Ricardo Morán sobre ser padre subrogado: "Yo soy gay, no estéril. Son dos cosas completamente diferentes"

Ricardo Morán Derechos de autor de la imagen Henry Tomas / Making Connexion
Image caption Ricardo Morán estará en el festival Hay Arequipa presentando su libro "Yo soy tu padre".

Cuando tuvo que escoger a una donante de óvulos, Ricardo Morán, productor, guionista y director de teatro, cine y televisión peruano, se hacía muchas preguntas.

"¿Debo buscar a alguien que tenga un alto coeficiente intelectual?, ¿eso hará que mis hijos tengan un alto coeficiente intelectual también? ¿Debo buscar a alguien cuya familia en general es muy longeva porque de repente así mis hijos serán longevos? ¿Debo buscar a alguien que haya estudiado mucho y tenga muchos títulos?...".

Finalmente, y por consejo de sus médicos, se decantó por una donante muy fértil, una mujer anónima que fue capaz de darle 24 óvulos.

De ellos, 15 recibieron su esperma, 10 lograron ser congelados y 5 resultaron ser compatibles con la vida.

Finalmente, dos fueron implantados en el útero de una gestante subrogada.

"Esos embriones, esas dos perlitas tan preciadas, que habían vivido un proceso tan complicado en el cual gran cantidad de otros compañeros habían quedado en el camino, podían ser rechazados por su cuerpo".

Sin embargo se afirmaron y nueve meses después nacían Emiliano y Catalina, los hijos de Morán.

En su libro "Yo soy tu padre", el peruano de 45 años desnuda la batalla médica, económica y emocional que hoy lo tiene airoso dando biberones, cambiando pañales y durmiendo con un ojo abierto, para saber si los bebés respiran.

De su anhelada paternidad y de la aventura para conseguirla, dialogará con los asistentes de Hay Arequipa. Pero antes, lo hizo con BBC Mundo.

¿Cómo latía durante todo este tiempo el deseo de ser padre dentro de ti?

Sencillamente es algo que recuerdo de toda la vida, una verdad evidente que iba a ocurrir de todas maneras. Además lo conversaba desde niño: siempre me refería a cuando yo fuera papá.

Y tiene que ver con las experiencias familiares de mi niñez, que son muy felices, con la huella que dejan mi papá y mi mamá en mi vida desde muy chico.

Sin embargo, al ser un hombre gay, no está dentro de lo que se espera. ¿Cómo fue vivir la resistencia de los demás?

Cuando le contaba a amigos o amigas LGTBIQ que quería ser papá, súbitamente su rostro se ponía en blanco: "¿Papá?, ¿cómo? ¿Tener hijos como la gente heterosexual?". Había titubeo, no entraba en su cerebro y eso es algo muy cruel. No hay referentes de vidas familiares diversas en las cuales reflejarse y decir "me gusta" o "no me gusta".

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Image caption Morán es productor, guionista y director de teatro, cine y televisión, además de encabezar proyectos empresariales relacionados al mundo del arte y la educación.

El primer obstáculo es el asumir que podemos vivir la vida que queramos y que es derecho de cualquier persona tener un proyecto que incluya la construcción de una familia.

Tal como cuento en el libro, la primera persona con la que me enfrento es con mi mamá. Cuando le digo que soy gay, ella me dice: "Ya lo sabía y tengo mucha pena porque quería tener nietos, ser abuela". Yo soy gay, no estéril. Son dos cosas completamente diferentes.

¿Para algunas personas es lo mismo?

Cuando publiqué que había sido padre, las primeras respuestas eran con el convencimiento de que había adoptado a mis hijos y tiene que ver también con la escasez de información acerca de las terapias de reproducción asistida y el tabú donde se encuentran en un país como el mío.

Y los mensajes de odio que recibo son en un 95% de hombres que dicen que he condenado a mis hijos a vivir la vida sin el amor de una madre, que es algo mágico e irreemplazable. Yo creo que cualquier amor es mágico e irremplazable.

