Aborto en Argentina: "La postura de la Iglesia católica es un suicidio", Juan Solanas, director de "Que sea ley"

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Image caption Solanas dice que siente "bronca y vergüenza" de que el aborto no sea legal, seguro y gratuito en Argentina.

"Yo nunca hablé, nunca dije nada. Pero lo que yo pasé no me gustaría que lo pasara nadie porque es feo llegar a un hospital con dolor abdominal y que te despiertes rodeada de policías mirándote tus partes íntimas con el apoyo de los médicos. Y que termines presa por un aborto", dice Belén entre sollozos.

"Hasta el día de hoy no voy a un hospital porque me da miedo. Si me duele algo, me aguanto. Pero a cada senador, a cada diputado que se negó a votar por la ley del aborto, [le diría] que se entere un poquito más por lo que pasan las mujeres. Porque ellos no saben por todo lo que pasamos. No saben lo que yo pasé en ese hospital", cuenta sin poder contener ya las lágrimas.

Belén tuvo un aborto espontáneo. No sabía que estaba embarazada cuando llegó al hospital aquejada de un fuerte dolor de barriga. Allí le dijeron que encontraron un feto muerto. Y aunque éste nunca apareció, la acusaron de homicidio y la condenaron a siete años de prisión.

Su testimonio es uno de los relatos que recoge el productor y director argentino Juan Solanas en su documental "Que sea ley", que presentó el sábado en el festival de Cannes acompañado de una marcha de pañuelos verdes, la campaña a favor del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.

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La marcha de pañuelos verdes en pro del aborto que inundó la alfombra roja de Cannes

El filme aborda las complejidades sobre los abortos clandestinos en Argentina y la lucha de la marea verde por el "aborto legal, seguro y gratuito". El proyecto de ley fracasó en 2018, pero será presentado de nuevo -por octava vez- el próximo 28 de mayo.

Solanas recorrió el país para juntar voces muy distintas. Una de ellas es la de la activista Norma Cuevas, la madre de Ana María Acevedo, un icono de la lucha por el aborto legal en Argentina. Su hija de 20 años tenía cáncer y cuatro hijos. Estaba embarazada de dos semanas, pero para preservar el feto los médicos decidieron no tratarla.

"Nunca le dieron la oportunidad de vivir. Queremos hacer justicia (...). La asesinaron, no tuvo ni un tratamiento. Y cuando le hicieron la cesárea ya no aguantaba más. La ataron de pies y manos, y así falleció, como una condenada", explica Cuevas en el largometraje.

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Image caption La activista pro-elección Norma Noemí Cuevas (centro) muestra una foto de su hija, Ana María Acevedo, que murió hace 12 años. A la izquierda, Juan Solanas, en Cannes.

Solanas habló con activistas, feministas y con mujeres que abortaron clandestinamente, pero también con sacerdotes a favor del derecho al aborto y con representantes de Católicas por el Derecho a Decidir y otros "católicos disidentes", como explica el director.

A continuación, su entrevista con BBC Mundo.

Florencia cuenta cómo las enfermeras le ignoraban en la sala de espera del hospital por haber abortado clandestinamente mientras ella "lloraba del dolor". Lu, quien fue violada por su padrastro, dice que se hubiera quitado la vida de no haber abortado. A Belén le da pánico ir al hospital. Son testimonios muy duros...

Y son la norma. Filmé decenas y decenas de testimonios y son siempre así. Hay frases que les dicen a estas pobres mujeres que son casi las mismas. Desgraciadamente, es una foto de lo que vive una mujer que pasa a través de un aborto clandestino en Argentina, pero que se repite en el mundo entero.

Me contaba hace unos días una mujer, la presidenta del Planning Familiar Francés [una asociación feminista] que es como la Francia de antes del aborto, de antes de 1974. Me dijo que a una amiga de ella le hicieron el aborto en una cocina, que se infectó, terminó en un hospital y le negaron ponerle anestesia. Le dijeron: "Vos gozaste, ¡ahora te jodés!", lo mismo que 45 años después nos cuenta esa chica de Jujuy (Florencia).

¿Buscabas la empatía?

Por supuesto que lo que yo quiero es generar empatía, pero empatía por justicia. Es simplemente lo que pasa y la película está para informar. Mi intención era la de mostrar la realidad. La de no hacer un panfleto, que no lo es. Quise ser justo y transparente con la realidad.

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Image caption "No me quisieron poner ningún calmante para el dolor. Sentía que me moría en cualquier momento", relata Florencia, de Jujuy.

