"Viajé más de 6.000 km para encontrar a mi padre"

Mim Shaikh. Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh
Image caption Mim Shaikh se propuso encontrar a su padre, del que nadie sabía nada desde hacía 26 años.

El sobre sellado está en mi escritorio. Sé lo que hay dentro, pero todavía me da miedo mirarlo. Se me acelera el corazón mientras lo abro con cuidado y acerco las imágenes a la luz.

Hay tres fotos de un hombre que no reconozco.

De un tiempo que no recuerdo.

Nunca antes había tenido una imagen de mi padre.

Ahora la veo.

El viaje para encontrar a mi padre comenzó en el desván de mi apartamento de Londres en enero de este año. Ahí es donde me senté a mirar estas fotos suyas por primera vez.

Soy hijo único y mis padres se separaron cuando yo era un bebé. Nadie en la familia había sabido nada de él desde entonces. Pero siempre supe que llegaría un momento en mi vida en el que necesitaría ver a mi padre, aunque fuese sólo una vez.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh
Image caption Mim, de 27 años, es locutor de radio en la BBC y también trabaja como actor.

Tengo 27 años y vivo en el sur de Londres. Crecí en Birmingham y fui a la Universidad de Leeds, donde presenté un programa de música en la radio estudiantil. El programa se hizo popular y ganó algunos premios, lo que me llevó a mi trabajo actual como presentador de radio en BBC Radio 1Xtra.

También hice algunos trabajos como actor: mi primer largometraje, "Freehold" -una película de terror con elementos cómicos-, se estrenó en 2017. Hace poco conseguí un papel en la nueva serie de la BBC "Informer".

Estaba satisfecho con mi vida, pero antes de comenzar este viaje siempre sentí que había algo que no estaba resuelto.

Nadie había visto a mi padre en los últimos 26 años. Lo único que tenía eran fotos de tres décadas atrás, el año en el que se casó con mi madre y su nombre, que aparecía en mi certificado de nacimiento. La idea de tratar de encontrar a un hombre del que sabía tan poco parecía casi inconcebible. Tenía miedo del impacto emocional de descubrir que estaba muerto, de saber que no quería verme o, simplemente, de no encontrarlo.

Y estaba enojado con él.

Me crió mi abuela, al lado de mi madre, y viví un tiempo con una amiga de la familia.

Mi madre tenía una enfermedad mental y nunca pudo hablarme de mi padre ni de su relación.

Pero sé por mi familia que no terminó bien.

Se conocieron a través de un anuncio en un periódico que él escribió para encontrar esposa, y la hermana de mi abuela pensó que harían buena pareja.

Cuando las cosas se pusieron feas, mi abuela hizo lo que tenía que hacer: alejar a su hija de él.

A medida que me hacía mayor, me preguntaba qué sucedió exactamente.

¿Todos los niños son la semilla de su padre? Si mi padre era malo, ¿eso significaba que yo también estaba destinado a ser malo?

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Los padres de Mim se conocieron porque él puso un anuncio en el periódico para encontrar esposa.

Decidí que si realmente iba a buscar a mi padre, lo convertiría en un proyecto de trabajo. Quería documentar el viaje, pasara lo que pasara. Propuse a BBC Three la idea de hacer un documental porque pensé que mi historia -un hijo que intentaba volver a conectar con su padre- era algo con lo que los jóvenes podían sentirse identificados.

En este punto, mi padre todavía no era una persona real para mí, sino solo una colección fragmentada de fotos e historias filtradas a través de mis familiares. Estaba decidido a tener la mente abierta y a ser lo más objetivo posible para descubrir qué sucedió, y lo que pensaba y sentía realmente.

El primer lugar al que fui para buscar a mi padre fue el Centro de Archivos de la Ciudad de Westminster. Contiene los índices publicados de nacimientos, matrimonios y defunciones, y necesitaba el certificado de matrimonio de mis padres. La búsqueda se alargó durante horas, pero valió la pena.

Mi padre se llamaba Khalid Wralk. Me sorprendió descubrir que ya había estado casado antes de conocer a mi madre. Ese matrimonio se había disuelto. Además, descubrí que él tenía 50 años cuando ella tenía 31. Una diferencia de 19 años de edad significaba que ahora él tenía 78. Se me encogió el corazón: era probable que ya hubiese fallecido.

