La urraca que salvó a una familia

Bloom con un ave en su hombro. Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Sam Bloom sufrió un accidente en 2013 y perdió la movilidad de sus pies.

Sam Bloom sufría de una fuerte depresión. Durante unas vacaciones familiares se había caído de un techo y ese accidente la había dejado paralizada del pecho para abajo.

Pero una ayuda llegó de forma inesperada: una urraca hembra que se había perdido de su nido y que la familia de Sam adoptó como un miembro más le dio impulso para volver a empezar.

Sam no recuerda la caída. Ella solo tiene en la memoria que estaba apreciando la vista desde la terraza del hotel en el que se alojaban en Tailandia.

Era enero de 2013 y estaba con su familia de vacaciones en un pequeño complejo hotelero cerca del mar de Andamán. Tras una mañana en la playa, ella, su esposo Cameron y sus tres hijos descubrieron que el hotel tenía una terraza.

De repente Cameron escuchó un estruendo, como de un objeto de peso desmoronándose. Cuando se dio vuelta, Sam no estaba con ellos, ni tampoco la baranda en la que estaba apoyada.

Se asomó y vio el cuerpo de su esposa sobre el concreto del suelo, dos pisos más abajo. Se había caído unos seis metros.

Cameron corrió a auxiliarla, pero el panorama era desolador.

"Parecía como si se hubiera desmayado, pero lo peor era un bulto que se le había hecho en la espalda y pensé que muy probablemente se había dañado la columna vertebral", relató Cameron.

Los tres niños también bajaron las escaleras y uno de ellos, Rueben, al ver a su madre tendida preguntó: "¿Mamá se va a morir?".

"Sabía que estaba viva, pero de pronto vi que comenzaba a chorrear sangre de su cabeza y de verdad pensé que el golpe le iba a causar la muerte", recordó Cameron.

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Para los integrantes de la familia Bloom, Pingüino transformó el humor de la casa y ayudó a salir adelante a Sam.

Nunca más

Tuvieron que conducir cuatro horas para llegar a un hospital.

Pero la presión sanguínea de Sam era tan baja que los médicos que la atendieron no podían operarla de inmediato. Su cráneo estaba fracturado en varias partes, su cerebro sangraba, tenía daños en los pulmones, pero sobre todo su columna vertebral se había fracturado a la altura de los hombros.

A pesar del panorama desolador, los cirujanos lograron intervenir y Sam sobrevivió.

Seis semanas después, estaba en condiciones para regresar a su país, Australia. Allí la examinaron a fondo y llegaron a un diagnóstico.

"El doctor vino y me dijo: 'En una escala de moderado a grave, tú estás grave'", recordó Sam.

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Salomon Bloom es fotógrafo profesional y tomó por los menos 14.000 imágenes del paso de Pingüino por la casa.

"Entonces pregunté si algún día podría volver a caminar. Y me respondieron directamente que no, que nunca más iba a volver a caminar".

Sam cayó en una fuerte depresión.

"Estaba furiosa. Todavía lo estoy, para ser honesta. Estaba muy molesta conmigo misma", dijo.

No podía aceptar que la baranda de madera sobre la que se había apoyado estaba tan podrida y ella no lo había notado.

Pingüino

Estuvo en el hospital por seis meses. Allí se sintió miserable al darse cuenta de lo que había perdido: no podía caminar, no podía comer. No podía surfear.

"La verdad es que deseé haberme muerto aquel día", dijo Sam.

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Le llamaron Pingüino porque cuando era pequeño estaba cubierto de plumas verdes y tenía unas patas enormes.

Pero tres meses después ocurrió algo inesperado.

Sam estaba recibiendo la visita de sus hijos cuando de repente Noah, su segundo hijo, notó que había una cría de urraca que había caído en el suelo. Entonces la recogieron y se la llevaron a casa.

"La bautizamos Pingüino porque lucía como tal: era blanca, regordeta y tenía unas patas enormes", describió Sam.

Por la caída, la familia Bloom pensó que la cría se había roto un ala. Pero nada de eso. Era sólo una pequeña urraca de tres semanas de nacida.

Un veterinario le advirtió a la familia que era un enorme compromiso adoptar un ave tan joven, a la que había que alimentar cada dos horas.

Pero la familia decidió aceptar el reto y cuidarla entre todos.

