¿A cuánta gente matan realmente los volcanes?

Una mujer camina junto a una fisura causada por la irupción del volcán Kilauea. Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Una mujer camina junto a una fisura causada por la irupción del volcán Kilauea.

El volcán Kilauea de Hawái con sus ríos rojos de lava avanzando lentamente. El Volcán de Fuego de Guatemala con una nube gigantesca de cenizas y material incandescente en una poderosa explosión.

Dos erupciones atrajeron la mirada del mundo hacia el continente americano en las últimas semanas, llevando a muchos a preguntarse ¿cuán peligrosas son esas erupciones?

Unos 60 volcanes alrededor del planeta registran erupciones cada año.

Algunos de ellos lo hacen de forma inesperada, mientras otros reinciden con cierta regularidad.

El Kilauea es uno de los más activos. Sus erupciones empezaron hace 35 años pero desde mayo se ha registrado un incremento en sus actividades.

Su emisión de lava ha estado ocurriendo literalmente en los patios traseros de las casas de los residentes locales aunque, por suerte, solo hubo un herido grave: un hombre que fue golpeado por una piedra de lava fundida mientras estaba sentado en su balcón.

Desde el año 1500, unas 280.000 personas han muerto por la actividad de los volcanes.

170.000 de esas víctimas perdieron la vida solamente enseis erupciones.

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La aldea El Rodeo fue una de las más afectadas por la erupción.

Estas cifras las hemos recopilado utilizando reportes informativos, archivos oficiales y documentos históricos.

Desde el comienzo de este siglo unas 2.000 personas han muerto por esta causa.

La mayor parte de los fallecimientos se produjeron por el flujo de lodo volcánico en Filipinas, corrientes piroclásticas (una mezcla de gases volcánicos calientes con materiales sólidos y aire) en Indonesia, flujos de lava en la República Democrática del Congo y proyectiles volcánicos en Japón.

En 2017, tres turistas murieron en Italia al caer en un agujero dentro de un cráter volcánico.

Y en junio de este 2018, el Volcán de Fuego de Guatemala causó la muerte de decenas de personas: 65 se contabilizaron en las primeras 24 horas tras la erupción.

En la actualidad, unos 800 millones de personas viven en un perímetro de 100 kilómetros alrededor de un volcán activo.

Es una distancia que les coloca al alcance del impacto potencialmente mortal del volcán.

Solamente en Indonesia hay 200 millones de ciudadanos que se encuentran en esa situación.

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El hombre que encontró un volcán encendido haciendo erupción en su jardín

En la medida en la que sigue creciendo la población es probable que incluso más gente fije su residencia cerca de alguno de los 1.500 volcanes activos en el planeta, los cuales se encuentran repartidos en unos 81 países.

Que estén "activos" no significa que todos esos volcanes estén teniendo erupciones, pero se cree que han estado teniendo actividad recientemente y que son capaces de tener nuevas erupciones.

Riesgos

Los volcanes representan distintos tipos de peligros para las personas que viven cerca de ellos.

Derechos de autor de la imagen Getty Images

En el caso del Kilauea, el Servicio Geológico de Estados Unidos halló un incremento destacado de la actividad sísmica a finales de abril y sus primeras fisuras comenzaron a aparecer a inicios de mayo.

Desde entonces, las corrientes de lava han recorrido unos cinco kilómetros hasta llegar al océano, destruyendo viviendas y obligando a la evacuación de miles de personas.

Esos flujos de lava no matan a muchas personas.

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Image caption Una mujer se toma una selfie con una nube de humo del volcán Kilauea como fondo.

Mientras quema y entierra todo lo que encuentra a su paso, la lava -las piedras fundidas de un color rojo brillante- con temperaturas de unos 1.200° C- se mueve tan lentamente que la gente usualmente tiene oportunidad de alejarse del peligro a tiempo.

El peligro surge cuando las personas no evacúan rápidamente.

En Hawái, muchas personas tuvieron que ser sacadas del lugar por vía aérea luego de que sus vías de escape fueron cortadas.

La lava puede causar explosiones, incluyendo la detonación de bolsas de gas metano producidas mientras quema la vegetación.

