Cómo despotricar (de manera inteligente) puede ayudarte a no perder tu empleo por un arrebato de furia

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Image caption Una de las claves es no mandar correos electrónicos cuando estás furioso.

"No hay nada malo en despotricar, pero solo si lo haces bien", le dice a BBC Mundo Carl Richards, consultor financiero y autor del libro "La Brecha Conductual".

"Si lo haces mal, puedes perder tu trabajo", agrega.

Su propuesta es básicamente maldecir de una manera productiva. Y la idea se le ocurrió después de mandar un correo enojado.

"Hay una persona que me ayuda a organizar los viajes. Estaba cansado, no había dormido en mi cama. Algo no salió bien y ni siquiera era un gran problema, pero me enojé. Entonces le escribí un correo a esta persona. Conversamos y, al final, era yo el que había hecho algo mal", cuenta Richards.

"Nunca, pero nunca, es una buena idea mandar un correo laboral estando molesto", agrega.

"Me acuerdo que tuve una diferencia de opinión con un empleado. Escribí un correo, pero antes de mandarlo me fui a caminar. Y cuando volví, 15 minutos después, todo estaba mejor".

El experto defiende que hay maneras de descargar tu rabia sin correr el riesgo de quedarse sin empleo.

¿Cómo? Richards definió cuatro reglas claras para lograrlo.

Regla 1:

Si estás furioso, es mejor no mandar un correo electrónico. Incluso si crees que tienes la razón y que la otra persona está completamente equivocada, no lo hagas.

Es mejor pensarlo 10, 20 o 100 veces antes de terminar arrepintiéndose por un arrebato que, además de tener consecuencias, es irrefutable porque ha quedado por escrito.

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Image caption Una opción es mandarse un correo a uno mismo descargando la rabia, o inventar un mail falso para despotricar.

Lo mismo aplica para todo lo que publicas en redes sociales o en los mensajes de Whatsapp.

"Si necesitas descargar, envíate el mail a ti mismo", dice Richards.

"A veces, lo único que realmente necesitas es la satisfacción de apretar el botón 'enviar'". No importa necesariamente a quien le llega el mensaje.

Otra sugerencia práctica del autor es inventarse un "email falso" para mandar todos tus correos furiosos.

Pero claro, atención: lo importante es no equivocarse a la hora de poner el destinatario.

Regla 2:

Busca un amigo que te escuche.

"Si maldices en un bosque y nadie te escucha, ¿es satisfactorio? Quizás no".

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Image caption Si vas a despotricar contra un colega, es mejor no hacerlo con otro compañero de trabajo. Busca un amigo.

Según el consultor, una persona se siente bien despotricando cuando hay alguien que puede escuchar sus ofensas.

Pero hay que elegir la persona adecuada, en vez de descargar nuestra ira con la persona con las que estamos molestos.

Otra cosa importante, dice, es que si vas a hablar mal de un colega, no lo debes hacer con otro compañero de trabajo.

Lo mejor es sacar fuera la frustración con alguien de confianza y que -en lo posible- no esté involucrado en la situación.

Regla 3:

No lo hagas en público. Hay ciertas cosas que es mejor hacerlas en privado y despotricar es una de ellas.

Lo mejor es tomar aire, buscar un amigo y salir a un lugar tranquilo donde puedas descargar la rabia.

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Image caption Maldecir en público es una mala idea.

En el fondo, cuando uno está en ese estado de ofuscación, es mejor no ser visto por todo el mundo. ¿Para qué?

Ese momento va a pasar y después quedará la imagen de una persona maldiciendo o fuera de control, que en realidad puede estar muy lejos de la persona que eres realmente.

Regla 4:

No maldigas para arreglar las cosas. "Despotricar es para ti. Tu arrebato no va a cambiar la situación o la persona con la que estás frustrada", dice Richards.

Es mejor guardar ese objetivo para más adelante. "Piensa en despotricar como algo que haces con el propósito de cambiarte a ti mismo. Saca todo lo que tienes guardado. Elimínalo".

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Image caption Las malas palabras "pueden hacerte bien", pero hay que saber dónde y a quién decírselas.

Este método supone que cuando te hayas ocupado de ti mismo, recién puedes comenzar a pensar en cómo arreglar el problema.

Lo importante, dice Richards, es dejar de maldecir de una manera que termine hiriéndote.

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