¿Es débil la política exterior de Obama?

Hamid Karzai y Barack Obama
Image caption Estados Unidos ha cambiado de posición frente al gobierno afgano.

No hace mucho que las relaciones entre el presidente afgano Hamid Karzai y el gobierno del presidente estadounidense Barack Obama eran tensas y gélidas.

Karzai era ciertamente visto en Washington como parte del problema en Afganistán.

Esta semana, en contraste, recibió una bienvenida con alfombra roja en la capital estadounidense.

De hecho, los vaivenes como los aparentemente demostrados en la aproximación al presidente afgano parecen ser un tema recurrente a lo largo de buena parte de la política exterior del gobierno de Obama.

Basta recordar lo estricto que el equipo de Obama se mostró frente al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu acerca del tema de la construcción de asentamientos, para luego evitar una confrontación directa, sin ninguna evidencia concreta de que el establecimiento de nuevos asentamientos se hubiese detenido.

Entonces, ¿qué está pasando?

¿Tratar con los enemigos?

Para los críticos del gobierno, la respuesta es obvia.

El profesor Eliot Cohen, de la Universidad Johns Hopkins en Washington, trabajó de cerca con Condoleezza Rice en el Departamento de Estado durante el anterior gobierno de Bush.

"A un grado sorprendente, la política exterior de este gobierno refleja el carácter del mismo Barack Obama, su confianza en su propia capacidad de efectuar el cambio de acuerdo con sus ideales liberales izquierdistas", señala.

"Piense en el proceso de paz de Medio Oriente y en los acercamientos con nuestros enemigos, por ejemplo".

También muestra "la insensibilidad de Obama para cultivar la amistad de los aliados de Estados Unidos, como por ejemplo en el caso de su tratamiento del primer ministro Netanyahu y el presidente Karzai", agrega.

En esencia, los aparentes cambios en la estrategia estadounidense frente a Israel y Afganistán "reflejan el encuentro de las nociones preconcebidas con la realidad, o, más exactamente, con dos realidades. La primera, es que no se consigue que los aliados se comporten mejor al maltratarlos, y la segunda que uno no conquista a los enemigos serios mediante intentos de congraciarse con ellos".

"Menos charla, más acción"

El analista estadounidense de política externa Charles Kupchan, del Council of Foreign Relations, un centro de investigaciones privado, toma un punto de vista diferente.

"La política externa de Obama ha sido en realidad bastante consistente. Desde el principio, ha preferido los acercamientos, intercalados con momentos de declaraciones fuertes, al aislamiento", asegura Kupchan.

"Ha confrontado al presidente Karzai acerca de la corrupción y los problemas de gobernabilidad, pero sigue trabajando con él; nos guste o no, Karzai es la única alternativa disponible", dice.

"A fin de cuentas, Obama ha sido pragmático, no ideológico. Durante su primer año, tuvo problemas para convertir sus visiones en realidad. Pero en el segundo año, la implementación de la política ha mejorado. Hay menos charla y más acción".

Los acercamientos han sido un tema clave en la política externa del gobierno de Obama.

El caso más típico es Irán, pero también se han presentado esfuerzos por relanzar las relaciones con Rusia, intentos por aproximarse al régimen militar de Birmania, y así sucesivamente.

Muchos han comentado la escasez de resultados hasta el momento.

El programa nuclear de Irán parece más restringido por sus propias limitaciones técnicas que por otra cosa.

Pero Robin Niblett, director del centro londinense de investigaciones Chatham House, opina que el proceso mismo contiene algunos elementos positivos.

"Los acercamientos cambian la dinámica de la política externa estadounidense, incluso si no logran cambios inmediatos y específicos", dijo.

"Abrir las discusiones bilaterales con Irán no ha cambiado aún el comportamiento de Irán, pero ha aumentado la disposición de los europeos a respaldar sanciones más serias", sostuvo.

"Y el relanzamiento de las relaciones con Rusia no ha detenido a ese país de adoptar políticas para ejercer nuevamente su influencia en Ucrania y el Caúcaso, pero ha llevado a discusiones más constructivas con ellos acerca de Irán", concluye.

Paz inestable

Image caption Obama ha buscado una política externa con más diálogo que su antecesor.

Eso en cuanto a Irán, pero, ¿que hay de las tensiones entre el gobierno de Obama e Israel?

Los críticos han reprochado a Obama por lo que ellos ven como un ataque innecesario contra un buen aliado.

Otros han argumentado vehementemente que la presión de Estados Unidos sobre Israel se requería desde hace tiempo, y que debería aumentar y mantenerse.

Nathan Brown, del centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace, ha contado y analizado los fracasos del proceso de paz de Medio Oriente por más tiempo del que le gustaría admitir.

Está menos preocupado por la presión sobre Netanyahu que acerca del contexto en el que ocurrió.

"Si el gobierno de Obama está hablando en serio acerca de buscar la paz palestino-israelí, entonces algunas tensiones con el gobierno israelí son inevitables. Sus posiciones son simplemente muy distintas a las ideas estadounidenses acerca de un arreglo", apuntó.

"El problema no era la rudeza, sino que la rudeza parecía no estar acompañada por estrategia alguna. Ahora, luego de más de un año de estar en el poder, el gobierno de Obama finalmente parece estar armando una estrategia".

Sin embargo, Brown no está convencido de que la estrategia resida sobre bases sólidas.

"El problema básico es que asume que las condiciones que existían hace 5 o 10 años todavía se mantienen", dijo,"pero ya no están ahí".

"El lado palestino está dividido y débil. La opinión pública israelí, y no solo los dirigentes derechistas, muestra signos de haber abandonado el proceso de paz", señaló.

"Buscar conversaciones de paz como si Hamas no existiera, Gaza fuese irrelevante y los israelíes estuviesen convencidos, no es realista", aseguró.

Prueba

En respuesta a la pregunta fundamental acerca de la consistencia de las directivas de política exterior del gobierno de Obama, Niblett dijo que "los cambios reflejan una disposición a ajustarse y no ser didáctico si las cosas no están funcionando. Es parte del pragmatismo que caracteriza a ese gobierno".

Pero advirtió que hay límites claros a la política estadounidense de acercamientos.

"La prueba será cómo adapta sus políticas el gobierno de Obama durante su segundo año", apuntó Niblett.

En efecto, los próximos meses ofrecerán tal vez la mayor prueba a la visión de Obama frente a todo el mundo.

Si las conversaciones palestino-israelíes logran pocos avances, como lo vaticinan la mayoría de los expertos, ¿tiene el equipo de Obama una estrategia temporal para prevenir o contener cualquier rebrote de violencia?

Con los contactos estadounidenses con Siria estancados, ¿puede evitarse otro conflicto en la frontera norte de Israel con Líbano?

Y, tal vez la mayor pregunta de todas: incluso si puede llegarse a un acuerdo en Naciones Unidas para otra ronda de sanciones contra Irán, ¿después qué?

Si el programa nuclear iraní sigue, ¿podrá el gobierno de Obama aceptar un Irán al menos con "capacidad nuclear"?

O ¿buscará cambiar el status quo por otros medios?

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