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Colombia conmemora aniversario de la toma del Palacio de Justicia

5 nov 2010 00:34 GMT

Hernando Salazar

Bogota

Llama Eterna en el Palacio de Justicia

La toma del Palacio de Justicia en Bogotá por parte de la guerrilla del M-19, así como la contra-toma por parte del ejército de Colombia, ocurrieron el 6 y el 7 de noviembre de 1985. Ese episodio sigue siendo una herida abierta en la historia de este país, azotado por la violencia política desde mediados del siglo XX.

Una herida abierta que sigue polarizando a la opinión pública en torno a lo que se puede y no se puede hacer en un conflicto, y a lo que se debe y no se debe perdonar en una guerra.

Este jueves, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, encabezó una ceremonia en honor a las víctimas, en la que se encendió una Llama Eterna en el patio central del nuevo Palacio de Justicia.

El edificio lleva el nombre de Alfonso Reyes Echandía, el presidente de la Corte Suprema que murió con otra docena de magistrados en la toma del Palacio de Justicia luego de pedir en vano un alto al fuego.

El llamado Holocausto del Palacio de Justicia es considerado como uno de los grandes episodios de la violencia en Colombia en el siglo pasado, junto al levantamiento del 9 de abril de 1948 que siguió al asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán, en lo que se conoció como "El Bogotazo".

Pese a que los jefes del M-19 fueron indultados y amnistiados por la toma del Palacio de Justicia, el presidente encargado de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla, declaró que en noviembre de 1985 se cometieron crímenes de lesa humanidad, que no prescriben y no son objeto de perdón judicial.

Expertos consultados por BBC Mundo, como el profesor de derecho constitucional Diego López, de la Universidad de los Andes, creen que hay suficientes argumentos, como los usados en Argentina contra las leyes de punto final, para encausar a la dirigencia del M-19 que dio la orden de tomarse el Palacio de Justicia.

"En nombre del derecho"

López critica severamente a la guerrilla y al ejército por lo ocurrido. "Es la profunda contradicción de una acción militar que se hizo a nombre del derecho, pues la guerrilla se tomó el Palacio porque quería enjuiciar a un presidente (Belisario Betancur) y de la una retoma brutal por parte del Ejército", dice.

Las fuerzas militares siempre se han defendido diciendo que lo que hicieron fue en defensa de la democracia y de las instituciones.

El historiador Gonzalo Sánchez, que dirige el grupo de memoria histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, cree que el caso del Palacio de Justicia resume dos rasgos críticos de la violencia colombiana.

"Por un lado, el delirio de la insurgencia y por otro la justicia como víctima de los agentes del Estado que tenían la misión de resolver un conflicto", le dice Sánchez a BBC Mundo.

La antropóloga María Victoria Uribe, una estudiosa de la violencia, le comenta a BBC Mundo que lo del Palacio de Justicia "es uno de los hechos más ignominiosos de la historia del país".

"Ni una sola"

Uribe se queja de que durante las 27 horas de la batalla campal que hubo en el Palacio y mientras el edificio se incendiaba "no hubo una sola movilización ciudadana para impedir semejante carnicería".

Y añade que un cuarto de siglo después Colombia no ha hecho la catarsis por lo ocurrido en el Palacio de Justicia, "porque aquí la violencia está naturalizada y hace parte del tejido social".

La periodista colombo-irlandesa Ana Carrigan, que escribió el libro "El Palacio de Justicia, una tragedia colombiana", le recuerda a BBC Mundo las conclusiones a las que llegó una comisión de la verdad creada por las altas cortes para investigar lo ocurrido en la toma y retoma.

"La comisión dijo que en el Estado colombiano 'hay una propensión hacia la impunidad", mencionó "un convenio para no investigar" y se refirió a un pacto de silencio, "por lo menos tácito" alrededor de lo ocurrido, recuerda Carrigan.

Alberto Donadío, un reconocido periodista de investigación, publicó recientemente "Que cese el fuego", un homenaje al magistrado Alfonso Reyes Echandía.

"La tragedia del Palacio de Justicia, aunque ocurrida hace un cuarto de siglo, sigue siendo el símbolo vigente de cómo la violencia, todas las violencias, afectan a todos los colombianos", le comenta Donadío a BBC Mundo.

La abogada Patricia Linares, quien fue Procuradora para los Derechos Humanos, ve con pesimismo la lección que dejó en Colombia la toma y contra toma del Palacio de Justicia.

"Yo estoy segura de que si aquí sometieran a referendo la única sentencia judicial que se ha producido por las desapariciones ocurridas en la retoma del Palacio (la del coronel Alfonso Plazas Vega, sentenciado a 30 años), la gente votaría por revocar la condena", declara Linares a BBC Mundo.

"Sin desaparecidos"

Y otro abogado, Jaime Castro, quien era el ministro de Gobierno (interior) en noviembre de 1985, le comenta a BBC Mundo que él tiene dudas de la condena contra Plazas y afirma que no hay constancia de que el ejército haya desaparecido a 12 personas que estaban en el Palacio.

Este jueves volvieron a oírse voces que piden que la justicia llegue hasta donde tenga que llegar para esclarecer el caso, como la del ex ministro Carlos Medellín, hijo de uno de los magistrados muertos, quien pidió que se encause al ex presidente Betancur.

Expertos en derechos humanos, como el abogado Mario Madrid-Malo, advierten que "tiene muy mal sabor el hecho de que la fiscal y la juez cuya actividad condujo a la condena del ex coronel Plazas hayan afrontado, respectivamente, la remoción y el exilio".

Pilar Navarrete, la esposa de Héctor Jaime Beltrán, un empleado de la cafetería del Palacio, que sigue desparecido, se queja de que la justicia solo haya actuado en los últimos cinco años.

"Esto no se puede volver a repetir", le comenta a BBC Mundo Pilar, quien estuvo en la ceremonia con el presidente, y en la cual hubo un 30% de sillas sin ocupar.

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