para captar caracteres y fisonomías, ven con claridad al laborista Brown y al conservador Cameron, pero vacilan ante el liberal demócrata Clegg, un virtual desconocido hasta los debates televisados, que lo pusieron bajo el reflector de la atención pública.

Esto puede ser más importante de lo que parece, porque el olfato del electorado es, en este sentido, muy similar al de un dibujante profesional.

El malgeniado, el esnob y... el otro

Brown suele ser dibujado como un veterano irritable, mofletudo, de orejas grandes, colérico y excedido de peso; también tuerto, ya que perdió la visión de su ojo izquierdo cuando era estudiante.

David Cameron, a su vez, aparece como un niño bien, esnob, vanidoso, susceptible, de frente alta, lampiño y con ojos como huevos.

Y Nick Clegg… bueno, pocos detalles que llamen la atención, salvo su relativa juventud y una corbata amarilla, el color de los liberales.

En su traducción al dialecto de la opinión pública, estas percepciones explican algunos movimientos recientes de la corteza política.

El carácter colérico de Brown volvió a quedar en evidencia hace poco, cuando un micrófono abierto recogió una frase despectiva que dedicó a una ciudadana que lo había interrogado sobre algunos asuntos de la campaña.

Brown calificó de "intolerante" a la mujer, y el público se quedó con la impresión de que había perdido la serenidad y de que en privado decía una cosa y en público otra muy diferente.

Cameron, en contraste, pareció más ecuánime cuando le arrojaron un huevo: bromeo diciendo que poco antes se había topado con un hombre disfrazado de gallina, por lo cual ahora sabía que "la gallina viene antes que el huevo".

¿Churchill o Hitler?

Y luego está Clegg, quien pasó de a duras penas figurar en el escenario político británico a ser el hombre del momento.

Tras el primer debate, su popularidad se acercó, fugazmente, a la de Winston Churchill al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Apuesto, de buena labia, atacando con lenguaje moderado pero enérgico a sus rivales, Clegg pareció, entonces, una buena opción ante "lo conocido".

En este poco tiempo bajo la lupa, ha dado muestras de poder conservar la calma. Cuando lo calificaron de "nazi" por criticar la obsesión con los temas de la guerra, replicó que él era el único político que, en una semana, había pasado "de ser Churchill a ser Hitler".

Cucharita de plata o de palo

Uno de los aspectos más fascinantes es el choque entre el veterano socialista, hijo de un predicador, y dos jóvenes con el estigma de haber cursado los exclusivos colegios de Eton y Westminster, protegidos y amamantados por el sistema.

En realidad, ambos "jóvenes" tienen 43 años, pocos menos que los 59 de Brown, pero mientras éste ha tenido una carrera prolongada en el primer plano, sus rivales han emergido hace relativamente poco tiempo.

También está la paradoja de que el escocés Brown, apoyado por los sindicatos, sea percibido como defensor del status quo, mientras que sus rivales ingleses y aristocráticos pretenden representar el cambio.

Esto se debe, por supuesto, a que Brown está pagando el desgaste del gobierno desde 1997: muchos creen que se ha llegado al fin de un ciclo y se resisten a seguir dando crédito al laborismo.

A llenar ese vacío apuntan conservadores y liberales.

En familia

Brown ingresó al parlamento en 1983. Entre 1997 y 2007 fue ministro de Hacienda y desde junio de 2007 es primer ministro.

Está casado con Sarah Macaulay y tiene dos hijos varones pequeños. Una niña, Jennifer, falleció a los pocos días de nacer, en enero de 2002.

Cameron desciende del rey Guillermo IV, el tío de la Reina Victoria, lo cual lo hace primo lejano de la actual reina, Elizabeth II.

David y su esposa Samantha Sheffield tienen dos hijos y esperan otro. Iván, el primogénito, que padecía de perlesía cerebral, murió el año pasado a la edad de 6 años.

Clegg está casado con la abogada española Miriam González Durántez, quien protege su independencia y no quiere participar activamente en la campaña. Tienen tres hijos pequeños.

La línea paterna de Clegg cuenta con profesionales y empresarios, mientras que la materna es de un aristocrático origen holandés y ruso.

Clegg no es creyente, pero sus hijos son criados por la madre en la fe católica.

Cameron es anglicano, pero no muy devoto. Una frase suya es reveladora: "Soy cristiano, voy a la iglesia, creo en Dios, pero no tengo línea directa".

Brown es presbiteriano, de la Iglesia de Escocia, como su padre John Ebenezer Brown, el predicador. Ha dicho que su fe le da una "brújula moral", pero trata de mantener apartadas la religión y la política.

El público conoce bien a Brown, algo menos a Cameron y ahora está conociendo a Clegg.

Estas tres experiencias cruzarán sus trayectorias el 6 de mayo.