Que un hombre cisgénero como yo se haga cargo de sus hijos, implica que no es válido el argumento machista de que hay cosas que los hombres no les pueden dar, como la leche o cambiarles los pañales. Detrás de eso se oculta una estrategia masculina para no hacerse cargo de cosas que ellos consideran que son de mujeres.

¿Nunca te preocupó criar solo a tus hijos?

Si tuviera a mis mellizos en una isla, donde solo me van a ver a mí el resto de su vida, te diría que estoy muy preocupado. Pero viven en un entorno familiar con 13 personas en la casa, entre las que están mi mamá y mi hermana. Y salen a la calle, ven otras familias.

Madre con bebé en brazos.
Getty
Los mensajes de odio son en un 95% de hombres que dicen que he condenado a mis hijos a vivir la vida sin el amor de una madre.”

Van a ir a su estimulación temprana, su nido (guardería), su colegio y estarán en contacto con un mundo en el que van a decidir quiénes son sus referentes de conducta, de trabajo, de sexualidad, de feminidad, de masculinidad, de lo que ellos escojan.

No siento que la ausencia de una madre genética vaya a ser un problema. Mi trabajo está en ofrecerles un abanico positivo y lo más amplio posible, cuidarlos y no juzgar, protegerlos y no juzgar.

Tenías varias opciones para ser padre, sin embargo optaste por una donante de óvulos anónima y una gestante subrogada, ¿esta fórmula te daba más autonomía sobre tus hijos?

En el aspecto más banal, me libera de tener que discutir cómo los vamos a vestir, cómo los vamos a educar, pero en la forma más profunda, la decisión era mía.

Si tenía que encontrar a una persona para asumir ese compromiso, por ejemplo una amiga, ¿cuánto tiempo tenía que pasar para llegar a decidirlo? ¿cómo iba a ser esa relación en el tiempo?

No sentía que fuera el camino, entonces, lo único que me quedaba era encontrar un mecanismo médico por el cual yo pudiera tener a mis hijos con la única persona con la que me sentía seguro de poder asumirlo.

Contacté con una agencia en Estados Unidos y ahí me preguntaron si la donante de óvulos iba a ser también la gestante subrogada. Y me pareció que lo mejor era separarlas, que la donante fuera anónima. De hecho, su nombre está en un documento de la Corte de Los Ángeles y es inaccesible para mí.

Derechos de autor de la imagen Henry Tomas / Making Connexion
Image caption Desde niño Morán tenía claro que quería ser padre y ahora que finalmente lo es, lo luce.

También me pareció bueno que la gestante no tuviera relación genética con los bebés. Ella se llama Megan, ya era madre de dos hijos y más allá de cuidarlos maravillosamente durante nueve meses, está liberada de cualquier responsabilidad. Es como una tía que nos quiere mucho, pero el responsable último soy yo.

De 24 óvulos donados, finalmente quedan 5 embriones, dos de los cuales se insertan en el útero de Megan. ¿Cómo viviste ese proceso?

Empieza con una serie de chequeos genéticos que me hacen, porque todos llevamos genes recesivos y si nuestra pareja los tiene, podrían manifestarse en una enfermedad. Eso permite hacer un filtrado de donantes para garantizar que los niños no lleven consigo defectos genéticos graves, como una espina bífida.

Solo 15 óvulos aceptaron el esperma y tenían que crecer durante cinco días en una incubadora, como ocurriría dentro del útero de una mujer, en una etapa que se llama blastocisto.

A los 10 que crecieron y que pudieron ser congelados se les hicieron pruebas genéticas. Nos quedamos con cinco sanos, una niña y 4 niños. Y se escoge a la niña y a un niño, para ser implantados en el útero de Megan.

¿Por qué decidiste implantar dos?

Si se implanta uno, las chances de que prenda son del 80%. Si se implantan dos, la chances para uno suben al 90%, pero para los dos baja al 38%: había riesgo de que uno se perdiera.

