La escuela de boxeo que nació de un desalojo y ahora asombra a Ecuador

Jecson "el Destructor" Preciado en su escuela de boxeo Derechos de autor de la imagen Matias Zibell
Image caption Jecson "el Destructor" Preciado en su escuela de boxeo en Isla Trinitaria.

Aunque el boxeador ecuatoriano Jecson "el Destructor" Preciado no lo sepa, los versos de un poema escrito en el siglo XVI en Inglaterra, muy lejos de su Esmeraldas natal, le quedan tan bien como sus guantes de box.

Fue en ese entonces que el poeta inglés John Donne dijo que "ningún hombre es una isla entera por sí mismo".

Aunque "el Destructor" no es cualquier hombre y la isla donde vive no es cualquier isla.

Jecson vive y enseña su oficio en la Isla Trinitaria, una de las zonas de mayor pobreza y marginalidad de Guayaquil, habitada en su mayoría por ecuatorianos afrodescendientes.

En su escuela, los pupilos entrenan en sandalias o descalzos.

Pero eso no evitó que el año pasado sus seis representantes regresaran con medallas de los Juegos Nacionales para Menores.

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Image caption Este año la escuela de Preciado ha ubicado aproximadamente diez representantes en los juegos nacionales.

"Vivir en La Trinitaria es como vivir en un pueblo de valientes. Ahí uno ve la droga, la delincuencia", explica Preciado.

"Yo trato de que los niños no lleguen a esto. Mi sueño es tener un muchacho mío en unas Olimpíadas o peleando un día en Las Vegas", cuenta.

El éxito obtenido por sus pupilos en la competición nacional convenció al cineasta ecuatoriano Ernesto Yitux a filmar "Siguiente Round", un documental basado en el trabajo de "el Destructor".

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Image caption Las casas de la Trinitaria a la orilla del estero del Salado.

"La Isla Trinitaria y, sobre todo, cooperativas como Mélida Toral, son barrios sumamente hostiles, con muchas necesidades. No dejarse vencer por ese ambiente es algo de rescatar", opina Yitux.

Pero el cineasta no llegó a la Trinitaria por el boxeador. Su primera incursión por este territorio se debió a una historia más trágica y menos inspiradora.

El desalojo

Yitux fue invitado con otros periodistas y fotógrafos por el Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos (CDH), una organización no gubernamental, para dirigir una campaña en contra de los desalojos que se llevaron a cabo en el norte de la isla.

El 27 de marzo de 2015, recuerda la arquitecta Patricia Sánchez, experta en Estudios Urbanos, cerca de 200 policías entraron a la cooperativa Mélida Toral para desalojar más de 40 viviendas.

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Image caption Los desalojos en Isla Trinitaria fueron los que inspiraron a Jecson a abrir su escuela de boxeo.

Sus moradores no sólo estaban acusados de invadir tierras, sino también de rellenar el manglar, lo que equivale a atentar contra una reserva natural.

"Las familias del sector habían sido visitadas por personal de la Secretaría de Asentamientos Irregulares con notificaciones para abandonar pacíficamente sus casas¨, explica Sánchez.

Y cuando llegué al sector la mañana del 27 el cuadro era desolador: bulldozers derribando humildes viviendas de caña ante la mirada perdida de sus propietarios", rememora.

La casa de Jecson se salvó de ser derrumbada, pero él se sintió un damnificado más.

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Image caption "Después de un entrenamiento yo querría darles un lunch, tomarse un vaso de leche, alguna pastilla de vitaminas, para que se sientan grandes y felices".

"Yo lloré mucho porque vi a los niños cómo gritaban, lloraban", le contó el boxeador a BBC Mundo.

"Como me ve, yo vivo en la tierra, en casa de caña, pero no pido nada para mí, yo solo pido ayuda para mis niños", dijo.

Y tras la experiencia del desalojo fue que nació su idea de entrenar a los jóvenes de la isla en el boxeo.

El proyecto comenzó con dos niños y hoy tiene 54 alumnos más el apoyo del Ministerio de Deporte del Ecuador.

"Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo", escribe Donne en su poema. Y la pelea de Jecson se libra en un ring que vas más allá de su isla.

Ciudad de oportunidades

Según Billy Navarrete, secretario ejecutivo del CDH, con sus más de tres millones de habitantes Guayaquil no sólo es la ciudad más poblada del Ecuador, sino también la de mayor nivel de desigualdad social.

