Reino Unido: el debate se calienta

Brown y Clegg saludan a Cameron.
Image caption La mayoría de analistas políticos cree que el jefe del Partido Conservador es el candidato mejor ubicado.

El tercer y último debate televisado de la campaña electoral se caracterizó por una serie de enfrentamientos mucho más agresivos que en los dos anteriores.

Los líderes de los tres partidos más importantes no quisieron dejar pasar la oportunidad de imponer sus respectivas improntas en el ánimo popular.

El problema es que el público tiende a repudiar los enfrentamientos muy agresivos, salvo que comparta rotundamente la opinión del que arremete.

El líder laborista y primer ministro, Gordon Brown, atacó a sus dos rivales, particularmente al jefe conservador David Cameron. Se presentó como el único candidato con la experiencia para pilotear la nave del Estado en los tiempos tormentosos que se avecinan, y señaló el peligro que los otros partidos representan para la economía y la estabilidad tras las elecciones.

Cameron prefirió no enfrentar directamente las embestidas de Brown, aguardando su oportunidad para agredir directamente al primer ministro con sus propios argumentos, en vez de gastar pólvora en el contraataque.

"Plan inmoral" frente a "medidas desesperadas"

La oportunidad se presentó cuando Brown lanzó a Cameron una retahíla de críticas, en particular por el "plan inmoral" de reducir el impuesto a la herencia para los ricos, al mismo tiempo que los beneficios a las familias con niños.

Cameron replicó que Brown "ya no tiene nada positivo que decir" y que recurre a "las medidas desesperadas de alguien que está desesperado".

La primera etapa del debate vio a Brown denunciando a los otros dos líderes, mientras que Cameron atacaba al jefe liberal demócrata Nick Clegg y éste destacaba la opción de cambio que él representa.

La diferencia de actitudes se reflejó en el registro electrónico de la audiencia, cuando los líderes expusieron puntos de vista muy semejantes, en relación con el estímulo de la educación en zonas urbanas postergadas.

El registro, medido por la BBC, mostró una reacción decididamente positiva ante Cameron, buena ante Clegg, y apenas buena ante Brown.

Brown, inseguro

El primer ministro, al cierre del debate, mencionó la posibilidad de que Cameron y Clegg se pusieran de acuerdo para formar gobierno.

Esto, que Brown consideró necesario para destacar el peligro de una alianza sin una mayoría absoluta, también dejó al descubierto su inseguridad, algo potencialmente fatal para un partido en el gobierno.

El leitmotiv de Brown fue su experiencia de gobierno y la necesidad de no "retirar dinero" de la economía para preservar los puestos de trabajo.

Este mensaje inicial del primer ministro suele ser bien recibido, pero en esta ocasión no ocurrió lo mismo, tal vez porque estuvo combinado con sus disculpas públicas por haber tratado con desconsideración a una ciudadana que le hizo preguntas inocuas sobre desempleo e inmigración.

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La clave en la economía

El estímulo de la economía es un punto clave, porque muchos analistas han dicho que la clave del manejo de la economía durante la próxima década pasará por la reducción de gastos o el aumento de los impuestos, de una u otra forma.

Tanto Cameron como Clegg han propuesto diversas formas de reducir los gastos eliminando "derroches" o estimulando la actividad económica mediante reducciones de impuestos a las empresas (los tories) o los particulares (los liberales).

El momento más positivo del liberal Clegg fue cuando propuso que, sea cual fuere el resultado de las elecciones, las cúpulas de los tres partidos se reúnan para decidir un enfoque común, un sinceramiento para resolver el agujero negro del déficit, que maniata la vida política.

El jefe liberal insistió varias veces en este enfoque del trabajo en común, al mismo tiempo que señalaba los errores y fracasos de los otros dos partidos cuando les ha tocado gobernar.

Lenguaje corporal

Image caption Brown mencionó la posibilidad de que Cameron y Clegg se pongan de acuerdo para formar Gobierno.

A esta altura ya eran evidentes las diferencias en el lenguaje corporal de los tres dirigentes.

Brown meneaba la cabeza y sonreía irónicamente cuando alguno de sus rivales lo criticaba.

Cameron, en la misma situación, contemplaba a su crítico con semblante severo, pero sin la expresión de fastidio que resultó evidente en los debates previos (y que muchos criticaron).

Clegg eligió expresiones de incredulidad, de resignación, como diciendo "las cosas que debemos escuchar".

El laborista insistió una y otra vez en la necesidad de estimular la economía mediante la inversión, para proteger los puestos de trabajo.

El conservador destacó el fracaso en esto del laborismo y la necesidad de reducir la carga de las empresas para que puedan emplear más gente.

El liberal enfatizó su propuesta de elevar a 10.000 libras esterlinas anuales el umbral impositivo para los particulares en un marco de "equidad".

No hubo vacilaciones ni errores gruesos. Los tres dirigentes conocen a fondo los asuntos públicos y la plataforma de sus respectivos partidos. También saben debatir, por su gimnasia cotidiana en el Parlamento.

Las encuestas de opinión recogidas por las primeras ediciones de los diarios del viernes confirmaron en líneas generales los sondeos iniciales, con Cameron a la cabeza, seguido por Clegg y luego Brown.

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