La guerra en Irak deja más de un millón de viudas

Manifestación a favor de los derechos de la mujer en Irak

La interminable violencia en Irak, así como los efectos causados por las guerras que ha sufrido el país, ha incrementado el número de viudas iraquíes en más de un millón, según cifras oficiales.

La BBC en árabe conversó con varias de las viudas que todavía residen en Irak para hablar sobre sus experiencias personales, los problemas a los que se enfrentan y sus miedos y esperanzas para el futuro.

Razan

Razan Othaman Mohammed - Bagdad - 29 años

Sólo un minuto fue necesario para perder a mi marido y acabar con una historia de amor que duró diez años.

En 2008, mi marido, un pariente suyo de sólo 5 años de edad y yo nos vimos atrapados en la explosión de una bomba en un supermercado. Cuando los médicos vinieron a rescatarnos, un suicida hizo estallar los explosivos que llevaba adheridos a su cuerpo. En ese momento perdí la consciencia y mi cuerpo se llenó de metralla. Mi marido murió de camino al hospital a causa de las múltiples heridas graves que sufrió. El niño huérfano se quedó paralítico.

Yo misma me he sometido a cinco operaciones tras la explosión. Permanecí en estado crítico durante un largo periodo, tiempo en el que los médicos aconsejaron a mi familia de que no me informaran de la muerte de mi marido. Tres meses después me comunicaron la noticia.

Desde entonces, vivo con mis padres y me mantengo con mi propio salario. Creo que mi situación actual es mejor que el de otras viudas con hijos. Pero a ellas, ¿quién las ayudará?

El gobierno debería hacerse cargo de esta parte de la sociedad, que excede ya un millón de personas, y otorgarles un salario razonable en vez de gastarse millones en seguridad y políticos.

Elham

Elham Mahdi - Bagdad - 42 años

Mi marido murió cuando el autobús que le llevaba al trabajo sufrió una terrible explosión. Aquella mañana salió de casa sobre las ocho para dirigirse al mercado de Shorja, en Bagdad, donde trabajaba como vendedor. En media hora estaba muerto. Tras su fallecimiento, me he convertido en madre y padre de cuatro niños.

El gobierno nos compensó económicamente. Sin embargo, ningún tipo de compensación puede paliar los efectos causados por la muerte de mi marido. Recibimos un pago cada seis meses, que a la vez es insuficiente para cubrir nuestras necesidades.

También recibimos ayudas de una organización civil regional, que me otorga un salario mensual para mis hijos, ropa y ayudas al inicio del año académico. Sin embargo, nuestras condiciones de vida son muy duras y necesito más dinero para mantener a cuatro niños aún en edad de crecimiento.

Nahla

Nahla Al Nadawi - Bagdad - 44 años

El día que tuve que enterrar a mi marido, fue el más duro de mi vida. Sin embargo, no pude llorar su muerte porque tenía que cuidar a mi hijo autista. Aparte de mí y mi marido, sólo un número limitado de personas saben cómo tratarlo.

Mi marido Mohammed era un cirujano refugiado en Alemania. Cuando el régimen cambió en 2003, volvió a Iraq inmediatamente. A mediados de abril del 2007, una explosión en el puente Al Jadiriyah en Bagdad causó numerosas muertes. Se encontraron 10 cuerpos completamente carbonizados, uno de los cuales era mi marido.

Aseed, my hijo, solía dormirse cada noche sobre el pecho de mi marido, al compás de los latidos de su corazón. La muerte de su padre le afectó enormemente. Pasó días sentado en su armario, probándose su ropa. Sin embargo, su muerte le hizo a la vez más fuerte y decidido a enfrentarse con los problemas de la vida.

Siento que mi marido aún está entre nosotros. Era escritor, pintor e intelectual y, por esta razón, siento que sólo ha muerto físicamente, pero su obra sigue aquí con nosotros. Para superar esta trágica pérdida, me reté a mi misma a continuar. Con la ayuda de muchos amigos, conseguí encontrar un segundo trabajo, a parte de seguir con mi labor de apoyo y ayuda a otras víctimas. Así me ayudaba a mi misma a superar la tragedia también. Como viuda y madre de un niño con necesidades especiales, necesito la asistencia de una organización especializada para que me ayude con los cuidados de mi hijo.