Lo lógico, lo práctico, lo frío, hubiera sido: "Implantemos uno y luego busquemos a otra subrogada o a la misma Megan en un tiempo más", pero algo me pasó. Yo que soy tan racional, me dije, este es el camino.

Embarazada y médico.
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Tal como creo en el ejercicio del derecho de la mujer hacia el aborto, creo en el derecho de ofrecer su cuerpo para dar vida y ayudar a la formación de otras familias"

Y tengo que agradecer al universo, porque mucha gente se me acerca, mujeres solas, parejas, que están en la terapia, en su tercer o cuarto intento, que han perdido o sufrido embarazos ectópicos, que no tienen óvulos sanos.

Soy muy afortunado, en la primera donación tuvimos embriones, fueron implantados y nacieron dos niños. No es el caso mayoritario, las terapias asistidas implican una lucha y un esfuerzo psicológico importante para las madres y los padres involucrados.

¿Qué te parece el cuestionamiento hacia la gestación subrogada, no solo de sectores conservadores, sino también de grupos feministas que plantean que se explota a la mujer?

Entiendo de dónde viene ese razonamiento, porque es fácil imaginarse que el contexto de la gestante subrogada es de extrema necesidad, como puede ocurrir. Estoy seguro de que existe explotación y que debe mostrarse y perseguirse.

Pero si estamos un entorno de igualdad de oportunidades y hay una decisión voluntaria que no está marcada por una carencia ni un abuso de las condiciones de vida de la mujer, donde además hay un soporte médico, psicológico y una protección legal y social para todas las partes, me parece que es absolutamente válido.

Tal como creo en el ejercicio del derecho de la mujer hacia el aborto, creo en el derecho de ofrecer su cuerpo para dar vida y ayudar a la formación de otras familias, con una remuneración justa en reemplazo de su tiempo de trabajo.

¿La compensación económica te parece legítima y necesaria?

Me parece legítima y no lo habría hecho si no lo pensara así. No habría tenido a mis hijos si considerara que ha habido aprovechamiento. Existen condiciones y garantías que yo revisé muy bien en la agencia, en la clínica y que además conversé mucho con Megan antes de proceder. Tengo una relación muy cercana con ella, más aún ahora, después de los nueve meses.

Derechos de autor de la imagen Planeta
Image caption "Yo soy tu padre" de Ricardo Morán es "un libro para comprender que al final todo empieza con el amor", dice la descripción.

Estoy muy consciente y seguro de su convicción y de la protección que tuvo de parte de su marido, de su familia, que la han acompañado; de la asesoría psicológica y la supervisión de los doctores, del cuidado de mi parte y de mi familia, puedo dar fe de que no ha ocurrido ninguna situación de desprotección.

¿Dirías que salió indemne de la experiencia?

Diría que ella salió indemne, pero no deja de ser fuerte para una mujer, por eso es bien importante que no sea su primer embarazo. Es una condición obligatoria que haya sido madre antes.

Es un estado con altibajos emocionales, pero los problemas o los días difíciles no han tenido que ver con la subrogacía, sino con los cambios hormonales y con los temas psicológicos de cualquier embarazo. Además es una chica pequeña y estaba gestando mellizos, físicamente también fue fuerte para ella.

Hasta ahora seguimos en contacto, estoy al tanto de lo que pasa en sus vidas. Se volvieron una familia subrogada.

¿Cómo fueron construyendo Megan y tú esa relación para la que no hay modelos?

Es un proceso muy vanguardista en nuestro universo, aunque en Estados Unidos tiene varias décadas. Es una situación de familia moderna y constantemente nos pedíamos permiso, para ver cómo nos sentíamos cómodos los dos y nuestras familias.

Una pregunta importante que ella me hizo fue: "¿Quieres que los bebés nazcan y nosotros salgamos por la puerta trasera del hospital y no los veamos más?". Yo le dije que no, de ninguna manera: quiero que sigan formando parte de este equipo.