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Sam Bloom tiene tres hijos: Rueben, Noah y Oli.

"Me encanta tenerla cerca porque me sirve de compañía. Cuando llegó a casa permanecía mucho tiempo en mi regazo. Nos hace reír un montón", narró Sam.

De a poco, Sam comenzó a salir de su depresión y a quitarse el peso de la culpa.

"Le comencé a contar todo, sobre todo cómo era antes del accidente. No creo que Cameron quisiera escuchar más esa historia, pero Pingüino lo hacía".

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption A Pingüino le enseñaron a hacer sus necesidades afuera de la casa. Pero a las seis de la mañana estaba en la ventana cantando para que lo dejaran entrar.

Pero no todo son risas. Pingüino, al parecer, tiene su genio.

"Algunas veces me la cruzo y me da un picotazo en la mano. Otras veces se sube a la cama, se enrolla en la cobija y se acuesta a dormir.

Los chicos juegan con Pingüino lanzándole palos que ella agarra con el pico.

"Ellos la adoran", dijo Cameron.

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Primero Pingüino se fue seis meses y regresó por otros ocho meses, pero desde hace un año no saben nada de su suerte.
Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Sam Bloom cayó en una fuerte depresión después de enterarse que le sería imposible volver a caminar.
Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption La experiencia de los años vividos con Pingüino sirvieron para editar un libro.

Fotos a "Pingüino"

De repente, Sam comenzó a tomarle fotos a este ave adoptada.

"Pingüino nos regala tantas imágenes locas que es imposible no tomarle fotos", dijo Sam.

De las fotos caseras se pasó a una cuenta en Instagram con más de 130 mil seguidores.

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Pingüino sobre la cabeza de uno de los niños.

Sin embargo, no era un ave amaestrada… y mucho menos para ir al baño, así que la casa se ensució un poco. Mientras iba creciendo, la familia tuvo un empeño: que la urraca hiciera sus necesidades afuera.

No sólo lograron eso, sino también que durmiera en el patio. Pero eso sí, a las seis de la mañana de cada día se para frente a la ventana entonando un canto que significa "déjenme entrar".

Cómo duele crecer

Mientras más crecía, Pingüino se hacía más independiente y permanecía fuera de casa por largos periodos. En una ocasión desapareció seis semanas. La familia sintió la ausencia.

Pero para el cumpleaños 13 de Rueben, la urraca hizo una visita sorpresiva y se quedó por ocho meses más.

Ahora hace un año se fue y no ha regresado.

El ave rescatada encontró su libertad. Y Sam ha hallado algo de libertad en su propio camino.

Hace tres años comenzó a recibir clases de kayak y el verano pasado se sumó al equipo australiano de para-kayak.

"Me quité la silla de ruedas y volví al agua, de regreso a la naturaleza que tanto extrañaba".

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom

14.000 fotos

Durante los dos años que Pingüino estuvo en casa, Cameron -que es un fotógrafo profesional- tomó cerca de 14.000 fotos del ave.

Las imágenes se convirtieron en un fenómeno viral en las redes sociales, pero el público desconocía la lucha de Sam y de su familia.

Un libro recientemente publicado relata todo. Fue allí donde Sam leyó la reacción de sus hijos cuando la vieron tendida en el suelo del hotel en Tailandia.

"Lloré cuando leí el capítulo del accidente. Noah también lloró. Te sientes culpable como madre por poner a tus hijos en esa situación".

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Para la familia Bloom, la urraca se convirtió en una especie de ángel de la guarda en los momentos más difíciles.

Cameron piensa que la urraca ayudó a rescatar la familia.

"Sam estaba en un lugar especialmente denso y oscuro cuando Pingüino llegó a casa y transformó el humor de la familia. Y eso cambió a Sam", dijo.

"Yo amo a ese pájaro. Realmente lo adoro", sentenció Sam.

"Vivir con parálisis es como si te despertaras un día sintiéndote que tienes 120 años. Tu familia te ama, lo sabes, pero todo se vuelve tan lento y tan doloroso que te cambia la perspectiva de la vida", agregó.

Por eso les agradece a sus hijos, a su esposo y, por supuesto, a esa pequeña ave amiga.

"Los ángeles vienen en distintos tamaños y formas".

Derechos de autor de la imagen Cameron Bloom
Image caption Sam Bloom hace parte del equipo australiano de para-kayak

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