Y cuando llega al océano forma un nuevo e inestable terreno así como columnas de vapor, ácido clorhídrico y fragmentos de vidrio.

Otro riesgo en Hawái es el dióxido de azufre, uno de varios gases que pueden ser liberados por los volcanes incluso cuando no tienen erupciones.

Curiosamente, la lava y los gases apenas son responsables de menos de 2% de las muertes causadas por los volcanes.

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Image caption Las erupciones volcánicas con frecuencia obligan a la evacuación de los residentes de las localidades cercanas.

La mayor cantidad de muertes ocasionadas por gases volcánicos ocurrió en 1986 en Camerún, cuando 1.500 personas fallecieron por el dióxido de carbono emitido desde el lago Nyos hacia los poblados circundantes.

Las principales causas de mortalidad de origen volcánico son las corrientes piroclásticas y el lahar -los flujos de lodo volcánico mezclados con detritos-, que son responsables de unas 120.000 muertes durante los últimos 500 años.

Las corrientes piroclásticas son avalanchas muy rápidas de rocas, cenizas y gas, que pueden alcanzar temperaturas de hasta 700° C.

Destruyen todo lo que encuentran en su camino y cualquier ser vivo que se halle en esa ruta tiene una muerte casi segura.

Fueron los flujos piroclásticos lo que destruyeron la ciudad romana de Pompeya en el año 79 D.C. También fueron los causantes de unas 30.000 muertes en la isla caribeña de Martinica en el año 1902.

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Image caption La ciudad romana de Pompeya fue destruida por los flujos piroclásticos.

El lahar puede contener piedras, árboles e incluso casas.

En 1985, unas 25.000 personas murieron por su causa durante la erupción del Nevado del Ruiz en Colombia.

En las grandes erupciones, las cenizas volcánicas pueden viajar centenares e incluso miles de kilómetros. Pueden enterrar grandes áreas y perturbar servicios críticos como el transporte.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption El Volcán de Fuego tuvo dos explosiones que generaron una gran columna de ceniza y la expulsión de material piroclástico en junio de 2018.

Históricamente, tras este tipo de eventos viene el hambre y la enfermedad, por cosechas que se pierden, o las cenizas y el gas llevan a cambios temporales en el clima.

Pero, aunque imparables, las erupciones volcánicas no tienen que conducir a la muerte y al desastre.

Que solo se haya producido una persona gravemente herida durante mayo en Hawái da testimonio del trabajo de los científicos que estudian estos fenómenos, de las agencias de gestión de desastres, así como de los excelentes sistemas de seguimiento.

Lamentablemente, la insuficiencia de recursos significa que pocos volcanes alrededor del mundo son sometidos a una supervisión tan buena como el Kilauea.

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Image caption El pueblo colombiano de Armero fue arrasado por a erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985.

El uso de satélites permite someter a algún tipo de vigilancia incluso a los volcanes más remotos pero solamente un 20% de todos los volcanes son seguidos por algún sistema de monitoreo terrestre.

Y aproximadamente cada dos años se produce la erupción de un volcán sobre el cual no se tienen registros históricos.

Estos pueden ser los más peligrosos, dado que los largos periodos de letargo pueden terminar en erupciones más explosivas y porque la gente que vive en su entorno puede ser la menos preparada.

En cualquier caso, los observatorios de volcanes, los investigadores y las organizaciones internacionales trabajan de forma incansable para responder a las emergencias y anticiparse a las erupciones, lo que ha resultado en decenas de miles de vidas salvadas.

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Los espectaculares ríos de lava tras la erupción del volcán Kilauea en Hawái

Evidentemente, un volcán no tiene que matar gente para tener un impacto significativo.

Las evacuaciones obligan a la gente a abandonar sus hogares, se pierden formas de sustento, las áreas agrícolas quedan devastadas y las pérdidas económicas pueden sumar miles de millones de dólares.

Por eso, incluso cuando están dormidos, es una decisión sabia seguir vigilando a los volcanes.

*Sarah Brown es investigadora de Vulcanología en la Universidad de Bristol. Se especializa en el registro histórico de la actividad de los volcanes, su impacto sobre la gente y la comunicación de riesgos.

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