Las hermosas y raras fotografías tomadas en Shanghái hace casi dos siglos

Barberos itinerantes Derechos de autor de la imagen William Saunders

William Saunders sintió una especial fascinación por la vida cotidiana de China en la segunda mitad del siglo XIX. Viajó a ese país por primera vez, como ingeniero, en 1860. Luego de estudiar fotografía en Reino Unido, volvió a Shanghái y estableció su estudio allí.

El estudio fotográfico de Saunders fue uno de los primeros que se fundaron en Shanghái y, por más de un cuarto de siglo, se mantuvo como el más exitoso.

Saunders fue el primer fotógrafo, del que se tiene noticias, que coloreó fotografías a mano en China.

Los retratos de Saunders cubren la diversidad de los habitantes de Shanghái durante la segunda mitad del siglo XIX.

Estas fotografías fueron tomadas cuando la dinastía Qing vivía sus últimas décadas, después de gobernar el país durante más de 250 años y extender las fronteras de esa nación asiática hasta los límites actuales.

Los retratos hechos por Saunders solían incluir objetos que representaban el oficio o estatus social de las personas. Pero en este caso, la muchacha está apoyada en un jarrón cantonés, simplemente sosteniendo un quitasol.

Su calzado y el pañuelo con que se cubre la cabeza eran comunes entre las mujeres cantonesas, cuya belleza fue bastante celebrada por los fotógrafos de la época.

Shanghái, considerada la capital económica de China, no solo atrajo a empresarios extranjeros, sino también a inmigrantes de otras zonas de China.

La mujer y la niña provenían, al parecer, de la provincia de Jiangsu, una zona cercana a Shanghái. Los peinados que llevan eran típicos de esa región.

Es visible que ambas estuvieron sujetas a la práctica de los pies "vendados", lo cual indica que esta tradición fue ejercida entre un rango de clases sociales mayor de lo que usualmente se piensa.

Las sombrillas o quitasoles, que fueron considerados un signo de nobleza en la antigua China, estaban muy a la moda en Shanghái durante el período final de la dinastía Qing.

Saunders admiraba la tecnología china tradicional que, según creía, se había adelantado a invenciones similares realizadas en Europa.

Los hombres están a bordo de un vehículo de propulsión humana (al igual que una bicicleta). En esta carretilla, el conductor está ubicado en la parte trasera.

Su asertivas miradas sugieren que se sentían en confianza frente a la cámara, algo relativamente inusual en la China de entonces.

Saunders muestra claramente en este retrato su interés por el elaborado peinado y los pies sin vendar de la mujer.

Ella encarna la mezcla cultural que se generó en Shanghái: aunque lleva el vestido de seda tradicional de Cantón, está sentada en una silla de estilo europeo.

La composición de la imagen y la posición de su rostro siguen los cánones del arte occidental.

Muchos chinos vivieron en los asentamientos de extranjeros que estaban fuera de la zona amurallada de la urbe. Estos intercambios parecen haber influido en la apertura de la ciudad hacia la influencia extranjera.

De acuerdo con Saunders, esta residente de Shanghái accedió a fotografiar sus pies descubiertos antes de posar para este retrato.

Aunque el encuadre le otorga prominencia a sus zapatillas, también resultan fascinantes su vestido de primavera y la mirada orgullosa que le dirige a la cámara.

Este es uno de los retratos de estudio que Saunders realizó a los comerciantes de Shanghái. En la foto se puede observar a un vendedor de plumeros. Al parecer, las plumas se obtenían a través de los cocineros.

En la Shanghái de entonces, los pequeños mercaderes como el protagonista de esta imagen solían distribuir sus mercancías mientras caminaban por las calles de la ciudad.

La llamativa imagen muestra a una compañía de actores chinos luciendo su elaborado vestuario.

Los trajes convencionales del teatro chino solían estar hechos de ricas sedas y adornados con intricadas figuras bordadas a mano. Quienes representaban a los villanos usaban máscaras grotescas.

El hombre viste como un oficial de la Dinastía Qing y, con su mano izquierda, sostiene una pequeña botella sobre la mesa.

Ese tipo de botellas contenía picadura de tabaco o rapé y se convirtieron en uno de los objetos más representativos de la época.

El tabaco fue introducido en China desde Europa a finales del siglo XVI. El uso del rapé comenzó después del inicio de la dinastía Qing en 1644. En aquel momento, fumar tabaco estuvo prohibido pero el uso de la picadura era aceptable debido a sus cualidades medicinales.

La empatía de Saunders hacia los trabajadores chinos se evidencia en diferentes piezas.

Aquí se ve cómo el conductor de un taxi carretilla desmonta su aparejo para evadir el pago de impuestos. Algunos impuestos gravaban a los vehículos de ruedas que atravesaban por determinados puentes.

El anonimato de este tipo de obreros se recrea en la fotografía al traer el vehículo al primer plano y oscurecer la identidad de su dueño.

Una madre con dos niños, procedentes de Ningbo (un área de la costa sur de Shanghái), llevan los vestidos y peinados típicos de su región.

Mientras la madre y la niña situada a su izquierda alejan la vista de la cámara, el niño dirige una mirada inquisitiva al lente de Saunders.

Life in Qing Dynasty Shanghai: The Photographs of William Saunders (Vida en la Shanghái de la Dinastía Qing: las fotografías de William Saunders) es una exposición que será inaugurada este 4 de noviembre en la galería China Exchange de Londres.

Los textos pertenecen a Stacey Lambrow, a cargo de la curaduría de la exposición.

Las imágenes son cortesía de la Colección de Fotografías Históricas de China de Stephan Loewentheil

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