¿Pensabas en cómo se lo ibas a contar a tus hijos? ¿Ya sabías que ibas a escribirlo en un libro?

Empecé haciéndoles unos videos y sentí que no era suficiente. Sentí que escribir el libro era una forma de darles un escudo, una almohada.

Niño en concierto sobre los hombros del padre.
Getty
Si sienten en algún momento que les falta alegría o les falta amor de alguna naturaleza, sepan que todo el amor del mundo fue el motivo de su nacimiento, la razón de su creación"

Podrán saber qué es lo que pasaba por la cabeza de su papá. Podrán decir: "Cuando nacimos nos quería demasiado, siempre nos había querido, su corazón estaba en el lugar correcto. Esto no fue un accidente, no fue un azar del destino, no fue un capricho. Pasó por muchas décadas de quererlo y de planearlo".

Sabrán que fueron niños convocados a este mundo, amados antes de que nacieran. Y si sienten en algún momento que les falta alegría o les falta amor de alguna naturaleza, sepan que todo el amor del mundo fue el motivo de su nacimiento, la razón de su creación y que eso les sirva de consuelo y de refugio, si es que no estoy yo para decírselo.

Hay un en episodio en el libro donde tus amigos más cercanos te previenen de una sociedad que aún no acepta con naturalidad a las familias diversas. ¿Cómo lo vas a enfrentar?

La respuesta más sencilla es día a día. No tengo grandes soluciones para los problemas que aparezcan en el futuro.

Debo tener cuidado en el sentido de criarlos en un entorno que los proteja, pero que no les impida tener sus propias herramientas, porque podría estar creando una burbuja de sobreprotección, un mundo irreal.

Tengo que descubrir hasta dónde voy a cuidar y cuándo voy a decir: "Chicos, ustedes forman parte de una familia diversa: algunas personas nos quieren mucho y otras no tanto. Hay que saberlo, enfrentarlo y no hacerse tanto problema por eso".

Yo soy activista pero mis hijos no lo son, aunque mi paternidad atraviesa mi activismo, ellos tendrán que decidir cuál es su camino. Voy a seguir luchando porque familias como la mía no vean su vida limitada por opiniones que no son médicas ni científicas ni razonables ni legales y ojalá mis hijos encuentren ahí un ejemplo para sus propias batallas.

Catalina es una mujer en un país muy machista, que tiene acoso callejero, que tiene brecha laboral, qué se yo. Van a tener obstáculos y deben saber sobrellevarlos.

Cuando tus hijos nacieron, los pusieron inmediatamente en tu pecho, cosa que generalmente le ocurre a la madre. ¿Qué recuerdas de ese primer contacto?

Miro las fotos y trato de adivinar qué estaba pensando. Me veo caminando de un lado a otro, frotándome las manos, hablándole a los bebés y pregúntame qué les estaba diciendo. No tengo idea. Es uno de esos casos en que la emoción me embargó de tal forma que perdí el control de mis acciones.

Y cuando los abrazo y los tengo sobre mi pecho, lo más importante es que no reconozco mi rostro, veo mi expresión y me pregunto: "¿Quién es esa persona?". Tengo cara de estar absolutamente sobrecogido, a punto de estallar de algo, como pidiendo clemencia.

Sencillamente sé que el vínculo existe, que era lo correcto, que encajaban perfectamente en cada pliegue de mi cuerpo y yo en cada pliegue de ellos, que no tenía que hacer ningún esfuerzo para sostenerlos y que era profundamente vulnerable, tenía el corazón completamente abierto.

La cara que ves ahí es mi verdadera cara, no la que le pongo la prensa o la que le pongo a la televisión, es una cara que nunca me he visto antes y nunca después. Es una cara de estúpido, carajo.

Esta entrevista es parte de la versión digital del Hay Festival Arequipa 2019, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad peruana del 7 al 10 de noviembre.

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