Después de este descubrimiento, algo cambió en mi mente.

Un poco de la ira que sentía se convirtió en un pequeño deseo de comprensión.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Mim sólo tenía unas fotos de su padre de hacía 30 años.

Hablé con miembros de mi familia, incluida Zahida, una amiga que me cuidó mientras mi abuela se dedicaba a cuidar de mi madre (que estaba enferma). Me mostró algunas fotos mías de la infancia. Quería saber por qué se separaron mis padres.

Zahida me dijo que había oído que el comportamiento de mi padre hacia mi madre "no era muy bueno" y que mi madre había estado muy enferma. Siempre había sabido que la enfermedad de mi madre empeoró durante su relación con mi padre. Me dijeron que incluso había sido agresivo con ella. Pero yo quería el otro lado de la historia.

El certificado de matrimonio de mis padres demostró que mi padre había vivido en Dudley, en la región de West Midlands, una ciudad muy cercana a Birmingham.

Revisé el censo con la esperanza de que hubiera regresado, pero no había ninguna dirección actual registrada a su nombre. Pasé por todas sus casas anteriores, incluida una en la que aparentemente había vivido con su primera esposa, pero nadie lo recordaba.

Me di cuenta de que tal vez nunca lo encontraría, y de que había algo en mí que tal vez nunca se resolvería.

No me quedaban muchas pistas por seguir. Llamé a un político local que, según me habían dicho, conocía a mucha gente de la zona. No conocía a mi padre, pero me habló de una mezquita en el antiguo barrio de mi padre. Era una posibilidad remota, pero le pedí que me concertara una reunión con ellos.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Zahida (derecha), una amiga de la familia, le dio a Mim fotos de su infancia.

Los tres líderes de la mezquita Cradley Heath vivían en la zona desde hacía años y conocían a todo el mundo en la comunidad. Uno de ellos llevaba 51 años en la ciudad.

Les mostré algunas fotografías de mi padre, sin querer hacerme muchas ilusiones. Por aquel entonces ya había acabado en varios callejones sin salida.

Miraron las fotografías concienzudamente y asintieron con la cabeza. "Sí", dijeron.

Supieron quién era de inmediato.

Uno de los hombres había vivido con mi padre en la misma casa, junto con otras ocho o nueve personas. Estaba seguro al "1.000%" de que conocía al hombre de la foto. Yo no me lo podía creer. ¿Cómo era mi padre?

Los hombres intercambiaron miradas.

"Digámoslo así", dijo uno. "No tenía muy buena reputación".

Mi padre era muy impaciente, y no "fuerte", dijeron los hombres. Pero estaba vivo, vivía en Pakistán. Hacía por lo menos 10 años que vivía allí.

Tenían un número de teléfono suyo. Uno de ellos incluso recordaba la dirección de mi padre en su ciudad natal, Thara, en Cachemira, porque había escrito cartas por mi padre, que era analfabeto, cuando vivían juntos.

¿Pakistán? ¿Mi padre estaba en Pakistán?

Yo estaba tambaleándome.

Tardé unos días en asimilarlo. Pero había llegado tan lejos que ahora solo había una opción: iría a Pakistán a encontrar y conocer a mi padre.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Cuando supo que su padre vivía en Pakistán, Mim no dudó y se fue a buscarlo.

Tenía miedo de que me rechazase, así que intenté llamarlo primero. Mi padre colgó el teléfono. Dos veces. Pero después de todo lo que había pasado, no estaba dispuesto a rendirme.

Así que le escribí una carta y le dije que quería ir a verlo en julio. "Estoy viajando a tu país y, a cambio, solo necesito una hora de tu tiempo. Eso es todo lo que quiero. Por favor, por el hijo que trajiste al mundo, permítete tener una conversación con él".

Aterricé en Islamabad, Pakistán. Los colores, los sonidos y, sobre todo, el tráfico me eran ajenos.

Llamé a mi padre. No quería verme.

"Que estés en Pakistán, ¿qué relación tiene conmigo?", dijo.

Apagó el teléfono.

Yo estaba completamente abatido. Me sentía rechazado. No tenía sentido. Había viajado desde tan lejos y no podía entender por qué no quería verme.

Pero esa noche recibí un mensaje de mi padre. Quería hablar. Me explicó que el día anterior se quedó en shock al saber que yo estaba en Pakistán. Dijo que quedaría conmigo pero se negó a que hubiese cámaras. Así que nuestra primera reunión no fue filmada por respeto a sus deseos.

