Europa, un activo a la baja

Símbolo del euro en Bruselas
Image caption La crisis financiera en Grecia ha puesto en duda la capacidad de reacción de la UE y la viabilidad del euro.

Medio año después de aplicar el Tratado de Lisboa para adaptarse al mundo moderno, la Unión Europea (UE) sufre una creciente pérdida de influencia global y aún ignora cómo revertir el fenómeno, afirman analistas.

"Hay una gran tendencia: la UE está perdiendo influencia en los asuntos internacionales", afirmó a BBC Mundo Janis Emmanouilidis, analista principal del Centro de Política Europea, con sede en Bruselas.

Las señales de debilidad y de falta de protagonismo europeo ante los desafíos globales se han repetido en el último semestre, pese a los cambios que la UE adoptó en diciembre para ganar peso en el tablero mundial.

Esos cambios, previstos en el Tratado de Lisboa, incluyeron la designación de un presidente permanente del bloque, Herman Van Rompuy, y de una nueva jefa de la diplomacia continental, Catherine Ashton.

Sin embargo, los expertos coinciden en que Europa sigue sin tener una única voz en asuntos globales ni una estrategia clara para evitar quedar relegada en un mundo donde el poder se distribuye cada vez más entre Estados Unidos y potencias emergentes como China, India o Brasil.

Gravedad perdida

Los golpes recientes a la imagen exterior europea son diversos.

La crisis financiera que explotó en Grecia puso en duda la capacidad de reacción de la UE y obligó al bloque a aceptar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) acudiera en auxilio de uno de sus miembros.

Además, los principales países de la UE exhiben diferencias frescas en temas estratégicos como la negociación comercial con el Mercosur, la reforma del sistema financiero o la reducción de gases de efecto invernadero.

A eso se suma la falta de pujanza europea en foros como la reunión de Copenhague sobre cambio climático, o la cancelación de una cumbre UE-EE.UU. que debía celebrarse la semana pasada en Madrid, porque el presidente estadounidense Barack Obama decidió faltar a la cita.

"Que Obama haya cancelado esa cumbre y no la de la OTAN en Lisboa sugiere que le preocupa mantener una relación con la UE sólo desde el punto de vista de la seguridad", indicó a BBC Mundo Ignacio Molina, experto del Real Instituto Elcano de Madrid.

Otra cumbre que la UE había convocado para la semana próxima en Barcelona con países del Mediterráneo y de Medio Oriente también fue postergada, según medios españoles por el temor a un fracaso (aunque Madrid adujo que lo hacía para preservar el diálogo israelí-palestino).

"Europa ha dejado de ser el centro de gravedad de la historia mundial, es una región más entre otras, y está lidiando con el hecho de que ya no tiene el mismo papel que tuvo en el siglo XX", observó Emmanouilidis.

Comercio y diplomacia

La UE sigue siendo el primer bloque comercial del planeta, pero muchos advierten que esa importancia también se diluye ante la pérdida de competitividad y productividad de los 27 en términos globales.

"Si el gran poder de Europa era el poder comercial, y Rusia, China o Brasil van aumentando posiciones en el comercio mundial mientras Europa las pierde, pues eso afecta a la debilidad europea", dijo Molina.

El objetivo del Tratado de Lisboa era precisamente equiparar la presencia de Europa en el mundo con su peso comercial, entre otras cosas mediante la designación de un nuevo servicio diplomático del bloque.

Pero en estos seis meses, en Bruselas y en algunos estados de la UE se han escuchado críticas a Ashton, encargada de esa misión, por su supuesta falta de protagonismo y experiencia en política exterior.

Sin embargo, analistas y diplomáticos consultados evitaron atribuir sólo a Ashton o a Van Rompuy la responsabilidad porque el Tratado de Lisboa no haya dado hasta ahora los frutos esperados, tras ocho años de negociaciones.

"Para que los cambios comiencen a notarse se necesita más tiempo", comentó un miembro de la cancillería francesa esta semana a BBC Mundo.

Lo que falta

De hecho, algunos creen que sin el Tratado de Lisboa, Europa habría tenido más dificultades para enfrentar la crisis griega y que el continente al menos mostró esfuerzos para enfrentar los nuevos retos globales.

Pero todos coinciden en que Europa debe hacer mucho más que hasta ahora para recobrar protagonismo en el escenario global.

Eso incluye lograr un nuevo equilibrio entre los cargos creados en diciembre, las funciones del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, que busca reafirmar su poder, y el país que ejerce la presidencia de la UE cada seis meses.

Otros advierten además que los grandes estados europeos que poseen un peso relativo en órganos internacionales como el Consejo de Seguridad de la ONU o el FMI, aún deben definir cuánto poder quieren pasar a la UE.

"Para tener una voz común en la arena internacional es necesario que los estados europeos converjan con las instituciones europeas", dijo Alvaro de Vasconcelos, director del Instituto de la UE para Estudios de Seguridad, con sede en París.

"Y para eso hay que ir más allá del Tratado de Lisboa", agregó. "Debemos pensar diferente, tener un debate sobre lo que Europa quiere ser en el mundo y definir una estrategia de política exterior de la UE que sea aceptada por todos sus estados".

La duda la pregunta es si la UE podrá reaccionar a tiempo para evitar un papel de "insignificancia" en el mundo moderno, un riesgo que Barroso citó ante el parlamento continental hace ya cuatro meses.

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