A mucha gente le incomoda el tema. Dicen: "¡Uy, qué tema! ¡Uy, yo no sé qué pensar!" o "¡matan a bebés!". Y bueno, entonces la película está para dar los instrumentos para que alguien se haga su opinión. Y las únicas que están habilitadas para hablar son las que lo viven, las víctimas.

Es duro, por supuesto que es duro. Pero es necesario porque es una realidad que pasa. Hay que mostrarlo.

Muestras muy bien la polarización de la marea verde (a favor) y la ola celeste (en contra). Pero también recoges algunos puntos de vista más moderados, como el de los católicos a favor del derecho de la mujer a decidir. ¿Ves posible una reconciliación en esta situación polarizada?

Yo creo que sí. Pero dejemos a los fanáticos de lado, porque un fanático es impermeable a cualquier cosa. Yo me los crucé.

Me pasé ocho meses filmando esta película y mucha gente que me conoce me preguntaba "¿qué estás haciendo?". Yo les contaba y veía carita incómoda muchas veces. Carita de: "¡Uf! ¿Por qué le pregunté eso? Mirá lo que me acaba de responder".

Entonces, cuando podía, hablaba. Y les preguntaba que por qué tanta incomodidad. Muchas veces después de hablar con ellos cambiaban de opinión. Y no porque los hipnotizara, sino porque les contaba la realidad.

A mí me parece que el mundo está lleno de gente de buena voluntad, seres humanos con corazón que, como les incomoda el tema, no se quieren informar. Yo lo que les propongo es que se informen para que después puedan construirse su opinión.


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Pero hay mucha gente que está malinformada o que prefiere no informarse. Si yo soy de una familia muy católica y muy creyente, ya está, no me hace falta que me informen porque está mal y listo.

La película muestra las consecuencias de esta posición y también los matices de la realidad. Porque cuando uno lo lleva todo a algo binario, blanco o negro, no permite entender la complejidad de la realidad.

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Image caption Solanas también muestra en el documental las manifestaciones del movimiento "provida" de grupos evangélicos y católicos.

Se trata de comprender las consecuencias de una frase como la que dicen de "salvar a las dos vidas" o "aspiremos a más", ¿qué quiere decir eso? Seguro que algún comunicador brillante tiró esa frase.

Invito al público a que comparen esa frase con la realidad. Y después, que ellos opinen.

Yo también estoy por la vida, ¿quién no está por la vida?

Los "pañuelos celestes" tienen un fuerte apoyo de la Iglesia católica. Sin embargo, la Unidad Provida (una red antiabortista de más de 150 organizaciones en Argentina) dice que "defender la vida no es una cuestión religiosa", ¿tú qué opinas?

Me llama la atención esa energía suprema de la Iglesia como un debate sagrado contra estas mujeres que abortan. En cambio, en los chicos abusados, cuyas vidas son destrozadas, no ponen tanta energía. Hay una doble moral que da asco. Pero está muy presente.

Y Argentina es el país del Papa. Yo creo que hubo un combate precisamente fuerte, como un símbolo: que Argentina no caiga. Yo no entiendo este empecinamiento anacrónico que tiene la Iglesia católica, esta postura ante el aborto. No lo entiendo. Me parece hasta un suicidio de la Iglesia. Es un empecinamiento absurdo.

Pero empieza a haber cada vez más -y en la película se ven muchos- católicos creyentes disidentes. De hecho, una de las organizaciones más potentes dentro de la campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito es Católicas por el Derecho a Decidir. Hace 25 años que existe y está en toda Latinoamérica.

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El sentido de la historia es que el aborto sea legal en todo el mundo

Yo vengo de una familia católica. Mi abuelo era ultradevoto. A mí me parece que los valores de la Iglesia católica, como los de la mayoría de las religiones, son valores humanistas, universales. Pero esto es una especie de capricho.

El sentido de la historia es que el aborto sea legal en todo el mundo. Es un tema de salud pública. Es algo que tendría que estar garantizado como un mínimo zócalo de los derechos humanos. Mueren mujeres, mueren seres humanos, ¿qué es más importante que eso?

¿Qué papel crees que deberían jugar los hombres en ese debate?

Es que yo voy más allá de eso. Es un debate que implica a todo ser humano de buena voluntad, a toda cabeza pensante, sea hombre o mujer.

