Jenaro Gajardo Vera, el chileno que quiso comprar la Luna

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Cuando la misión Apolo 11 llegó a la Luna, ésta ya tenía dueño: un chileno, Jenaro Gajardo Vera. O eso decía él.

Este letrado nacido en 1919 se convirtió el 25 de septiembre de 1954, según consta en la documentación oficial firmada ante notario, en "dueño de la Luna".

La constancia de este bien es un papel firmado por una notaría de la ciudad agrícola de Talca, en el centro de Chile, a unos 255 km de la capital del país, y del que hoy queda registro en el Archivo Judicial de Santiago.

Dice lo siguiente:

"Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475.00 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero. Jenaro Gajardo Vera. Carné 1.487.45-K. Ñuñoa. Talca, 25 de septiembre de 1954".

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Image caption Talca es una localidad agrícola del interior de Chile donde Jenaro Gajardo Vera, natural de Traiguén, estableció su residencia a mediados del siglo pasado.

Pero ¿qué llevó a este abogado a querer hacerse con la Luna?

Aquí es, y solo es el principio, donde los hechos empiezan a entremezclarse un poco con la ficción, o al menos con las versiones no verificadas sobre un personaje que forma parte ya de la cultura colectiva chilena.

Según sus propias declaraciones, recogidas en varios recortes de prensa de la época, todo empezó como con una pequeña broma y, en parte, un acto de cabezonería.

La Luna por US$1

Gajardo, según contó en 1969 al diario estadounidense The Evening Independent, quiso hacerse con la Luna para entrar en una asociación local: el Club Social de Talca.

De acuerdo con sus declaraciones, las reglas del club establecían que los miembros de la sociedad debían demostrar poseer algún bien. Carente de medios, y ansioso por formar parte de esta sociedad que reunía a la gente acomodada de la localidad, al letrado se le ocurrió comprar la Luna.

Le costó US$1, según le contó al diario estadounidense.

Image caption Este es el documento notarial que consta en el Archivo Judicial de Santiago de Chile. Según la legislación chilena, todos los notarios deben conservar copia de todos los documentos firmados durante un año y después, enviarlos al archivo judicial, que los guarda a perpetuidad.

La BBC no ha logrado contactar con el Club Social de Talca para verificar si estos eran realmente los requerimientos de acceso, así que esta es solo la versión que Gajardo contó a la prensa.

Pero no fue la única.

Antes de la nota en el diario The Evening Independent, publicada el 8 de julio de 1969, el diario chileno La Tercera entrevistó al abogado para que explicase qué lo motivó a inscribir la Luna a su nombre.

En esta ocasión dijo que quería dar notoriedad a una asociación creada por él mismo, la Sociedad Telescópica Interplanetaria de Talca, que pretendía ser una especie de comité de bienvenida para los primeros extraterrestres que llegaran al país sudamericano.

"Para afianzar el prestigio del grupo, a la vez que darle fama, decidí inscribir el satélite lunar a mi nombre. Hice todo el papeleo legal correspondiente y cumplí con todos los requisitos que exige el artículo 58 del Conservador de Bienes Raíces de nuestro país", declaró en una entrevista publicada en el diario el 15 de marzo de 1969.´

Para poder hacerse con un título de propiedad, la normativa establecía que había que anunciar la intención de forma pública y esperar que en un plazo de 30 días nadie presentara reclamaciones.

Así que, según su relato, Gajardo publicó en el diario La Mañana de Talca su pretensión de poseer la Luna, buscando si había alguien que pudiera oponerse a su adquisición.

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Image caption El abogado que aseguró ser el duelo de la Luna, dijo haber seguido todos los procedimientos legales, pero le faltaron pasos que ratificaran su posesión.

Pasado un mes, no apareció nadie, cuenta él, por lo que acudió al notario para registrar el satélite a su nombre, como consta en el documento que se aporta en esta nota.

Pero en un artículo de prensa de 1968, 14 años después de la inscripción notarial, el diario La Mañana negó haber publicado nunca el aviso del que habló Gajardo.

También se cita allí a Sergio Mendoza, el conservador de bienes raíces de Talca, quien niega que su antecesor, César Jiménez, hubiese podido hacer tal inscripción.

Esta redacción habló con la oficina del actual conservador —la única en la localidad—, donde aseguran no tener ningún documento donde se diga que Gajardo Vera inscribió en ese registro su posesión ultraterrestre.

En Chile, los conservadores de bienes raíces son quienes estudian la legalidad y otorgan validez a los títulos de propiedades. Y la inscripción es el requisito indispensable para la prueba y garantía de la posesión, según establece la página web del gobierno chileno.

