¿Será que apagar las llamas es lo que está causando los megaincendios en EE.UU.?

Bosque ardiendo Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption En 2015, los incendios abrasaron 10 millones de acres, un récord en la historia reciente.

Se les conoce como "megaincendios" y cada vez son más comunes y destructivos en los campos silvestres del oeste estadounidense. ¿Será posible que la lucha para controlarlos sea lo que los está causando?

En el cuarto de siglo que lleva como bombero, Mark Hartwig ha visto muchos incendios forestales.

Y, con el paso de los años, dice este jefe de bomberos de San Bernardino County, las llamas se han vuelto más difíciles de controlar.

"No hay duda de que la intensidad del fuego está aumentando en el sur de California", señala Hartwig mientras va camino a inspeccionar la línea frontal de otro incendio que se está tomando las montañas al este de Los Ángeles.

"Solíamos tener algo que llamábamos la 'estación de incendios'", cuenta.

Ahora, "la estación de incendios dura todo el año".

Las consecuencias son devastadoras. La extensión de tierra devastada por los incendios forestales, no sólo en California sino en todo Estados Unidos, está aumentando.

Desde 1983 (cuando empezaron los registros modernos) hasta 1999, el área total quemada anualmente excedió los 2 millones de hectáreas sólo tres veces.

Pero con el nuevo siglo, la destrucción se aceleró, y los megaincendios abrasaron más de 2 millones de hectáreasen 11 de los 15 años entre 2000 y 2015.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Los incendios producen unos paisajes apocalípticos.

En 2015, la cifra llegó a los 4 millones de hectáreas, un récord en la historia reciente.

El desafío que esta realidad plantea y la batalla casi sin tregua contra las llamas hace difícil hacer una pausa para reflexionar.

Los incendios se ven dramáticos en la televisión y los reportajes en las noticias se enfocan en la tragedia humana y en la valentía de quienes los enfrentan.

La discusión pública sobre la razón de estas aterradoras conflagraciones no tiene tanto espacio.

No obstante muchos científicos, guardabosques y bomberos creen saber qué está pasando.

"Los bosques necesitan fuego"

Image caption Esto solía ser un bosque, hasta que el incendio de Buffalo Creek lo arrasó en 1996, tornando al bosque en una pradera.

Una de las causas de los incendios forestales es obvia: el aumento en la temperatura ha convertido al oeste estadounidense en un polvorín, particularmente a California, que ya cuenta cinco años de sequía.

Cuando un bosque estalla en llamas, ya sea por la caída de un rayo, accidentes o premeditación, éstas se expanden por los cañones y los pasajes resecos con una velocidad fatal.

Sin embargo, la otra causa posible es mucho más sorprendente: resulta que tratar de apagarlas llamas las está atizando.

"Estamos atrapados en un círculo vicioso", le dice a la BBC Tom Fry, director de conservación de American Forest Foundation, un grupo sin ánimo de lucro que representa a 11 millones de terratenientes privados y familiares cuyas propiedades suman un estimado 56% de todos los bosques de EE.UU.

"Los bosques necesitan fuego", insiste.

"Es tan natural para un bosque como la luz del sol y la lluvia, pero no podemos dejar que nuestros bosques ardan debido a las presiones de la población y a la mala condición en la que están las florestas".

Mientras explica esto, Fry está parado en medio de un paisaje que demuestra lo que está diciendo: una cicatriz gigante atraviesa el Pike National Forest en las faldas de las Montañas Rocosas, al suroeste de Denver, Colorado.

Una fuerza natural elemental

Image caption En el fondo, la cicatriz. El anuncio dice: "Cerrado para vehículos".

Hace 20 años, una hoguera de un campamento desatendida y unos fuertes vientos prendieron el incendio forestal de Buffalo Creek.

Fue un fuego de copas, lo que significa que ardió ferozmente hasta las puntas de las copas de los pinos, lanzando llamaradas cientos de metros hacia arriba, que saltaban de copa en copa de los árboles.

El incendio de Buffalo Creek consumió casi 5.000 hectáreas en menos de 5 horas. Fue poco lo que los bomberos pudieron hacer, más que verlo arder.

"Pasarán siglos antes de que esta quemadura sane", predice Fry.

Para él, Buffalo Creek muestra lo disparatado que es intentar eliminar una de las fuerzas naturales elementales, y la importancia de aclarar los desmedidos bosques de EE.UU.

Guerra declarada contra los incendios forestales

Desde los primeros días del siglo XX, el Servicio Forestal de EE.UU., la principal agencia federal de lucha contra el fuego, acogió la idea de la supresión de incendios: prevenir o extinguir inmediatamente todos los incendios forestales.

Image caption Este es el Pike National Forest que queda cerca de Denver.

El concepto tenía sus críticos, pero la supresión terminó dominando tras el Gran Incendio de 1910, que devastó 1,2 millones de hectáreas en Washington, Idaho y Montana en cuestión de dos días, mató a más de 85 personas y dejó ciudades enteras en ruinas.

