El desafío de la lactancia materna para la periodista de la BBC que cubrió las protestas en Bolivia y Chile

Bebé Isadora con mamá Katy Watson en la televisión detrás de ella
Image caption Cinco meses después de dar a luz a su hija, Isadora, Katy Watson cubrió algunos de los eventos más turbulentos de Sudamérica. Aquí explica cómo logró mantener la lactancia de su hija.

Hay una palabra que resume mi primer mes de trabajo tras haber regresado de mi licencia de maternidad: intenso.

Di a luz a mi pequeña, Isadora, en mayo y decidí regresar a mi puesto en octubre, para cubrir lo que se esperaba sería un momento interesante en la región que cubro.

Elecciones presidenciales en Bolivia y Argentina, protestas en toda la región y la destrucción de la Amazonía, así como las controversias respecto al liderazgo de Jair Bolsonaro en Brasil.

Estaba entusiasmada de volver y mi pareja se estaba preparando para comenzar sus deberes paternales, como parte de una licencia parental compartida de cinco meses.

Había un solo problema: yo volvería a trabajar, pero seguiría siendo el principal suministro de alimentos de Isadora. Eso hizo que mi trabajo fuera un poco más intenso, por decir lo menos.

Cuando tuve a mi primer hijo, hace tres años, le di de amamantar todo el tiempo que pude. Ocho meses en total. Pero luego me enviaron a Venezuela por dos semanas.

Cuando regresé, él me miró a mí -y a mis senos- con curiosidad, como diciendo: "Gracias, pero no gracias, de ahora en adelante me quedaré con la mamadera".

Image caption Watson produjo docenas de bolsas de leche materna durante su ausencia de dos semanas.

Estaba un poco triste, pero pensé: oye, él está feliz y la ventaja es que ya no tengo que dividirme en dos.

Bombear leche me parecía incómodo. No hay muchas madres jóvenes haciendo lo que hago yo y creo que no quería complicar las cosas ni para mí ni para mi equipo mientras intentaba volver al trabajo.

Después de todo, lo más importante es que el bebé esté bien alimentado, aunque no sea leche materna, así que dejé de extraer mi leche y empezamos a usar fórmula para bebés.

Esta vez, sin embargo, estoy decidida a seguir amamantando el mayor tiempo posible.

Adoro alimentar a mi bebé y después de regresar de un largo viaje no hay nada mejor que volver a conectar a través de la lactancia y la cercanía que genera.

Entonces planeé con anticipación. Comencé a guardar leche un mes después de haber dado a luz, lo que me permitió volver de mi licencia de maternidad con un suministro de 16 días, en caso de que tuviera que viajar.

Y, efectivamente, dos días después de volver volé a Bolivia para cubrir las elecciones.

Mientras mi bebé se toma lo que está almacenado en el congelador tengo que bombear para reponer los suministros. ¡Y es una gran cantidad!

Debo extraerme leche cada tres horas para mantener mi suministro. No tengo un trabajo de oficina donde pueda enchufar una bomba y sentarme en un escritorio.

Image caption Arriba se ve el equipo de trabajo que usa Watson para grabar sus entrevistas. Abajo, todos los aparatos que necesita para extraerse leche para su hija.

Entonces me di cuenta de que si no lo hacía en público, no iba a poder cumplir con mi objetivo.

Además, me niego a pasar media hora cada tres horas sentada en un baño público sucio. Esta es la comida de mi bebé que estoy produciendo, después de todo.

Así que hice algunos grandes descubrimientos en los últimos tiempos: primero, que mi poncho argentino funciona como un genial cubre-bombeo.

Segundo, que un motor de avión proporciona un excelente ruido blanco que me permite extraer leche felizmente sin que nadie escuche el ronroneo mecánico de la bomba.

Y también descubrí que debo declarar la leche materna en la aduana porque técnicamente se considera un producto animal; las autoridades chilenas se enojaron cuando casi pasé de contrabando mi oro líquido sin decirles nada.

Sin embargo, las cosas no empezaron muy bien cuando aterricé en La Paz para cubrir las elecciones.

A las pocas horas de llegar, estaba en la cama con un terrible mal de altura. Creo que el punto más bajo fue cuando me desplomé al lado del inodoro, vomitando, con el extractor de leche aún conectado, ¡todo para mantener el suministro para mi bebé!

¿Qué hacer con toda la leche que estaba produciendo? Extrayendo 30 onzas (un poco menos de un litro) al día, el almacenamiento se convertía en un problema.

Por lo general, comenzaba con un minibar (fuera bebidas gaseosas y chocolate para sobrevivir esas ediciones nocturnas, esta nevera está llena de leche ahora) y luego me hacía amiga del personal de la recepción y los chefs para almacenar el exceso y congelar las bolsas de leche en la cocina del hotel.

Algunos parecían un poco asqueados, pero hasta ahora he encontrado que todos en mis viajes me ayudaron.

Mi equipo tampoco se inmuta ya cuando me pongo el poncho y bombeo en el auto o en un restaurante, o incluso, como lo hice el otro día, en el baño del palacio presidencial mientras me preparaba para entrevistar al líder de Chile, Sebastián Piñera.

A menudo no hay otra opción cuando debes enviar tu material con poco tiempo de sobra. Pero también siento fuertemente que se debería normalizar algo que es natural.

Si puedes alimentar a tu bebé en público, también deberías poder extraer leche si está lejos de ti.

Desde cubrir las protestas hasta entrevistar a los presidentes, no siempre es fácil cumplir con mi horario de bombeo cada tres horas. Pero tengo alarmas regulares en mi teléfono que dicen "bombea": actúan como disparadores de la culpa.

Si me salto demasiados, mi suministro podría caer. Aparte del hecho de que tu cuerpo te pide a gritos que lo alivies si no lo haces con regularidad.

Pero hubo algunas ocasiones en las que la alarma se activó cuando estaba a punto de hacer una entrevista. Mi equipo ahora grita "¡BOMBEA!" cada vez que lo escuchan.

Image caption Watson bombeando leche en un baño del palacio presidencial de Chile, mientras leía el guión de una nota que estaba produciendo.

La combinación de trabajar hasta altas horas más las alarmas que te despiertan en medio de la noche para bombear puede ser brutal.

Y como dice el refrán: se necesita una aldea para criar a un niño. Mis colegas, el personal de los hoteles y los funcionarios de los aeropuertos han sido geniales.

Al igual que mi pareja, que una vez trajo a toda la familia hasta un aeropuerto al que había aterrizado y desde donde volvería a partir a un nuevo destino dos horas más tarde.

Todo para que pudiera amamantar a mi bebé y descargar 28 bolsas de leche para llevarlas al congelador de mi casa, dejándome lista para volver a subir a otro avión para ir a cubrir una nueva noticia, extractor en mano.

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