En la misma notaría aseguraron que los conservadores de bienes raíces de Talca, los encargados de los registros de propiedades, solo tienen jurisdicción sobre un delimitado territorio. En el caso de Talca, de sus comunas y las que se encuentran a su alrededor.

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Image caption En Chile, para poder otorgar el título de propiedad a alguien de forma oficial, no basta con firmar un documento ante notario, sino que debe pasar por las oficinas de los conservadores de bienes raíces, que dan garantía de la posesión.

El registro oficial de la Luna en Talca fue, por tanto, jurídicamente imposible.

También hay dudas sobre la Sociedad Telescópica Interplanetaria de la que Gajardo habló a la prensa.

Existen registros en internet de un grupo de Facebook con este nombre, pero nada revela que sea una asociación oficialmente establecida y ni que Gajardo haya tenido algo que ver con su creación. Tampoco consta el año de su fundación.

¿Se puede poseer la Luna?

BBC Mundo dialogó con la oficina de información de Patrimonio Intelectual del gobierno de Chile, que asegura que una posesión que no esté inscrita en un registro oficial no puede ser considerada como tal.

Explican que no entra dentro de los casos recogidos por la ley de propiedad intelectual chilena, que da cuenta de los derechos de autor de las creaciones de obras artísticas (pintura, música, literatura, etc..), ni tampoco dentro de la ley de propiedad industrial, que recoge las posesiones de bienes y empresas.

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Image caption Pese a que Estados Unidos plantó su bandera en la Luna, esta no pertenece a nadie.

"Si una persona va ante notario, puede poner a su nombre lo que le parezca, pero es el registro de la entidad correspondiente lo que le otorga el carácter oficial", le contestó a BBC Mundo quien atendió el teléfono y prefirió no identificarse.

Y todo parece indicar que Gajardo Vera nunca hizo esto último.

Pero él no ha sido el único en decirse dueño de la Luna (y otros astros y satélites).

El estadounidense Denis M. Hopetambién lo asegura y lleva haciendo negocio con ello más de dos décadas.

Hope empezó a adquirir territorios espaciales en 1980. Según una entrevista concedida a la publicación Vice, fue en ese año cuando se puso e contacto con Naciones Unidas solicitando apropiarse de la Luna, otros ocho planetas y sus satélites.

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Image caption Naciones Unidas tiene una agencia especializada en tratar los asuntos relacionados con el espacio.

Ante la falta de respuesta, Hope entendió que la Luna era entonces tierra de nadie y que, por tanto, podía reclamar su titularidad. Y no solo eso, sino que comenzó a vender su presunta posesión por partes a quien se mostrara interesado.

Y no han sido pocos.

Según su página web, Lunar Embassy, más de seis millones de personas le han comprado terreno en el espacio; una suma de más de 247,3 hectáreas vendidas en la Luna, 131 hectáreas en Marte y más de 50 hectáreas entre Mercurio, Venus y el satélite de Júpiter Io.

Hope asegura que la venta de estos territorios es un negocio tal, que ha sido su única fuente de ingresos desde 1995.

Pero pese a sus declaraciones, los expertos aseguran que la Luna no es de nadie. Al menos no de forma legítima.

El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967, firmado por 129 naciones y supervisado por la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, dice literalmente:

"El espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no es sujeto de apropiación nacional por reclamo de soberanía, por medio de uso u ocupación o por cualquier otro medio".

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Image caption De acuerdo con el Tratado del Espacio Ultraterrestre, ratificado por Naciones Unidas, nadie puede declarase soberano del espacio exterior.

El documento establece además que la exploración y el uso de este espacio debe beneficiar y ser de interés de todos los países.

¿Puede entonces alguien, a título individual, declararse dueño de la Luna?

"No", respondió tajantemente este mismo mes de julio Claire Finkelstein, profesora de derecho en la Universidad de Pennsylvania y experta en derecho internacional al portal de noticias WHY, asociado con NPR, la radio pública de Estados Unidos.

La respuesta no es tan clara, sin embargo, cuando se trata de actividades comerciales en el espacio, como la exploración de recursos.

"La ley internacional es ambigua sobre las compañías privadas que establecen operaciones de minería en el espacio", le dijo Ian Crawford, profesor de ciencia planetaria del Birbeck College de Londres a la BBC para un artículo publicado en 2016.

"Es necesario revisar el Tratado del Espacio Ultraterrestre y actualizarlo", aseguró él.

Pero hasta entonces, y de acuerdo con el derecho espacial, la Luna no es de nadie y es de todos al mismo tiempo.

Agradecimientos al Archivo Judicial de Chile por su ayuda en la búsqueda del documento notarial que acompaña este artículo.

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