Adawyia

Adawyia Mutar Hussien - Nayaf - 40 años

Perdí a mi marido cuando estaba embarazada de nuestra hija, quien ahora tiene 6 años. Se quedó huérfana incluso antes de nacer.

Mi esposo fue asesinado en 2004 a raíz de una disputa familiar, dejándome sola con dos hijas a las que cuidar. He intentado luchar por los derechos de mi marido pero nadie me ha querido prestar su ayuda, ni el gobierno ni mi familia. Por aquel entonces, el gobierno era muy débil y reacio a intervenir en conflictos familiares. Por este motivo, decidí mantenerme en silencio y vivir con mis dos hijas en paz.

Mi principal fuente de ingresos proviene de vecinos y donantes que recolectan dinero de vez en cuando. Además, trabajo como limpiadora en salas de fiestas y bodas.

He solicitado ayuda económica al gobierno, pero hace seis años de la muerte de mi esposo y aún no he recibido nada. Como dichas ayudas son gestionadas en Bagdad y no predispongo del dinero necesario para el desplazamiento a la ciudad, no puedo seguir luchando por mi caso.

Más de la mitad de mis ingresos los destino a pagar el alquiler de la casa en la que vivo actualmente, que tiene una habitación. Ahí vivo con mis dos hijas y mi sobrino huérfano minusválido.

No contemplo volver a casarme ya que quiero dedicar mi tiempo al cuidado de mis dos hijas y, además, un nuevo esposo podría no saber cómo tratar a mi sobrino minusválido. Lo único que le pido al gobierno es un pequeño trozo de tierra para que pueda construirme una casa sencilla y poder mantener a toda la familia bajo un mismo techo.

Huda

Huda Abd Al-hafith - Bagdad - 37 años

Soy madre de cuatro hijos. Mi marido era taxista. Un día salió de casa para ir a trabajar y nunca más volvió.

Después de cuatro días de ausencia, encontré su cuerpo torturado en el hospital local. El informe policial de su muerte concluyó que unos individuos armados secuestraron su coche y acabaron asesinándolo. Después de esto, el caso se cerró. Creo que el extremismo sectario prevalente en aquella época influenció enormemente en el asesinato de mi esposo en 2007.

Después de que nos echaran de mi antigua residencia, ahora vivo en una casa de una habitación con mis cuatro hijos. El gobierno me solía dar una pequeñísima suma de 150 dinares al mes, cantidad que ni siquiera cubría mi alquiler de 200 dinares mensuales. Sin embargo, esta ayuda fue cancelada hace seis meses hasta que se forme un nuevo gobierno.

Trabajo desde casa porque no puedo dejar solos a mis hijos pequeños. Hago y vendo pan y comida a mis vecinos. Esto constituye mi segunda fuente de ingresos, a la vez que me permite quedarme con mis niños en casa, y así apartarlos de calles llenas de violencia.

Majda

Majda - Basora - 60 años

El intento fallido de emigrar a Alemania en 1995 condujo a mi marido a su muerte. Lo perdimos todo. Trabajo, casa y dinero.

Aquel año, la situación en Iraq era muy difícil. Tuve problemas en el trabajo principalmente porque me negué a formar parte del grupo Baath. Decidimos viajar a Jordania y desde allí a Alemania. Sin embargo, no pudimos conseguir los visados necesarios para entrar en el país.

Las condiciones de vida en Jordania era muy difíciles y, por tanto, decidimos volver a Iraq y empezar nuestras vidas desde cero. Con el dinero que nos quedaba, compramos una casa y muebles muy sencillos. Después de un año, mi marido falleció, en parte por no poder sobrellevar el estrés y presión de nuestra vida.

Por el momento vivo sola en mi casa y trabajo como sastre de vez en cuando. Mi familia me ayuda económicamente.

Además, empecé a recibir la ayuda económica por ser viuda hace poco, después de que el ayuntamiento de mi localidad también me ayudara. En la zona en la que vivo, todas las viudas y divorciadas reciben apoyo económico gracias a la colaboración de un hombre muy bueno que trabaja en el ayuntamiento.

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