A partir de ese momento, el Servicio forestal le declaró la guerra a los incendios en territorio federal.

En 1935, el servicio introdujo la "política de las 10 a.m.". La meta era extinguir todos los incendios antes del mediodía del día en el que eran reportados.

Eso implicaba forzar a los rancheros y otros guardianes de la tierra a suspender la práctica de hacer quemas controladas, un método que la población nativa y la naturaleza habían usado durante siglos para manejar la tierra.

En las décadas de los años 60 y 70, algunos científicos empezaron a argumentar que la supresión de los incendios estaba causando más daño que beneficio, enfatizando el crucial rol que el fuego juega en los ecosistemas forestales.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Leña para el fuego: un estudio del Servicio Forestal de EE.UU. arrojó que unos 12 millones de árboles habían muerto en los bosques de California en 2015 a causa de la sequía.

Pero hasta el día de hoy, el deseo de permitir que ciertos incendios ardan es atenuado por la importancia de preservar la vida humana y los asentamientos en los ahora menos silvestres campos del oeste.

"Hoy en día, tenemos 44 millones de hogares cercanos a los bosques nacionales", señala Tom Tidwell, jefe del US Forest Service, que administra 154 bosques nacionales y 20 pastizales en 44 estados y Puerto Rico.

Esa intrusión humana en las zonas silvestres "ha reducido significativamente nuestra habilidad para manejar los incendios", señala.

Cien años sin fuego

Un siglo de supresión de incendios ha permitido que los bosques se vuelvan más densos y combustibles.

Si se añade el efecto combinado de la sequía y los escarabajos de corteza que han dejado un estimado de 66 millones de árboles muertos sólo en el sur de la Sierra Nevada, es evidente que falta mucho para que dejen de arder.

"El número de megaincendios que estamos viendo es lo que ahora tenemos que considerar como normal", advierte Tidwell, quien previamente ha descrito la política de exclusión y supresión de fuego como "desastrosa".

En todo caso, el jefe señala orgullosamente que sus equipos han logrado ahogar el 98% de los incendios forestales que decidieron apagar en la etapa temprana.

Pero no fue barato. El Servicio Forestal reporta que la proporción de su presupuesto dedicado a apagar fuegos ha subido dramáticamente, de 13% en 1991 a 56% hoy en día.

Eso significa que los guardabosques federales tienen muchos menos recursos para clarear los bosques y prevenir esos devastadores incendios.

Paraíso perdido

Image caption El paisaje desde el rancho de Nancy Zorensky.

Cuando Nancy Zorensky llegó por primera vez a su rancho en Pikes Peak pensó que "era la más hermosa alfombra de árboles".

Pero ahora su paraíso está marcado con cinco cicatrices de quemaduras causadas por incendios forestales que han amenazado su propiedad.

"Observamos los incendios y nos pareció que había algo raro: los fuegos de copas se comían el paisaje demasiado rápido".

Con la ayuda de la American Forest Foundation, Zorensky y su esposo investigaron y descubrieron que el denso bosque que los rodeaba no era tan silvestre y natural como parecía.

Antes de que llegaran los colonos al oeste, dicen los silvicultores, el área se componía de prados y grupos de árboles, con una mayor biodiversidad y la preponderancia de los árboles de pino Ponderosa, resistentes al fuego, en lugar de apretados, y en muchos casos muertos o moribundos, abetos Douglas.

Así que los Zorenskys decidieron restaurar unas 93 hectáreas alrededor de su rancho, para hacerlo más resistente al fuego, más sano y más sostenible.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption La valentía de los bomberos es apreciada pero, advierte el jefe del Servicio Forestal, si no cambian las cosas, seguirán perdiendo sus vidas.

Déjalo arder

Ese tratamiento es costoso pero -según sus partidarios- su precio es apenas una fracción de lo que cuesta lidiar con las consecuencias de los megaincendios que acaban con la tierra, con vidas y propiedades, y convierten a los bosques en praderas.

El Servicio Forestal de EE.UU. también ha estado bajándoles la densidad a bosques cercanos a comunidades. Entre 2009 y 2015, han tratado 4,8 millones de hectáreas, a pesar de los problemas presupuestarios.

Tidwell está haciendo un llamado para que se replantee radicalmente el financiamiento de los megaincendios, arguyendo que deben tratarse como los huracanes, volcanes, inundaciones o cualquier otro desastre natural

El peor de los casos, sentencia, es "mantener el estatus quo".

Eso significaría seguir perdiendo hogares y bomberos.

Fry concuerda. Para él, la gente debe permitir que el fuego cumpla su función natural.

Y advierte que el peligro de no hacer nada es que "la Madre Naturaleza siempre batea de última".

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Más que rezar, hay que cambiar.

Temas relacionados

Contenido relacionado