Bremer: la democracia "no por difícil es imposible"

Paul Bremer

En 2003, Paul Bremer fue nombrado administrador civil de Estados Unidos, encargado de supervisar la transición del país hacia la democracia.

Como favorito del Departamento de Estado, entró a reemplazar a Jay Garner, adminstrador interino y preferido por el Pentágono.

Durante el mandato de Bremer sucedieron la captura, juicio y ejecución de Saddam Hussein.

Pero el funcionario estadounidense también desbandó el ejército iraquí y depuró el sector público de elementos del antiguo gobierno, medidas que luego se reconocieron como errores.

La BBC le pidió que escribiera una reflexión sobre lo que logró la misión que este martes termina su fase de combate. Estas son sus palabras.

"Al concluir el rol combatiente de las tropas estadounidenses en Irak, los ciudadanos de EE.UU. y de otros países que lucharon de nuestro lado para liberar Irak pueden sentir cierta satisfacción con el progreso logrado allí.

Sin duda, extremistas enemigos de la democracia continúan sus ataques. Los iraquíes siguen luchando por establecer un nuevo gobierno y proveer servicios esenciales, como energía eléctrica.

Pero al margen de los comentarios acalorados, un poco de perspectiva no está de sobra.

Tras perder muchos amigos estadounidenses e iraquíes en esta guerra, estoy plenamente consciente de que cada muerte es dolorosa. Pero cabe recordar que las bajas iraquíes y estadounidenses se redujeron en un 95% con respecto a hace tres años.

Y, aunque todavía no se satisface toda la demanda, la producción de electricidad está 40% por encima de sus niveles de preguerra.

Nosotros los estadounidenses, en particular, podríamos moderar las críticas de los demorados esfuerzos en establecer un gobierno representativo. Recuerden: a nosotros nos tomó siete años para ganar la independencia, 12 años para escribir nuestra Constitución y pasaron 20 años antes de que tuviéramos partidos políticos.

Establecer un régimen democrático en Irak no será cosa fácil, definitivamente no más fácil de lo que fue en Estados Unidos. Pero decir que algo es difícil no es decir que es indeseable o imposible.

El panorama más amplio confirma que la gran mayoría de iraquíes desea que su país sea regido por un gobierno elegido por sus ciudadanos, no por un tirano que, hasta la liberación de 2003, fue la triste historia de Irak.

Durante los últimos cinco años, millones de iraquíes han afrontado amenazas terroristas al votar en cuatro elecciones y en un referendo en el que aprobaron la Constitución más progresiva de cualquier país árabe en la historia.

Este documento revolucionario reconoce los derechos humanos fundamentales, igualdad de sexos y libertad religiosa. Establece el imperio de la ley, la separación de poderes y la independencia de la judicatura. Por supuesto, la Constitución es solo un documento y debe ser respetado en la práctica. De todas formas, lo fundamental: hoy, por primera vez en la historia del país, los iraquíes son ciudadanos, no súbditos, de su gobierno.

La demora en conformar un gobierno es una frustración, inclusive una desilusión. Pero el agitado debate sobre el establecimiento de un gobierno es de por sí refrescante e, irónicamente, una medida de lo lejos que Irak ha llegado. Bajo Saddam, este tipo de conversación habría resultado en tortura o muerte. Hoy, en ningún otro lugar del mundo árabe musulmán se fomenta o, inclusive, tolera esta clase de discusión abierta.

Esto resalta lo que está en juego en Irak. Pues si la antigua tierra de Mesopotamia puede establecer un gobierno representativo, guiado por principios constitucionales modernos, el ejemplo demuestra que otros países árabes musulmanes también podrían ser gobernados por el pueblo.

La democracia en una importante nación árabe refuta además las afirmaciones de extremistas que el Islam discuerda fundamentalmente con el mundo moderno y debe emprender la guerra contra éste.

Estados Unidos no debe alejarse del todavía limitado éxito en Irak. Irak se encuentra en un vecindario peligroso. La antigua línea limítrofe preislámica entre las civilizaciones árabe y persa corre a lo largo de su frontera oriental.

Con una población de apenas 30 millones, Irak nunca podrá generar fuerzas convencionales por sí solo para contrarrestar Irán, que tiene el doble de la población base. Un Irán con armas nucleares -que con justificación el gobierno de Estados Unidos tilda de "inaceptable"- sería una amenaza para Irak, toda la región y los amplios intereses estadounidenses.

Así que los intereses de EE.UU. continúan vinculados al éxito y estabilidad de Irak.

Nuestro acuerdo de seguridad exige el retiro de todas las fuerzas estadoundienses para el fin del año próximo. Pero ese acuerdo también provee que ambos países pueden ejecutar "deliberaciones estratégicas" sobre la defensa de Irak contra amenazas externas e internas.

El gobierno estadounidense debería empezar pronto conversaciones silenciosas con los iraquíes sobre cómo, después del año entrante, podríamos continuar apoyando a Irak a medida que avanza por el difícil camino hacia una sociedad abierta y democrática".