Estamos viviendo en una época de postgénero. En Argentina, de hecho -miren qué loco- uno de los primeros países en aprobar el matrimonio igualitario, uno puede cambiar de género muy fácilmente. Hay una ley que lo permite. Uno va a la documentación nacional y se cambia de género si se siente hombre o mujer, poco importa el aparato genial que tenga.

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Image caption Juan Solanas vive en Francia, donde su padre, también cineasta, se exilió durante el régimen de la última dictadura militar argentina.

Sí que, por supuesto, los cuerpos con útero, por llamarlos de una manera, que pasan por el embarazo y arriesgan su vida, son los primeros en la línea. Pero después toda persona de buena voluntad, del país que sea, que quiera apoyar la causa ¡bienvenida sea!

Yo creo en la igualdad de género, en la igualdad entre países, entre pobres y ricos... Yo adhiero al feminismo porque adhiero a la igualdad. Es así de fácil para mí. Y no me pregunto si soy hombre o mujer, ¿yo qué sé? Soy lo que soy. Me parece que esa discusión es un poco antigua.

Hay que invitar a cualquier ser pensante a luchar por un mundo mejor. Y esto es parte de esa lucha.

En "Nordeste" (2005), tu primer largometraje, incluiste un aborto en la trama (y en cámara). 13 años más tarde filmas la lucha por el aborto legal en Argentina. ¿Por qué la recurrencia?

Yo crecí en Francia. Mis padres se exiliaron y llegué con 11 años. Crecí en un país laico donde el aborto estaba permitido y con el lema "Liberté, Égalité, Fraternité" (libertad, igualdad, fraternidad), que me va muy bien a mí eso [ríe]. Me siento muy cómodo con eso, me parece que lo resume todo.

Entonces, yo no sabía que en Argentina el aborto era prohibido porque de chico crecí en este país y pensaba muy naifmente que el mundo era así.

A comienzos del 2000, estando en Argentina, en una conversación me entero de que el aborto está prohibido. Fue como un shock para mí. De hecho, me reí porque pensé que era un chiste. Pero cuando vi las caras me di cuenta que no lo era.

No me entraba en la cabeza. Me dio una mezcla de bronca y vergüenza. En un país como Argentina, avanzado en tantas cosas, me parece un defecto del sistema, un nudo insólito. Y me molestó. Es un tema que me jode mucho.

¿Qué es lo que más te molesta?

Yo siento que en sociedades como en España, Francia o Italia, poco a poco hay voces que empiezan a cuestionar ese derecho adquirido (el de abortar legalmente) hace más de 40 años.

Ni qué hablar de Estados Unidos con lo que está haciendo Donald Trump, que es un demente y nombró a dos nuevos jueces en la Corte Suprema para garantizarse la mayoría antiaborto. Un delirio.

Y si hablamos de Brasil con (Jair) Bolsonaro eso es una pesadilla que no sé cómo va a terminar.

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Image caption El movimiento abortista en Argentina está liderado por jóvenes, dice Solanas.

Estamos viviendo una época muy rara. Yo lo veo como un eructo de una parte de la sociedad occidental reaccionaria que no se banca que las mujeres accedan a la igualdad real.

Ahora en el mundo parece haber de vuelta una ola que yo la llamaría reaccionaria porque reacciona a esta cuarta ola feminista que está poco a poco acercándose a la igualdad, aunque falta mucho. Es una ola que viene con mucho ímpetu.

Dices que falta mucho, pero al final de tu documental escribes: "Será ley".

Sí, será ley. Yo lo voy a ver con mis ojos. Y mi hija, que tiene 10 años, lo va a ver con sus ojos siendo joven. Va a ser ley. Ya la sociedad argentina lo aceptó. Hasta hace unos años, era tabú hablar del tema. Ahora no. Y las jóvenes vienen ya con otra cabeza.

No nos olvidemos de que en Argentina se empieza a votar a los 16 años. Uno ve las manifestaciones llenas, pero llenas, de chicas de 12, 13, 14 años que están a full y muy informadas. Me da que hablás con ellas y la tienen muy clara.

Por eso que da mucha bronca. Porque esto va a ser ley, pero en el mientras tanto siguen muriendo mujeres. Y son torturadas. Porque cuando te niegan una anestesia, eso se llama tortura. Cuando te dejan en un pasillo 10 ó 12 horas a esperar a que te intervengan cuando vos tenés una septicemia y lo más probable es que te mueras, es un asesinato.

Que esto siga pasando con ese nivel de crueldad en el mientras tanto, como un capricho, me da mucha bronca.

Pero va a ser ley. No les quepa la menor duda.

Puedes ver aquí el tráiler del documental:


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