"Es considerada la capital económica del país, desde siempre tiene imagen de ciudad de oportunidades y ha generado fuertes corrientes migratorias que se asientan donde han podido", le dice a BBC Mundo.

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Image caption Guayaquil es la ciudad más grande y más desigual de Ecuador.

José Núñez Christiansen, asesor de la Dirección de Urbanismo, Avalúos y Ordenamiento Territorial del gobierno municipal, le pone cifras a estas corrientes.

"A Guayaquil y al Gran Guayaquil llega al año un promedio de 5.000 familias jóvenes provenientes de todo el país, ocupando informalmente un promedio de 140 hectáreas, siendo explotados por traficantes de tierras, pseudodirigentes comunitarios y hasta terratenientes", dice.

Y Navarrete añade que la Isla Trinitaria es un sector de ocupación relativamente reciente, que acogió fuerte migración interna afro proveniente de Esmeraldas, una provincia del Ecuador con fuertes vínculos con los departamentos de la costa del Pacífico colombiano, especialmente Nariño y el Valle del Cauca.

Según fuentes oficiales citadas por el entrevistado, la zona costera del Ecuador concentra el 45.6% de todos los afroecuatorianos del país.

Y Guayas, la provincia donde se encuentra Guayaquil, alberga cerca del 35.9% de toda la población afrodescendiente en el Ecuador.

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Image caption En Isla Trinitaria, así como en la escuela de Jecson, la mayoría tiene orígenes africanos

Inés Campaz, una líder comunitaria en Trinitaria que llegó de Esmeraldas hace 16 años, dice a BBC Mundo que la percepción de los guayaquileños de la gente de Trinitaria "es terrible" y asegura que existe mucho de racismo en esta apreciación.

Para Campaz es necesario trabajar para cambiar esa imagen aunque admite que la violencia es una realidad en la isla.

"Las bandas delincuenciales se pelean territorio por el tráfico de drogas. Han muerto los caporales pero están los renacientes que vienen y están haciendo la misma tontería", cuenta.

Por eso Jecson no quiere a sus pupilos vagando sin rumbo: "Si terminamos de entrenar y salgo y los veo por ahí, les doy una palmada y los mando para su casa, no me gusta que anden por la calle", dice.

El hogar

"El Destructor" conoce la calle: en su Esmeraldas natal, se fue de su casa a los ocho años. Aprendió a boxear en Quito y luego terminó en Guayaquil. Aquí nació su pasión por enseñar.

"Es un sobreviviente", dice Patricia Sánchez y añade: "Los chicos del barrio, que no tienen nada que hacer, se engancharon rápido con la propuesta. Él es pura convicción. No creo que salgan 'grandes figuras', pero el solo hecho de alejarlos de las drogas es bastante".

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Image caption Al "profe" no le gusta que sus pupilos estén vagando por las calles.

"El profe es buen dato, enseña bien", dice Tamara, una de sus pupilas y admite que a todos les ha cambiado la práctica del boxeo.

"Nos da madurez. Si no fuera por el box estaríamos en la calle tirando piedras".

A su lado, David, compañero de ring, coincide: "Si no fuéramos a la escuela estaríamos haciendo nada, vagando".

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Image caption Las mujeres entrenan tan duro como los hombres en la escuela de Preciado.

"El Destructor" habla con ellos y con sus padres con la misma convicción con que da indicaciones en la esquina del cuadrilátero. Trata de que sus niños no sean maltratados, ni en el ring ni en sus casas.

Por experiencia personal cree que lo peor que le puede pasar a uno de sus pupilos es quedarse sin hogar.

"Cuando yo los veo desorientados les digo que nunca van a estar mejor que en su propia casa, tienen un techo, tienen comida ,porque yo viví en la calle", cuenta.

"Yo tengo que contarle a ellos para que no vayan a pasar lo que yo pasé, porque la calle es triste", dice.

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Image caption "Cuando los chicos volvieron con medallas, lloraban ellos y lloraba yo también: Imagínese la emoción, yo coger niños tirando piedras al Salado, caminando por las calles, pulirlos y mírese ahora quiénes son".

"Me encuentro unido a toda la humanidad", escribió Donne para decir que ni él ni nadie eran una isla.

Y en el caso de Jecson, su pupilos, los niños y jóvenes de la Trinitaria, son su humanidad.

Por eso, cinco siglos después, el poema escrito en una isla lejana le calza tan bien en su Trinitaria como los guantes.

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