Mi padre vive en Thara, un pequeño pueblo a unas dos horas de Islamabad. A lo largo del viaje sentía una mezcla de nerviosismo y expectación. No esperábamos ninguna recepción, pero cuando nuestro coche se detuvo, nos encontramos con una multitud de entre 10 y 20 hombres, todos vestidos con 'shalwar kameez' (el tradicional traje pakistaní).

"Oh, Dios mío", pensé. "¿Cuántas personas vinieron aquí?"

La puerta del auto se abrió. Mis ojos se clavaron en un hombre, y sus ojos en mí.

Ese era mi padre.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Mim reconoció a su padre en el instante en el que lo vio.

Tenía una barba blanca bien cuidada y parecía frágil pero saludable. Lo reconocí al instante. No tenía recuerdos de él, pero sabía que era sangre de su sangre. No tuve que mirar a nadie más para saber que ese era mi padre.

Yo tenía una caja de mangos en la mano. La dejé en el suelo y lo abracé. Empezó a llorar. En ese momento no sentí nada hacia ese hombre, y eso me sorprendió. Estaba bloqueado. Creo que todavía me estaba protegiendo de lo que estaba a punto de suceder. Después me di cuenta de que necesitaba algo de tiempo para poder procesarlo mentalmente.

"Qué bien", dijo mi papá a los que nos rodeaban. "Es mi hijo. Hizo de todo por llegar a su padre. Vino a Pakistán y nos abrazamos".

Al final me quedé unos días en Thara. No esperaba una bienvenida tan cálida en la familia. Nos tomamos fotos juntos. Jugué al cricket con mis dos hermanos menores y conocí a mi hermana.

Viví toda la vida anhelando hermanos y hermanas, y fue maravilloso estar con ellos. Ahora sé que puedo tener una relación más profunda con ellos si lo quiero en el futuro.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Mim siempre había deseado tener hermanos, y por fin pudo conocerlos.

Mi padre incluso se abrió ante mí. Pude hablar con él sobre la ruptura de su matrimonio con mi madre. Él negó firmemente haber abusado de ella y dijo que la familia de mi madre conspiró para alejarme de él.

Nunca sabré con certeza lo que sucedió entre mis padres, ya que mi madre no puede contármelo y escuché versiones contradictorias de diferentes personas. Pero en la casa de mi padre vi que es muy estricto, reacio a negociar y exigente a la hora de tener las cosas de cierta manera.

Estaba agradecido de no haber crecido en un entorno como ese. Pero al mismo tiempo mi padre tiene un lado más suave. Lloró cuando me vio y se emocionó a lo largo de nuestro encuentro. Todavía se ríe. Todavía hace bromas. Lo que es seguro es que tiene un carácter complejo.

Derechos de autor de la imagen Mim Shaikh.
Image caption Mim logró encontrar a su padre. Esta historia le ha hecho reflexionar sobre su rol como padre si algún día tiene hijos.

Meses después de esa visita, simplemente acepto lo que viene. No quiero tener expectativas de nada, o fantasear acerca de ser una gran familia feliz.

No hablamos por teléfono todos los días, del estilo "oye, ¿qué has cenado esta noche?". Pero hablamos de vez en cuando, siempre que tenemos la oportunidad.

No me puedo creer que estemos en contacto y tengamos relación. Todo esto me enseñó que si alguna vez tengo hijos, no quiero que estén tanto tiempo sin conocer a su padre.

¿Esta experiencia me ayudó a entender quién soy? Bueno, viví una vida muy diferente a mi padre. Crecí en un país occidental. Recibí mucho amor y apoyo de mis amigos y familiares. No creo que sea tan estricto como él, y creo que también soy más reflexivo.

Pero a pesar de que mi padre y yo somos muy diferentes, tengo su ADN. Hay una cosa que noté que tenemos en común. Durante el tiempo que estuve con él, lo recuerdo riéndose de algo que a mí no me pareció gracioso. Se ríe de cosas muy raras a veces. Me confundía un poco, hasta que me di cuenta de que yo hago exactamente lo mismo. Siempre me río de cosas raras.

Al menos en ese sentido, sigo siendo su semilla.

Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívala para no perderte nuestro mejor contenido.

Contenido relacionado